Editorial-El Correo

  • Trump da a Arabia Saudí el programa nuclear civil que niega a Irán a cambio de contratos para empresas de EE UU y sin exigir la normalización con Israel

El mundo desearía que el acuerdo de Estados Unidos para proporcionar a Arabia Saudí un programa nuclear fuese una de esas iniciativas de Donald Trump que duran 24 horas. Pero hay demasiado en juego para ambas partes. Mohamed bin Salmán quiere hacer el reino más sostenible y rentable. Toda la energía que ahora consume el país la proporcionan el gas y el petróleo, y la fuente atómica reduciría la contaminación y aliviaría las necesidades de alimentación de plantas desalinizadoras y acondicionadores de aire, además de liberar hidrocarburos para la venta. Por su parte, con el pacto de 30 años, Washington consigue suculentos contratos para empresas estadounidenses y cierra aquel mercado tan apetecible a China y Rusia.

Pero las objeciones pesan lo suyo. El heredero saudí siempre sostuvo que si Irán llegaba a conseguir la bomba, él seguiría el mismo camino. Lo que ahora se presenta como la construcción de instalaciones civiles puede derivar en algo más serio, sobre todo cuando se elimina de la ecuación el llamado ‘estándar oro’: el compromiso vinculante de no enriquecer uranio en el propio país -y los saudíes disponen de reservas de este elemento químico- y de no procesar combustible para los reactores. Además, se trata de un acuerdo bilateral que no contempla supervisión internacional.

La inquietud por la nueva situación ya ha prendido en Israel. Benjamin Netanyahu dispone de instalaciones atómicas por las que no rinde cuentas ante nadie, pero hasta el momento el primer ministro israelí exigía, y conseguía, que Washington vinculara las ambiciones saudíes a la normalización de relaciones con Tel Aviv. Ahora, Trump da una patada a los Acuerdos de Abraham y Bin Salmán sigue abrazado, siquiera de forma retórica, a la defensa de un Estado palestino

El último negocio de la Administración republicana allana a la monarquía árabe la misma senda que prohíbe a los ayatolás iraníes. La incoherencia se agrava cuando precisamente las supuestas ambiciones atómicas de Teherán llevaron a EE UU e Israel a desatar su agresión unilateral, convertida en una guerra que pronto cumplirá cinco meses. El acuerdo de Trump con el gran antagonista regional de Irán complica cualquier negociación para terminar con el conflicto y altera el equilibrio de poder en el golfo Pérsico y en todo Oriente Medio. La proliferación nuclear se vuelve atractiva para cada vez más naciones.