Luis Ventoso-El Debate
  • Un humorista disfrazado de superhéroe y con un cubo de basura por cabeza representará a los partidos clásicos frente a Farage, una sátira de la política actual

Nada marca más nuestra vida que la infancia que nos toca. La de Jonathan David Harvey, nacido hace 46 años en la enorme suburbia del sur de Londres, fue un desastre. No tuvo suerte en la lotería paterna. Le tocó un agente inmobiliario alcohólico, un caos con el que llegó a vivir en once casas en otros tantos años.

Pero aun así, Harvey se las apañó para graduarse en Clásicas en Oxford y acto seguido inició una carrera como guionista, casi siempre en programas satíricos. Con su gusto por la parodia, en 2017 se presentó como candidato en la circunscripción de la primera ministra de entonces, Theresa May, disfrazado de superhéroe enlutado, con un buzón de correos como cabeza y bajo el nombre de Lord Buckethead.

Pero esa broma ya la había inventado en los noventa un cineasta medio olvidado, que lo acusó de plagio. Así que Harvey hubo de reinventarse. Se convirtió en el Count Binface, el conde con cara de cubo de basura, un nombre y un disfraz con el que ya ha concurrido a las municipales de Londres y a las generales, enfrentándose a los primeros ministros Boris Johnson y Rishi Sunak en sus circunscripciones.

Hasta ahora, su mejor resultado no pasa de un 0,6 % de los votos, logrado contra Sunak en 2024. Pero aun así, y con todo el cachondeo que se trae, se ha convertido estos días en uno de los políticos más observados del Reino Unido.

Count Binface se presenta como un «guerrero espacial intergaláctico» de 5.900 años de edad, procedente de la tribu de los Recyclons del planeta Sigma IX. Es más alto que todos sus oponentes, por el tamaño del cubo de basura que tiene por cabeza, y viste un informe gris de superhéroe, con capa incluida. En la encantadora democracia inglesa, en la noche de la votación, todos los candidatos se suben a un pequeño escenario, sito en un polideportivo o un salón de baile de su circunscripción, y deben escuchar juntos la lectura de los resultados en los que se proclama al ganador. Resulta divertido repasar hoy las fotos de Boris o Sunak, muy serios en la noche clave, con el Count Binface enmascarado a su vera.

Por supuesto, Count Binface tiene un programa. De entrada, propone ampliar la pequeña puerta del 10 de Downing Street, «porque tal y como está, si me eligen primer ministro no voy a caber con el cubo en la cabeza». Ofrece una inteligente propuesta fiscal: «Prometo que a ti te bajaré los impuestos y se los subiré a todos los demás».

Una denuncia recurrente en sus campañas electorales es que los secadores de manos están mal colocados en el «Gents», el baño de los hombres de los pubs, y urge arreglarlo. En el debate del Brexit propone que «todos los países europeos se unan al Reino Unido». Además, quiere «nacionalizar a Adele», para que la cantante sea patrimonio nacional. Por supuesto, también habla de problemas acuciantes, como el de la vivienda. Choteándose de la inacción e hipérboles de los políticos al uso, promete que «construiré una vivienda pública en toda la legislatura».

Es una pequeña broma, sin más. Entonces, ¿por qué todo el mundo habla estos días en Inglaterra del Conde Binface? Pues porque los partidos clásicos han decidido no presentarse contra Farage en Clacton el próximo 13 de agosto, por considerar que ha forzado las elecciones de allí por motivos espurios. Laboristas conservadores, verdes y liberales han delegado en el superhéroe basurero.

Farage, el inteligente y también excéntrico líder de Reform, fue pillado a comienzos de este mes por The Sunday Times, que reveló que había recibido una enorme ayuda de un controvertido millonario del sector de las criptomonedas condenado por fraude electrónico. Se armó un escándalo y, como el Reino Unido es una democracia, hubo de dimitir como diputado. Pero lo hizo con una maniobra: acto seguido anunció que volvería a presentarse en su plaza de Clacton para que el pueblo emitiese su juicio moral. Su rival allí será Count Binface, en lo que constituye una metáfora descarnada de la política populista de la era digital.

Cuento todo esto porque ves por aquí a gente como la brava ganadería de los Óscar, o la fanática que representa a Puchi en el Congreso, o el chuleta de barra de discoteca que quiere refundar la izquierda española yendo de antiespañol, y casi parece más serio lo del Conde Cabeza de Bidón. De hecho, los ingleses ya están analizando un posible conflicto constitucional si Binface derrota a Farage, porque las normas de los Comunes prohíben dirigirse a la cámara con sombrero en la cabeza.

¿Se imaginan a alguien tan altivo como Sánchez teniendo que pasar por un recuento de votos a la vera de un tipo disfrazado de cubo de basura? Impensable. El sentido del humor y la tolerancia han sido fumigados en España.