- Es como en Francia (donde todos los franceses son franceses, Albares, ¡so!) Allí las muertes por calor se deben al cambio climático, no al verano, ni a la severa restricción del aire acondicionado, a la que se ven forzados por el cambio climático. No sé si me explico
No descartemos que la prevaricación de David Sánchez haya que achacarla al cambio climático. Numerosos escritos académicos relacionan el género –ese constructo, esa picazón– con el cambio climático. De hecho, el hermano del condenado músico ha tenido que regularizar toda la inmigración ilegal masiva, más varios millones adicionales por reagrupación familiar, a causa del cambio climático. Un sexto sentido me avisa de su incredulidad, lector, y otro, séptimo, me permite adivinarla con antelación. Por eso, de cara al entendimiento entre agentes sociales, opinión pública e instituciones, incluyendo las más altas instancias internacionales, me siento en la obligación de aclarar algunos grumos semánticos. No vaya a ser que, por despreciar los desplazamientos de sentido, vaya alguien a incurrir en negacionismo. Término, fíjate tú, que también ha sufrido corrimiento de significado, posiblemente por el cambio climático. Voy.
«Cambio climático» no hay que entenderlo literalmente. De hacerlo así, el pleonasmo descorazona. El clima es cambio. Punto. Aludimos a un número creciente de fenómenos, con horizonte infinito. Puede que algún día todo lo que pronunciemos se reduzca a esas dos palabras, si bien nos entenderemos por el contexto. Así acabaremos preguntando a otro si le apetece un café: «¿Cambio climático?» Para aceptar o rechazar, nos responderá: «¡Cambio climático!». El sí o el no se inferirán por el tono de la primera sílaba. Me estoy anticipando demasiado. Pero no dejaré sin subrayar, pues el lector lo merece, que la paulatina reducción de la rica lengua española a las palabras «cambio» y «climático», por ese orden, no es gratuita ni casual. Toma pie en un apotegma: cuanto puede pensarse está condicionado o determinado por el cambio climático. (No sé si lo formuló Greta Thunberg o Javier Bardem, los confundo por la pañoleta). El condicionamiento es una primera sospecha que conduce de modo indefectible a la conclusión determinista en cualquier proceso intelectual alejado del fascismo.
Ahora estamos justo al principio del proceso, pero las muestras del avance universal en la toma de conciencia aparecen por doquier. De modo que ya llamamos cambio climático a: la caída de un poste podrido que debió desconectarse hace diecisiete años, con el cortocircuito e incendio subsiguientes; la prohibición de limpiar los bosques; la prohibición de limpiar el cauce de los ríos. Se entiende así que el cambio climático haya provocado el trágico incendio de Almería de la misma forma que provocó las atroces inundaciones valencianas. No vayan a culpar a los que prohibieron hacer lo que la gente del campo siempre había hecho, pues fue el cambio climático el que previamente había obligado a los políticos partidarios de salvar el planeta a erradicar las prácticas de gentes rurales sin estudios de clima y mujer, o de clima y migraciones. Es como en Francia (donde todos los franceses son franceses, Albares, ¡so!) Allí las muertes por calor se deben al cambio climático, no al verano, ni a la severa restricción del aire acondicionado, a la que se ven forzados por el cambio climático. No sé si me explico.