Ignacio Camacho-ABC

  • La estampa es un aguafuerte político. El protocorrupto del protosanchismo tomando notas sobre el control financiero de los partidos

La estampa es un puro aguafuerte, un esperpento. Utilizar un coche fruto de un cohecho –presunto, presunto– para acudir a una reunión sobre reformas legislativas contra la corrupción es un gag que Santiago Segura habría descartado para Torrente por demasiado grotesco. Cerdán y Koldo lo hicieron. Se presentaron en el Congreso a bordo de un vehículo proporcionado por Antxon Alonso, el socio –léase presunto sobornador– del primero. Y allí el entonces dirigente del PSOE navarro asistió a las deliberaciones de una comisión de auditoría democrática en la que intervenían unos catedráticos de derecho. Penal, por supuesto. En esa época, 2017, ni Sánchez era aún jefe del Gobierno ni ‘Santi’ diputado, así que se personó en la sesión en calidad de ‘interlocutor técnico’. ¿No es maravilloso? : la banda del Peugeot tenía una especie de delegado en funciones de oyente en el Parlamento. Un día acordaba con su compadre las adjudicaciones públicas y al siguiente tomaba notas de ideas para elaborar códigos éticos.

Una obra maestra del cinismo político. El protocorrupto –presunto, sí, presunto, presunto– del protosanchismo escuchando propuestas para mejorar el control financiero de los partidos. Ocurrió una década antes de que él mismo fuese procesado y enviado a prisión preventiva por –¡¡presunto!!– manejo irregular de cobros y pagos ficticios. Y sólo un año antes de que Ábalos pronunciase aquel histórico discurso sobre la regeneración institucional que iba a traer el regreso al poder del socialismo. A esas alturas existía en Navarra y el País Vasco una –presunta- trama de negocios subrepticios donde Koldo ejercía de enlace y Alonso de interlocutor y facilitador de contactos con el PNV y Bildu, elementos clave a la hora de acceder a contratos administrativos. Un ensayo general de la estructura que luego se desarrollaría a gran escala una vez instalado el trío en los engranajes y mecanismos de decisión del Ejecutivo. Juntos en un principio, cada uno por su lado cuando tocó ocuparse del reparto de beneficios.

Cabe imaginarse a Cerdán sentado en la carrera de San Jerónimo, apuntando propuestas de cambios legales con aires de alumno aplicado. Sólo habían pasado ocho meses de la campaña que aupó a Pedro al liderazgo orgánico. No había mucho dinero en la caja de Ferraz porque en la oposición los recursos siempre resultan escasos y el asalto a la Moncloa era todavía un proyecto lejano. Pero tampoco había tiempo que perder teniendo a mano a un amigo empresario. Servinabar fue el piso piloto, el experimento probeta, el ensayo para llegar al vértice del Estado con un guion de trabajo bien claro. Todo presunto, excepto lo de Ábalos, hasta que los tribunales digan lo contrario. Pero la escena del enviado especial al Congreso, interlocutor técnico entre expertos universitarios, merecería formar parte de un cuadro epocal sobre los orígenes de este mandato. Nada simboliza mejor el cinismo congénito del estilo sanchista que esta broma siniestra a modo de guiño autoparódico de su fondo falso.