José Alejandro Vara-Vozpópuli
- Santi, el excapataz de Ferraz y jefe de la cloaca, se victimiza en un opúsculo plañidero en el que desliza algunas amenazas
Pedro le llamaba Santi. “Con el PNV solo habla Santi. Santi solo me reporta a mi”. Si Santi le reportaba todo, quiere decir que Pedro todo lo sabía. Que estaba informado de todo. El opúsculo autoexculpatorio de Santos Cerdán, recién colgado en las redes, tiene más de amenaza que de reivindicación. La caída, se titula. ¿Del imperio sanchista? El antiguo capataz de Ferraz se erige en el arquitecto del sanchismo, en el creador de nuevo aparato socialista. Él negoció con Bildu, con el PNV y con Puigdemont para sacar la moción contra Rajoy y la retorcida investidura de su Pedro, que contaba con apenas 84 diputados y menos futuro que el portero de Curazao. Nada de Iván o Rubio. El Sorensen del siglo XXI ha sido Santos Cerdán, ese electricista titulado (como Corcuera o Corcuese, copyright Oneto), cateto y cabezón, de una redondez insípida, que se subió al Peugeot con unas inabarcables ansias de poder. Y de pasta. Ya menudeaba en bellaquerías con su socio Antxon Alonso antes del aterrizaje de Pedro en Moncloa. Un malviviente vocacional.
Una carga de profundidad
Emerge en las redes el panfletillo de La caída al cumplirse el año de su entrada en prisión. Cinco meses pasó entre rejas y seguramente vengan más. Su cuentito es un desarbolado rosario de reproches, una letanía de aspavientos de damisela ultrajada. Una carga de profundidad sin dinamita, un misil de pacotilla. Ni una revelación sorprendente, ni un guantazo bien dado, ni un cotilleo malvado, ni un testimonio tóxico, ni un comentario ácido. Santi no es más que un zoquete palurdo que se encaramó a un proyecto delictivo impulsado por el yerno de Sabiniano y compartido por un putero bienhablado y el portero de un burdel. El escribidor quejumbroso ni siquiera consuma el bendito goce de la venganza. ¿Entonces, para qué estos noventa folios aventados en mitad del pútrido temporal que arrasa al que fuera su partido? Del que, por cierto, proclama que él se fue y nadie le echó. ¿Y a quién le importa, capullo? Un rapto de vanagloria personal que redondea el perfil del suplicante. Cuánta injusticia con este Calimero de Milagro, este navarrico obtuso de inconfesable ambición y ávido bolsillo que perseguía las chistorras como un sabueso insaciable. “Abandonado, vapuleado y solo”, gimotea melindroso.
La amnistía como éxito
Ni rastro de ‘la Paqui’ en el libreto, con el juego que habría dado para un guion a lo Ozores, con Florinda Chico en su papel de estrafalaria urraca, con su abrasada tarjeta de El Corte Inglés, sus comilonas en restaurante bien, sus antojos de vecindona con ínfulas, su divertido mal genio, sus carcajeantes aspavientos. Tampoco aparece Leire, su gran aportación a la ciencia política, que pasó de Correos a Enusa, con enchufes de primera y salarios rumbosos en las empresas públicas, y de ahí a la cloaca de Moncloa –Antonio Hernando, gran muñidor- sita en Ferraz, para salvar a Begoña del accionar de la Justicia.
Ahí llegó el derrumbe. Demasiado tiempo dedicado a la rapiña sin un sobresalto en tribunales, demasiada actividad gangsteril sin contratiempos. Demasiada suerte en el saqueo. Cerdán estaba en todo. En el fichaje del plantígrado Koldo, condenado ahora a 19 años, en las incontables mordidas, en las adjudicaciones tramposas, en el saqueo mediante la Sepi y su colega Fernández (ojito MJ Montero, la enamorada), en la operación ‘salvemos a Begoña’, y en otras cuantas operaciones que se irán desvelando. Su gestión más exitosa fue pactar la amnistía con Puigdemont. Aquella foto en Bruselas bajo el cartelón de las urnas de plástico durante el referéndum fake pasó a la historia de la ignominia. Santi se derrite en elogios hacia el forajido de Waterloo, a quien en el PSOE conocen como ‘el loquito’ y quien abrió realmente las puertas de Pedro a la Moncloa.
ZP el contrabandista
Su verdadera obra maestra, también ausente de estas minimemorias, se concreta en la delación de quien fuera su predecesor en la secretaría de Organización del partido. Un puñetazo sin brazo diría Bioy. Santi filtró los excesos lúdicos de Ábalos y Sánchez lo ejecutó. De a poquito. Primero lo echó del Gobierno sin explicaciones. “Tú ya sabes por qué”. Luego lo degradó en el Congreso, hasta el exilio al grupo mixto y finalmente lo expulsó del partido. Se pensaba feliz, imbatible, “súperSantosCerdán”, que cantaba el contrabandista de joyas no ha tanto. Ya ocupaba el cargo soñado, ya tenía las posaderas en el anhelado sillón, ya tenía la gorra de plato del gran mandón.
“La verdad no siempre te libera, pero callar seguro que te condena”, escribe hacia el final de su melancólica tonadilla. Su juicio va para largo, no como el bobo de Ábalos que se atrapó él solito en la sala del Supremo, donde todo se acelera y te condenan en un plisplás. Cerdán quizás disfrute de más de un lustro antes de caer en el talego. Mientras tanto, puede que escriba la segunda parte de La caída. O quizás se caiga del guindo y actúe en consecuencia. Así desliza en la última frase de su nadería: “Conozco la trastienda. Es una advertencia”. Seguro es que volverá a Soto del Real, salvo que se adentre en el sendero de Aldama. Al cabo, quien delató una vez quizás delate de nuevo. “Santi solo me reporta a mi”. Pues ya está.