Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo
- Vivimos instalados en la comodidad que proporciona la bonanza del corto plazo
El periódico del pasado jueves abría con una afirmación tan rotunda como preocupante: «El bienestar en Euskadi ya no está garantizado». Lo decía Confebask, la patronal vasca, que pedía tomar conciencia de ello. Supongo que el destinatario principal de su advertencia era el conjunto de la sociedad vasca, que es quien más preocupada debería sentirse con su previsión, aunque muy a menudo no lo parezca.
Vivimos instalados en la comodidad que proporciona la bonanza del corto plazo y miramos los problemas con la lejanía suficiente para minimizar su impacto y desdeñar y postergar siempre el trabajo que implica su solución. La propia Confebask daba la receta y reclamaba un ‘Pacto del País’ para atajar el absentismo, la falta de talento y el estancamiento industrial. Espero que no le caiga ahora la del pulpo, como la que sufrió Núñez Feijóo cuando hace un par de semanas dijo algo parecido. El señor Feijóo cometió la imprudencia de mezclar juntas las palabras cáncer y absentismo, lo cual es una evidente falta de tacto. De la misma manera que es una desmesura total sacar de ellas la conclusión de que su eventual e hipotético gobierno esté pensando en obligar a trabajar a las personas que tienen la desgracia de padecer dicha enfermedad y estén en proceso de tratamiento.
El absentismo le cuesta al país mas de 30.000 millones de euros al año, dividido entre las aportaciones de empresarios y los pagos del sistema de salud y ese es el ‘cáncer’ al que se refería Feijóo. Seguramente Confebask esté más preocupada por los trastornos que supone para la organización del trabajo, dentro de las empresas, que por ese terrible coste que lo asume esa cosa lejana y rara, ajena y extraña, que es el Estado. El coste será también un problema, que acabará con el Estado del Bienestar vasco, pero solo en el momento que nos hagan caso y se rompa la caja única de la Seguridad Social dentro de eso tan bello del ámbito laboral vasco. «Cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que se cumplan tus deseos», como decía el poeta… cuando estaba sobrio.
Es una pena que a la patronal no le diera tiempo para glosar las conclusiones del sindicato LAB publicadas el mismo día, porque hubiese podido adornar con ellas las suyas propias. LAB dice que mantiene su apuesta por la lucha sindical, los cual no resulta ni novedoso ni sorprendente, pero sí es preocupante el método utilizado para medir su éxito. Sacando pecho, con orgullo, recordó los 180 conflictos laborales, que desembocaron en 86 huelgas generales, más el paro general en solidaridad por el pueblo palestino y la convocada en defensa del salario mínimo interprofesional propio. Si esa es la mejor medida del éxito y se le añadimos los conseguidos por ELA, el triunfo es rotundo, colosal. Sobre todo si no preguntas por la situación en el Valle de Ayala y se olvida uno de las estadísticas de las inversiones extranjeras recibidas que, más que reducirse, están a punto de convertirse en una especie en extinción, como el dragón de Komodo.
Guste o no oírlo y sea más o menos arriesgado decirlo, es evidente que el ambiente laboral vasco les proporciona un gran orgullo a nuestros sindicatos pero constituye uno de los grandes frenos para la entrada de capital foráneo y la aparición de capital propio, necesario para crear la riqueza de la que tendremos que vivir mañana, si queremos salir del estancamiento industrial en el que nos encontramos y en el que tan cómodos y despreocupados vivimos. Hasta que algún día nos despertemos, claro.