Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • En términos de ejemplaridad, la deriva no está siendo muy ejemplar

El primer Gobierno de Pedro Sánchez arrancó como un torbellino ético. A los siete días ya dimitía un ministro, el de Cultura. Apenas le dio tiempo a Máximo Huerta, por entonces Màxim, a ir a un partido de Roland Garros. Es que se supo que diez años atrás había tenido un lío con Hacienda por tributar a través de una sociedad interpuesta. Doce horas tardó en renunciar. «Se busca minar el proyecto de regeneración y transparencia del presidente Sánchez y no voy a permitirlo», declaró. Tres meses después, dimitía la ministra de Sanidad, Carmen Montón, tras aflorarle un máster sospechoso. Pedro Sánchez hasta le puso un tuit: «Tu decisión, valiente, te honra».

Es lo que se conoce como llegar demasiado pronto a un sitio. Ocho años después, Máximo Huerta podría estar en el Mundial mientras califica de bulos los documentos que le muestran tributando junto a Jack Sparrow en Isla Tortuga. Y Carmen Montón podría estar relativizando la sospecha de que su currículum es falso porque ella en realidad no es Carmen Montón sino otra persona por determinar. No quisiera formar parte de una cacería, pero, en términos de ejemplaridad, puede que la deriva no esté siendo del todo ejemplar. Ayer se dejó de hablar de la imputación de la presidenta de la Sepi en el caso de la fontanería del PSOE porque se conoció la imputación de la directora de la Guardia Civil. El juez Pedraz investiga a Mercedes González por maniobrar con las ‘cloacas’ de su partido contra la Guardia Civil, estando ella al frente de la Guardia Civil.

¿Y qué pasó? Nada. El ministro del Interior la confirmó en su puesto, la portavoz del PSOE dijo que la investigan por «hacer unos cafés» con Leire Díez y la ministra Morant vio conspiraciones y preguntó por ‘emepuntorajoy’. Se repite que el Gobierno no va a sacrificar más piezas y uno se pregunta por qué creen estar jugando al ajedrez. La pulsión kamikaze se explica porque propulsar el escándalo lo hace inabarcable y porque el estruendo funciona como distracción. Las instituciones no importan. Hemos visto cómo el fiscal general del Estado no renunciaba al cargo y en su juicio participaban sus subordinados. Asistimos a la caída de gente que se comporta como ultracuerpos controlados por el poder. Mercedes González pertenece a una categoría política en la que la dimisión valiente, regeneradora, transparente -esa que puede reivindicar la inocencia de la persona pero no tolera la sombra sobre el cargo- ni se contempla como una opción existente ocho años después.

ANDALUCÍA

Prioridad particular

Para sorpresa de nadie, Moreno Bonilla repite como presidente de la Junta de Andalucía con el apoyo de Vox. Sucede tres días después de que el partido de Abascal subrayase sus principios innegociables y el propio Moreno Bonilla mentase la repetición electoral. Se nos dice que desde entonces las negociaciones han sido intensísimas y constantes, de infarto. Algo nunca visto, al ser como se sabe el líder popular andaluz un hombre moderado e incompatible con los extremos. Por eso pactó con ellos en 2018. De lo inaudito del pacto dan cuenta los acuerdos previos en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Y la previsión del PP, que cuenta desde hace meses con un documento marco para negociar gobiernos con sus socios problemáticos. Moreno Bonilla desdeñó en campaña la ‘prioridad nacional’ de Vox rebajándola a la categoría de eslogan electoral. Lo que hizo ayer fue aceptar la inclusión del eslogan en el pacto de gobierno y firmar debajo. Por supuesto, no fue la ‘prioridad nacional’ lo que complicó las negociaciones, sino el reparto de carteras: la prioridad particular. Al final, Vox contará en Andalucía con un único consejero que será además vicepresidente de la Junta. La oposición dice cosas terribles sobre el nuevo Gobierno, pero es probable que el PP, con el Mundial, la próxima ola de calor y la próxima imputación en Madrid, cuente con que nos plantamos en agosto y de esto a la vuelta de vacaciones ya no se acuerda nadie. «El PP es el PP y Vox es Vox», profundizó ayer Moreno Bonilla cuando le preguntaron por sus socios para los próximos cuatro años, o lo que dure.