Juan Carlos Girauta-El Debate
  • En el universo alternativo de Zapatero, él es un luchador por los derechos humanos que ha consagrado su vida a hacer el bien y la justicia con un altruismo admirable. No un cómplice de asesinos de masas callejeros y de torturadores repugnantes; no un comisionista de negocios de sangre

El bachiller López vive en un mundo alternativo donde las masas ocupan las calles al grito de «Yo con Begoña». La especulación científica de los universos paralelos goza de buena reputación por razones varias. En primer lugar, dan juego en el terreno de la literatura, la vulgar y la buena. Así Bioy Casares en La trama celeste y el mundo al que se accede tras el extraño movimiento de un avión, donde no hay pelirrojos ni Cartago fue destruida. Las series vuelven una y otra vez a ese inagotable caladero de espectadores. La posibilidad de mundos paralelos –en general infinitos– nos atrae. Creo que aplacan frustraciones: hay otro universo donde este acabó la carrera de Medicina y tuvo una reconocida consulta; otro donde ese sí invirtió en la empresa que montaron sus amigos, hoy ricos; otro donde aquel no dejó a su novia, con la que sigue soñando todos los días. Al ser infinitos, hay otro donde los rojos ganaron la Guerra Civil española. Por ahí ya nos vamos acercando al bachiller López, en cuyo mundo alternativo no aparecen la Segunda República ni la Guerra Civil porque no los vio en el bachillerato, pero sí aparece una España a la medida del PSOE de 2026.

Esa medida es muy exigente, pues en el mundo real, el único existente, el PSOE ya es solo una red cloacal, un entramado séptico cuyos jefes viven acorralados por la Justicia y, en vez de apechugar con las consecuencias de sus actos, prefieren organizar un pucherazo fabricando millones de nuevos españoles cuyo voto ellos distribuirán por las provincias adecuadas. Un golpe de Estado salvaje, pero disimulado. Incluso su admirado Nicolás Maduro, el sanguinario gorila que habita una jaula neoyorquina, colocaba a sus sucesivos golpes un disfraz de elecciones libres. Todos sabían que el recuento era una filfa, una burla cruel, una tomadura de pelo, pero aquel mínimo ropaje democrático permitía que Zapatero, sin ir más lejos, guardara silencio en los pucherazos, sin despertar la náusea inmediata de las audiencias. (La náusea llegaba al final, pero Zapatero ya se había ido).

Palabras textuales del coleccionista de joyas: «Sé muy bien el papel que puedo y que debo hacer. No me podía pronunciar ni me pronuncio sobre esas elecciones. Ya sé lo que eso me supone, pero también sé que eso me permite hacer seguramente lo más importante que puedo hacer en este momento de mi vida, que es ayudar a la defensa de los derechos humanos». En efecto, en el universo alternativo de Zapatero, él es un luchador por los derechos humanos que ha consagrado su vida a hacer el bien y la justicia con un altruismo admirable. No un cómplice de asesinos de masas callejeros y de torturadores repugnantes; no un comisionista de negocios de sangre; no un ignorante engolado y solemne cuyas maneras pretenden esconder a un codicioso patológico; no un loco que juega a desnudarse ante el espejo mientras se llena de joyas y dice: soy Moctezuma.