Francisco Rosell-El Debate
  • Sánchez se resiste a distanciarse de Zapatero hasta hacerse merecedor de un epitafio político como el que inscribió un personaje de «Los novios de la Torre Eiffel», de Jean Cocteau: «No se rindió nunca ante nadie ni ante nada, ni siquiera ante la evidencia»

Acabado el Mundial de fútbol con el deseo hecho realidad por parte de la selección de Luis de la Fuente, quien supo conformar un gran equipo con una fe capaz de mover montañas, prosigue sin cesar «la mundial de la corrupción» de Pedro Sánchez, «P. S.» para sus cuates de la cloaca socialista, tras reclutar a sus afines bajo la consigna peronista de que «todo es lícito si la finalidad es conveniente». Así, con su referente ético Zapatero cada vez más cerca de acompañar a Ábalos en Soto del Ferraz, Sánchez cierra filas con él, a modo de parapeto, tras copilotar ambos el rescate doloso de la compañía hispano-venezolana de un solo avión Plus Ultra: uno como comisionista y otro como comisionado que aprobó el libramiento de fondos en Consejo de Ministros.

Desde que en el otoño de 2021, en el que Sánchez intercambió la banda del Peugeot (en realidad, del Mercedes) por la de los Rodríguez (el expresidente junto a los hermanos Delcy y Jorge, presidentes del Ejecutivo y del Parlamento venezolanos), entre ambos se inició una gran amistad en los negocios que imprimió un giro copernicano a la diplomacia española con respecto a la satrapía chavista de Caracas. Por eso, Sánchez se resiste a distanciarse de Zapatero hasta hacerse merecedor de un epitafio político como el que inscribió un personaje de «Los novios de la Torre Eiffel», de Jean Cocteau: «No se rindió nunca ante nadie ni ante nada, ni siquiera ante la evidencia».

Después de aseverar aquello de: «¿La Fiscalía de quién depende? Del Gobierno. Pues ya está»; otro tanto cabe con el otorgamiento de los 53 millones inyectados a la aerolínea chavista para que luego Maduro sufragara su campaña para presidir la Internacional Socialista. Como le trasladó el testaferro de ZP, Julito Martínez al cuadrado, a la cúpula directiva de Plus Ultra: «¿Os creéis que el rescate es por vuestra cara bonita?». ¡Como si hubiera que aclarárselo a quienes hoy admiten sin remilgos que abonaron facturas falsas por informes inexistentes para encubrir los gatuperios de Zapatero y cuyo último endoso se emitió dos semanas antes de ser detenidos junto al «lacayo» del expresidente!

Todo ello en línea, con lo anticipado por el comisionista Víctor Aldama, cuyas supuestas inventadas, según Sánchez, están redundando en pruebas de cargo contra el inquilino de La Moncloa, después de pormenorizar como, hallándose en el Ministerio de Transportes junto a Koldo García en el despacho aledaño al del ministro Ábalos, pudo escuchar que Zapatero le espetaba al reticente ministro: «No te lo estoy pidiendo yo, sino el presidente». Al preguntarle Koldo a su jefe como había ido la cosa, quien hoy pena 24 años le contestó enojado: «Tengo que rescatar Plus Ultra, sí o sí; es una orden del presidente».

Si la estrategia del encausado Zapatero ha estado encaminada a lograr la nulidad de las actuaciones, lo que supone un reconocimiento implícito de su culpabilidad, su tentativa se desploma tras las confesiones de su presunto testaferro y de los directivos de la aerolínea, quienes han decidido marcarse un «Aldama» para no comerse también el marrón del expresidente. No quieren, a lo que se ve, que les pase como a la célebre gallina de Santo Domingo de la Calzada que cantó después de asada, sino que se han adelantado, después de que Zapatero le refutara al juez Calama haber mediado con Plus Ultra, mientras las hojas del almanaque caen sin atenerse a la palabra dada al magistrado de la Audiencia Nacional de que, «en una semana o diez días como máximo», esclarecería la procedencia del ajuar de joyas decomisado en la caja fuerte de su despacho.

Tanto Julio Martínez por partida doble como el propietario de Plus Ultra, Julio Martínez Sola, así como su consejero delegado, Roberto Roselli, han refrendado ante el juez las pesquisas de los agentes de la Policía Nacional de que Zapatero actuó como comisionista en esta espuria operación. Al alimón, han testimoniado que, aprovechando su influencia sobre Sánchez, el expresidente se embuchó un 1 por ciento de los 53 millones de fondos públicos a través de la empresa «Análisis Relevante» en cuya fundación estuvo a pachas con el directivo de Telefónica, Javier de Paz, exdirigente de las Juventudes Socialistas, si bien prefirieron a última hora no acudir a firmar las escrituras. Es más, los directivos de Plus Ultra han confirmado los mensajes aportados por EE.UU. sobre el móvil del exaccionista de Plus Ultra, Rodolfo Reyes, que el abogado de Zapatero pretendía anular, aunque la jurisprudencia del Tribunal Supremo ya conjuró esa eventualidad a propósito del «caso Falciani», ingeniero del banco suizo que desveló cuentas secretas de defraudadores fiscales.

Pero es que, además, estos develamientos del «hombre de paja» de Zapatero demuelen la fabulación construida en torno a este impostor con vitola de filántropo que ha demostrado ser un Bambi al que le gustaba una pasta que engullía mientras sermoneaba con que, durante su mandato, no se registró ningún episodio de podredumbre cuando, desde primera hora, obró en contrario. No en vano instrumentalizó su «Alianza de Civilizaciones» para urdir una red de complicidades que devino en «Alianza de Corrupciones» asistido por su canciller Moratinos, sin olvidar los contratos con Chávez con la venta en 2005 de fragatas por 1.245 millones hasta el actual gatuperio de Plus Ultra, pasando por los 4,5 millones entregados por la petrolera PDVSA a su embajador Morodo, al que el inhabilitado fiscal general García Ortiz libró de la penitenciaría sin colaborar con la Justicia como Aldama.

Pero es que, para más inri, la mercantil «Análisis Relevante», usada como tapadera por Zapatero para camuflar el cobro a otras sociedades amén de Plus Ultra, puso su primera piedra cuando Javier de Paz le colocó a Julito Martínez en 2011 una vivienda de playa que el entonces presidente poseía, en la localidad almeriense de Vera, cuya compraventa se cerró en La Moncloa.

Si «la Justicia es la verdad en acción», según el moralista francés Joseph Joubert, su intervención aviva la sensación de fin de ciclo al no haber manta tan grande para ocultar los desmanes de un gobierno reo de sus falsedades. Pero es lo que acaece cuando la elección de los gobernantes, a diferencia de lo que ha ocurrido con los escogidos por Luis de la Fuente, se obra mediante un proceso de «selección adversa» agravado con la colonización de las instituciones por quien busca eternizarse en el poder con subordinados ineptos que no lo cuestionen. Ello sirve para ganar elecciones, pero no Mundiales.

Lo cierto es que De la Fuente, como Vicente del Bosque en 2010 con la consecución del Mundial de Sudáfrica, teniendo ambos como cancerberos a dos hijos de guardias civiles como Iker Casillas y Unai Simón, ha sabido armar una gran escuadra en la que, sin anular la personalidad de sus estrellas, ha funcionado como una orquesta sinfónica conducida por una buena batuta, pero sin ponerla al servicio de su ego. Así, en lugar de oír los cantos de sirena de quienes le encomendaron otros jugadores aparentemente mejores, De la Fuente supo atarse al palo mayor de sus principios, enrolando una tripulación de remeros para los que el éxito pasaba por el triunfo de todos en medio de un buen ambiente difícil de sostener en un confinamiento de 50 días. Hasta los tullidos sanaron y marcaron goles como Merino o los facilitaron como Nico Williams, al que le negaron un tanto de reglamento en la final contra Argentina.

En la gobernación de España, por contra, esa selección negativa produce grandes averías fiada a quienes no viven tanto «para» la política, sino «de» la política, según la clásica distinción de Max Weber. De esta guisa, las personalidades valiosas y honradas son arrumbadas. Sin duda, los buenos representantes no pueden resolver todos los problemas, pero no ayuda que los liderazgos valiosos sean reemplazados por otros impropios como los que pueblan los sumarios de corrupción. Desgraciadamente, España colocará esa tercera estrella en su zamarra antes de alcanzar esa prioritaria exigencia democrática.