Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Al margen de oponerse o no a Trump, Sánchez ha hecho que España pierda el peso que con mucho esfuerzo ha ganado a lo largo de décadas en Europa. Y, de hecho, todo el mundo sabe que teníamos una pareja de baile fija: Polonia

El Debate publicaba ayer un extenso resumen de Prensa internacional que demuestra la decadencia de la imagen internacional de Pedro Sánchez. En Moncloa han estado mal acostumbrados porque durante años han contado con un grupo de medios internacionales que se convirtieron en un verdadero escudo. Pero esa cobertura ha desaparecido. Ahora descubren que los medios que antaño se pasaban la vida haciéndoles la rosca, son hogaño los más críticos. Y eso suele tener consecuencias.

Si a la imagen de corrupción que se da fuera de nuestras fronteras sumamos las posiciones políticas de nuestro país en la esfera internacional y la incapacidad de Napoleonchu para defender las posiciones del iluminado de Sánchez el resultado no puede ser más catastrófico. El pasado miércoles 24 de junio, el canciller federal alemán, Friedrich Merz, reunió en Berlín a los jefes de Estado y de Gobierno del denominado E5: el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron; el primer ministro saliente del Reino Unido, Keir Starmer; la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni; y el primer ministro de Polonia, Donald Tusk. La cita tenía un triple objetivo: preparar la cumbre de la OTAN prevista para los días 7 y 8 de julio en Ankara, articular las garantías de seguridad a Ucrania y diseñar el refuerzo del pilar europeo de la Alianza. Todo ello en un momento de marcada desafección entre Washington y sus aliados europeos. ¿Lo adivinan? España no fue invitada. Su nombre no figura tampoco en el comunicado final. Y eso después de que Pedro Sánchez haya intentado llevar la bandera de la oposición internacional a Donald Trump. ¿Será que se ha pasado de rosca?

Al margen de oponerse o no a Trump, Sánchez ha hecho que España pierda el peso que con mucho esfuerzo ha ganado a lo largo de décadas en Europa. Y, de hecho, todo el mundo sabe que teníamos una pareja de baile fija: Polonia. España y Polonia son dos países de peso similar y a todo se nos convocaba juntos o no iba ninguno de los dos. Eso ya se acabó. Las políticas de este Gobierno han llevado a que Polonia baile sola. Y tienen, no lo olvidemos, un primer ministro del Partido Popular Europeo.

Y Napoleonchu, pobrecito, perdido en el escenario. Porque el problema español ha dejado de ser de mera irrelevancia para convertirse en algo más grave: generamos una percepción de no fiabilidad. España ya no aporta lo que le corresponde en gastos de defensa y eso tiene muy difícil sostén cuando te sientas con tus aliados.

Yo no sé a qué se dedica Napoleonchu. Pero sí veo –y nadie puede discutirlo– que España no estuvo en la reunión de Berlín y no parece que fuese por un desaire puntual, sino el síntoma consolidado de una enfermedad diagnosticada hace tiempo. Cuando los cinco grandes de Europa en términos de gasto militar se reúnen para decidir el porvenir de la seguridad continental y España no figura, ni está, ni se le espera, no estamos hablando de pérdida de peso sino de pérdida de credibilidad como aliado. Y eso es mucho más grave. El peso se puede recuperar volviendo a invertir más. La credibilidad que se evapora no vuelve con facilidad.

Lo que se nos ha dicho en Berlín es que no se cuenta con nosotros. Yo no sé qué esfuerzo han hecho Sánchez y Napoleonchu por tener a España sentada en la mesa de Berlín. Lo que nos queda claro es que están condenando a España al ocaso durante una generación. A ver quién es el guapo que puede reclamar después y a quién.