Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • Este desprecio a la democracia y a la inteligencia nunca lo habíamos visto

Lo ocurrido la semana pasada en el Congreso de los Diputados tras la aprobación por parte de la oposición de una moción que instaba a Sánchez a someterse a una cuestión de confianza dio cuenta y nos mostró gráficamente el tipo de gente que rodea a Pedro Sánchez y que, sorprendentemente, todavía ocupa la Moncloa; casi siempre una imagen vale más que mil palabras, especialmente cuando todo ya se ha dicho y la imagen retrata crudamente a los personajes: diputados que, en lugar de trabajar por el interés general, se ríen de la gente.

Sánchez y su cohorte de lacayos respondieron con carcajadas, aplausos y mofas a una iniciativa de la oposición que logró el apoyo de la mayoría del Congreso de los Diputados para pedirle al presidente que compruebe los apoyos con los que cuenta a través de una cuestión de confianza. Su respuesta muestra el nivel barriobajero de los supuestos gobernantes que ya no gobiernan y su desprecio no sólo a la institución que representa, junto al Senado, la soberanía nacional, lo cual no es poca cosa, sino a la propia democracia. Su respuesta en forma de risotadas y chanzas no es para tomárnosla a risa ni banalizarla y ni siquiera para tener presente su desprecio a los procedimientos democráticos que llevamos padeciendo unos cuantos años sino un aviso a navegantes de cara al futuro: esta gente, si se les deja, y creo que van a intentarlo, van a tratar de mantener a su líder supremo en Moncloa de la forma que sea (otra cosa es que sean lo suficientemente hábiles, cosa que no lo parecen), y van a intentarlo por sectarismo enfermizo pero también por propia conveniencia: si a los hechos nos remitimos, concluimos que a lo único a lo que pueden aspirar es a vivir de la sopa boba y a costa de todos, o sea que, fuera de la institución y del PSOE, no tendrían dónde caerse muertos.

Frenar a la derecha como sea

El resto de ciudadanos debemos ganarnos las habichuelas con nuestro trabajo mientras que la principal dedicación de esta gente es resistir y resistirse a lo que ya una mayoría de españoles les está pidiendo: que Sánchez asuma sus responsabilidades políticas por la corrupción, dimita y convoque elecciones. Las risas y los aplausos son la representación gráfica de para lo que han quedado este Gobierno y los lacayos que lo defienden dócilmente en el Congreso de los Diputados: para, independiente de a quién votemos si votamos e incluso si les hubiéramos votado a ellos, reírse de nosotros. Y a ninguno nos gusta que se rían de nosotros, mucho menos si los que se ríen se supone que nos representan y viven de nuestros impuestos.

Son muchas cosas; tantas, que es imposible recordarlas todas. Ya la semana anterior la Mesa y la presidenta Francina Armengol, sucursal de Ferraz en el Congreso, vetaron una iniciativa para exigir a Sánchez su dimisión, el adelanto electoral o que se someta a una cuestión de confianza; son tan demócratas y tan cobardes que negaron a los representantes legítimos de los españoles la posibilidad de expresarse en la institución donde precisamente deben hacerlo, otro atropello democrático que da pistas de cómo pueden llegar a comportarse, cuando las urnas hablen, haya que contar los votos y no tengan suficientes; en parte nos lo vienen adelantando: hay que parar a la derecha aunque los ciudadanos libremente la voten, para lo cual valen casi todos los medios imaginables, porque al fin y al cabo se trata de salvar, según ellos, la democracia, y ellos son en sí mismos la democracia.

Otro momento que pasará a los anales de las vergüenzas públicas y privadas es aquel en el que Patxi López se golpea su pecho para, mirando a Pedro Sánchez, afirmar entre gritos que él está con Begoña Gómez. Para esto ha quedado Patxi López, aquel que fuera lehendakari gracias al PP. En lugar de reivindicar la presunción de inocencia pero respetar en todo caso la acción de la Justicia, prefieren, como ya hicieron antes ante las imputaciones del Fiscal General del Estado, Cerdán, Koldo o Ábalos y ahora con Zapatero, atacar a periodistas, jueces y fiscales y al conjunto de la extrema derecha, que somos todos los que no estamos con ellos; y no sólo eso sino que, ya puestos, cual mafia siciliana, decidieron actuar desde las cloacas para desbaratar los procesos judiciales y propiciar la impunidad de sus delincuentes.

Un peligro público

Y esto en sólo unos días, para desembocar al final de la semana en un Comité Federal que sólo puede darnos vergüenza ajena: este órgano del PSOE, plagado de mansos y leales servidores a Pedro Sánchez y sin otro objetivo que su permanencia en la Moncloa digan lo que digan los españoles, no puede considerarse ya un órgano democrático de un partido donde se debate sino una reunión de conmilitones que sólo sirve para defender lo indefendible e insultar a la inteligencia. Este Comité Federal ni siquiera analizó sus lamentables resultados electorales cosechados en Extremadura, Castilla y León, Aragón o Andalucía sino que decidió convertirse, prietas las filas, en una loa al líder supremo que los tiene obnubilados y ciegos. Así que todos le ríen las gracias al jefe, diga lo que diga y haga lo que haga, salvo el digno Page, cada día más solo ante tanto integrismo intelectual y tanta vileza. Lo venimos diciendo años: uno puede ser de izquierdas, de derechas o mediopensionista y todas las ideas democráticas son respetables, pero este desprecio a la democracia y a la inteligencia nunca lo habíamos visto. Sánchez no es sólo el peor presidente de la democracia sino un auténtico peligro público.

No sólo no se achantan ante sus propias corruptelas y sus fracasos electorales sino que sacan pecho y prometen continuar adelante, porque se trata, ya lo sabemos, de parar a la derecha, y con esto está dicho todo y para lo cual vale todo. De hecho, cuando se comprometen a gobernar «hasta 2027 y más allá» no es ya un compromiso democrático que asumen o una muestra de resistencia, sino, visto lo visto y cómo se las gastan, una auténtica amenaza para una inmensa mayoría de españoles.