Miquel Giménez-Vozpópuli
- Sánchez quiere que seamos regidos por gentes ajenas, todo, menos que el pueblo español ejerciendo su plena soberanía pueda decidir
Ya no se trata de especulaciones acerca del carácter totalitario de este gobierno. Estamos hablando del proceso iniciado para incluir en el censo a miles de personas que, viviendo en el extranjero y sin derecho legal al voto, podrán incorporarse a la masa electoral merced a la malhadada ”Ley de Nietos” sanchista saltándose a la torera las disposiciones de la UE, con el mayor pucherazo en la historia de nuestro país. Cientos de miles de nuevos electores reclutados a través de los consulados de Venezuela, Méjico, Cuba, Argentina y otros países obtendrán el derecho de voto en las próximas elecciones generales. Sánchez ha llegado a la conclusión de que, si sus compatriotas no le votan, lo mejor es conseguir un voto mercenario.
A este punto hemos llegado y es sorprendente como el principal partido de la oposición no dice demasiado acerca del tema. De hecho, la iniciativa la llevan las organizaciones Iustitia Europa y Hazte Oír, que han conseguido llevar a Bruselas la preocupación y el aviso de lo que sería un hecho que acabaría por perjudicar al conjunto de toda Europa. También VOX ha manifestado su total oposición a esta barbaridad antidemocrática de la misma manera que, apartándose de la línea oficial de su partido, la presidenta Ayuso ha expresado firmemente que esta maniobra obedece a la voluntad manifiesta del gobierno de querer cambiar el censo electoral. Así, las embajadas y consulados habrían recibido instrucciones de agilizar esta leva de nuevos votantes Hasta aquí podíamos llegar, señores.
Odia a los españoles
Es un fraude de ley que por el hecho de ser el bisnieto o el tataranieto de un español tengas, por la cara, derecho a votar en unas elecciones que se circunscriben al territorio nacional. Regalar esa potestad sin estar empadronado en España, sin tener la nacionalidad española, ni el pasaporte ni nada más que un vínculo familiar lejano es la barbaridad jurídica más enorme que pueda concebirse y conculca todos los principios del estado de derecho. Puestas así las cosas, y habida cuenta que España tuvo un imperio que abarcaba el mundo entero, al final podrían decidir el destino de nuestra nación personas que viviesen en Filipinas o en Maastricht aunque no tuvieran nada que ver con nosotros. Esto demuestra, para quienes lo dudaban, que Sánchez odia España, odia a los españoles y no tan solo desea vernos desmembrados como nación, cultura y lengua; ahora, además, quiere que seamos regidos por gentes ajenas, todo, menos que el pueblo español ejerciendo su plena soberanía pueda decidir. Porque sabe que no le votarían. Porque sabe que es un maldito en su tierra. Porque sabe que tiene que rendir cuentas y la gente no olvida. Dejando a un lado a los que viven del cuento, a los fanáticos y a los sicarios mundialistas, los españoles estamos hartos de Sánchez. Por eso quiere comprar votos en otros lugares. Más miserable, cobarde y caer más bajo es imposible.