Antonio R. Naranjo-El Debate
  • Lo temerario no es preguntarse si el gran tenedor de viviendas está engordando el censo, sino quedarse ahí y no llegar hasta el final

Se han indignado mucho el Gobierno y su Ministerio de Propaganda, compuesto por el ente «público», todos los tertulianos cabestros o con cabestrillo que solo aparecen en él por razones obvias bien y algunos «medios de comunicación» que son a la deontología lo que Sánchez a la verdad, por las dudas planteadas por el PP y Vox al respecto del crecimiento artificial del censo decretado por, cómo no, el presidente multipropietario de viviendas junto a la imputada Begoña, viajera misteriosa del Falcon sin registro alguno de la Moncloa.

Les parece una temeridad preguntarse si detrás del proceso de nacionalizaciones en masa y de regularizaciones masivas no habrá un intento de Sánchez de sustituir la falta de votantes autóctonos con votantes importados, algo que sobre el papel ya es de entrada posible: si en poco tiempo se concede el derecho al voto a entre 600.000 y hasta casi 2.5 millones de personas por ser hijos o nietos de exiliados y si, además, una parte del millón largo de regularizados logran la misma posibilidad en comicios municipales y autonómicos por existir convenio de reciprocidad con sus países de origen; solo un necio puede negar su impacto electoral.

Y tampoco parece probable que el sanchismo, que solo es bueno para hacer el mal, le haya dedicado tantas energías al asunto para favorecer a la derecha, que es lo que sostienen sin pudor sus altavoces, recordando que el voto exterior reciente ha favorecido más al PP que al PSOE. ¿Lo han hecho para eso, pues?

Se antoja difícil, amén de falso: una cosa es que los españoles residentes en el extranjero rechacen a Sánchez con la misma intensidad fuera y dentro de España y otra, bien distinta, que lo hagan también quienes han recibido un regalo de Sánchez, el auxilio de los consulados gestionados por Sánchez y la propaganda de las delegaciones socialistas montadas por Sánchez en países como Argentina, cuya capital va a tener más votantes en las próximas generales que La Coruña, Alcalá de Henares, Zamora, Jaén o Gerona.

La cuestión no es si beneficia a unos u otros, aunque es obvio que si es decisión del PSOE se hace para que le rente a él, sino si tiene sentido conceder el mismo estatus electoral a alguien que probablemente no haya estado nunca a España, no conoce casi nada de su realidad cotidiana y desde luego no madruga y se desgasta los riñones para mantenerla.

La concesión sentimental de la nacionalidad a cientos de miles de personas hoy, y quizá a millones mañana si los regularizados del presente inician en cuanto puedan el procedimiento de obtención del DNI nacional, no puede comportar sin más la capacidad de decidir sobre los asuntos más relevantes de un país que quizá lo fue de sus ancestros, pero no es el suyo.

Especialmente entre dudas sobre la calidad del procedimiento, la verificación documental y la custodia del propio voto, ya denunciadas por distintas asociaciones, y con un sistema de adjudicación posterior de la papeleta como poco sospechoso: una circunscripción única para ellos, con un número de escaños limitado, tendría los efectos electorales muy medidos.

Pero un reparto arbitrario y estratégico decidido por el Gobierno, como se sospecha, sí podría hacer bailar escaños en provincias donde se ganan o se pierden por la mínima. Hasta el último diputado en catorce provincias, la mitad de ellos más accesibles para el PSOE, con cifras tan sorprendentes como la de Madrid, donde los españoles residentes fuera ya han subido en casi 125.000 personas desde las últimas generales: un estudio de La Razón ya ha calculado que en 14 provincias hay un escaño en discusión con ese «chute» de votantes, la mitad de los cuáles está más al alcance del PSOE que de otros partidos.

Sin necesidad de hablar de pucherazo, hay que activar todas las alarmas y temerse lo peor, porque ya llueve sobre mojado: la obsesión de Sánchez por controlar con adeptos todo organismo, empresa pública y entidad que de un modo u otro participa en el proceso electoral ya es, en sí misma, una pista de sus intenciones. Asaltar Correos, RTVE, Telefónica e Indra no parece el mejor prólogo para sostener que se va a meter con calzador al nieto argentino de la tía Enriqueta, que sabe de España lo mismo que de Curazao, pero no es lo que parece. Con Sánchez siempre hay que temerse lo peor y, aún así, nos quedaremos cortos.