- Empiezas corrigiéndote por usar una acepción de «negro» ajena a la negritud y acabas reconociendo crímenes que no has cometido desde una celda comunista. ¡Ejecútenme! Esta succión absoluta del alma es lo más definitorio de la praxis comunista. ¿Me molesto yo cuando hablan de tiro al blanco?
Parece que uno de los comentaristas de los partidos del Mundial, esos que no puedo juzgar por mi desconocimiento del fútbol, se ha corregido después de decir algo así como que Francia lo veía negro (en un momento en que Francia lo veía negro). Mal hecho. Corregirse implica compartir la mirada sucia –el oído sucio, en este caso– de los racistas. O al menos saber en qué consiste esa mirada sucia. No sé qué habría pasado si en vez de expresarlo de modo indirecto (Francia lo ve negro) hubiera dicho que Francia lo tenía negro, o que los franceses estaban negros con el arbitraje, o que Francia los tenía negros, refiriéndose a su público, entre la desolación y el enojo. Uno se corrige si ha dicho algo de mala fe. Pero si utiliza una expresión perfectamente normal, no tiene por qué, salvo que sea partidario de reeducarse. Los partidarios de reeducarse son un colectivo muy difícil de tratar y de entender. Nos provocan entre pena y desprecio, según la intensidad de la reeducación y castigo que exijan para sí mismos.
Van desde los tristes ‘aliades’ hasta los condenados en los juicios de Moscú. Los ‘aliades’, fenómeno woke por excelencia, son unos farsantes a los que les ha fallado todo el repertorio del arte de la seducción y de la conquista. Han probado incluso con el baile del palomo, y nada. Desesperados, se han suscrito a alguna influencer feminista, exploran su machismo tóxico, se dicen «el violador eres tú». Hay seres en la red contando que todos los hombres tendríamos que avergonzarnos. Una jaula de piradas comentaba que habría que castrar a los hijos varones al nacer. De ese palo van. Los ‘aliades’, pobres diablos, han cosechado tantas calabazas que acaban tomándose en serio las chorradas de las que te digo, y piden la reeducación del hombre. O sea, de sí mismos. Porque a mí no me reeducan ni en sueños. Luego los ves desfilar, procesión de anihilados, pidiendo perdón por haber nacido xy y gustarles las mujeres. Qué mala suerte, se lamentan. Se flagelan, se dan cachetes. Pero pillar, no pillan.
El ‘aliade’ no atrae a sus aliadas, es un heterosexual al que le encajan aquellos versos de Lorca sobre un tipo de homosexuales que despreciaba. Los dibujó con su talento infinito: «esclavos de la mujer, perras de sus tocadores». ¿Lo ve, comentarista? Al desconocedor de Lorca, que suele darnos el federicoñazo preceptivo cada año por razones ajenas a la literatura, se escandalizaría si un día leyera a Lorca: «¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!» Uy, lo que ha dicho. Lo que escribió Lorca: «Sarasas de Cádiz, / Apios de Sevilla, / Cancos de Madrid, / Floras de Alicante». Léelo, lelo. Empiezas corrigiéndote por usar una acepción de «negro» ajena a la negritud y acabas reconociendo crímenes que no has cometido desde una celda comunista. ¡Ejecútenme! Esta succión absoluta del alma es lo más definitorio de la praxis comunista. ¿Me molesto yo cuando hablan de tiro al blanco?