- Evidentemente Rajoy hizo un comentario humorístico, sacado de quicio por el Gobierno con el garrote de la corrección política a fin de tapar sus miserias
Desde el domingo, Sánchez, sus ministros y los medios que los secundan están denunciando desabridos a Mariano Rajoy como un racista que ha abierto un serio conflicto diplomático con Francia. En el Telediario de la noche del domingo la noticia fue destacada en los sumarios como lo más importante tras la tragedia de Los Gallardos. También copa buena parte de las tertulias en los magazines de propaganda afines a Sánchez.
El artículo de opinión de Rajoy se publicó el viernes en El Debate, al término del España-Bélgica. Pero el Gobierno se acordó de montar un escándalo el domingo, con un dolorido tuit de Sánchez y un aviso de nuestro ministro de Exteriores, Albares, llamando a su homólogo galo para hacer hincapié en las «absolutamente inaceptables palabras» de Rajoy. Huelga decir que el petulante jefe de nuestra diplomacia no emitió condena alguna cuando su compañero de gabinete Óscar Puente provocó una crisis diplomática, aquella de verdad, al acusar de drogadicto al presidente de Argentina.
La polémica que han organizado desde el Gobierno contra Rajoy hace referencia al párrafo donde el expresidente analiza nuestras posibilidades ante Francia. Reza así: «No hay que olvidar que Francia ha sido dos veces campeona del mundo y finalista en la última edición. Ha ganado todos los partidos en los que ha participado en este Mundial y ocupa la primera posición del ranking FIFA. Tiene, además, una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses. Y está jugando muy bien. Serán un adversario formidable».
Lo de «sin franceses» le ha ganado la acusación de racista, algo que evidentemente no es (tiene 71 años y ahí está su trayectoria, sin el menor atisbo al respecto). En puridad es incorrecto decir «sin franceses», cierto, pues todos los jugadores de Francia lo son, incluidos los tres que no nacieron en el país. Pero las críticas –interesadas– que hacen el Gobierno y sus satélites no tienen en cuenta un factor clave. Rajoy está escribiendo un artículo de opinión, no un ensayo legal, y cualquiera que lo haya seguido mínimamente sabe que el sentido del humor impregna su forma de ser, tanto escribiendo como hablando. Es evidente que cuando dice lo de «sin franceses» lo hace con un claro animus iocandi, con el eximente de una intención jocosa. La misma que ha animado a infinidad de autores amigos del estilete de la ironía y el humor (y me estoy acordando, cómo no, de Alfonso Ussía, que con tantas chanzas políticamente incorrectas nos deleitaba; o de ilustres comediógrafos franceses como Molière o Marivaux).
Las palabras de Rajoy han sido sacadas de quicio por pura ansiedad política: urge intentar tapar la mugre de Sánchez como sea, crear cortinas de humo que retraten a la derecha como unos energúmenos a los que hay que frenar. Será su mantra en la próxima campaña electoral (lo es siempre). La semana pasada le tocó recibir a Feijóo por los derechos del concebido no nacido y por denunciar el obvio problemón de las bajas. Y esta semana han sacado su cachiporra favorita, la de la corrección política, para arrearle a Rajoy, llenando así minutos en los programas de la causa y distrayendo al público de la pira que consume al sanchismo (la suma de PP y Vox está ya una veintena de escaños por encima de la mayoría absoluta).
En este Mundial, un humorista de izquierda militante, Manu Sánchez, relacionó en TVE 1 a los equipos de Austria y Alemania con los nazis. No creo que ambos gobiernos vean con agrado que se les insulte así desde la televisión pública española. Pero desde luego no ha habido condena de Sánchez y Albares. El doble rasero de siempre.
En víspera del partido que enfrentó a Francia y Senegal, el presidente del Parlamento senegalés, Ousmane Sonko Sur, declaró que «gane quien gane, será África la que ha vencido a África». No cabe discusión: este político está llamando africanos a los jugadores de Francia. ¿Alguna queja? ¿Lo han acusado de racismo? No, por supuesto.
Acabemos con una pequeña dosis de verdad prohibida. Si mañana Japón se presentase con un equipo nacional de fútbol con todos los jugadores negros, ¿sería motivo de comentario? Por supuesto, sería inevitable. ¿Qué se diría si la selección marroquí la integrase un plantel de rubios de ojos azules? Ambas situaciones darían que hablar, como da que hablar en bares y oficinas la composición de la selección de Francia. Rajoy, que a diferencia de otros políticos y expolíticos no vive blindado y pisa la calle, lo sabe y ha bromeado al respecto (como han hecho millones de particulares en toda Europa sin ser racistas la inmensa mayoría de ellos).
La población francesa de raza negra supone alrededor del 5 % del total del país, mientras que un 85 % es blanca europea. Pero en el equipo nacional de fútbol el primer grupo supone casi el 100 % del once titular. Por el contrario, ¿cuántos de los 20 ministros del actual Gobierno de Francia son negros? Ninguno. Así que antes de acusar a Rajoy de racismo, los ministros franceses podrían mirarse al espejo, pues claramente se aprovecha el talento y la potencia física de los grandes atletas de origen africano, pero no sus cerebros, igualmente valiosos, desdeñados para altos cargos de la vida pública gala (por cierto, el único partido español que tiene ahora mismo un negro en su cúpula suprema no es el PSOE de Sánchez, sino Vox, para más señas, su secretario general).
Rajoy no se va a dejar amilanar por una campaña más de la izquierda. Tiene mucha mili a sus espaldas. Ya vivió los circos que le montaron con el pobre perro Excálibur, insigne mártir del «progresismo» canino, o con el famoso «primo de Rajoy» del cambio climático. Tampoco creo que le impresionen mucho las lecciones de Albares, que demostrando lo muy verde que está en democracia ha pedido a El Debate que retire de inmediato el artículo. Un ministro pidiendo a un periódico que secuestre un artículo, ¡y de opinión! De tanta amistad con los ayatolás y con Hamás parece que al pomposo canciller se le está pegando el mismo estilo de democracia.
Mariano, enmarca el artículo y cuélgalo en tu despacho, porque, ante la ola de censura que provoca la corrección política de la izquierda, supone un gallardete de libertad.