José Alejandro Vara-Vozpópuli
- El presidente defiende con fervor a su esposa y a su hermano y le dan grima las joyas de Zapatero
Cinco idiomas habla el hermano del presidente del Gobierno. Ruso, inglés, francés, italiano y español. ¿Quizás japonés, como su pareja y madre de su hijo? Es licenciado en empresariales por Icade y en dirección de Orquesta por San Petersburgo. Un currículum que quita el hipo. Luego de un periodo de inactividad laboral, y armado de tan rutilante currículum, desdeñó posiblemente importantes ofertas al frente de las más cotizadas sinfónicas y buscó plaza en la diputación de Badajoz, el Bayreuth de la música europea, donde fue honrado con el cargo de director de Artes Escénicas, empleo que jamás desempeñó. Nueve años de inhabilitación por jeta, tramposo, enchufado y gandul, pues ni siquiera sabía dónde estaba su despacho “con ventanilla”. O sea, “una condena injusta”, según su hermano mayor.
Sánchez, en un depravado ejercicio de hipocresía verbal, defendió fieramente a su familia, con argumentos tan sutiles como que hermano y esposa son objeto de todo tipo de persecuciones por parte de las acusaciones populares de ultraderecha con el concurso de PP y Vox. Si David Azagra era la más rutilante batuta del continente, Begoña Gómez llevaba años ejerciendo de brillante empresaria antes de aterrizar en la Moncloa. En su apasionada defensa de la tetraimputada, el presidente incluso llegó a asegurar que ya lideraba una cátedra en la Complutense antes de que el rector y el vicerrector de aquella casa acudieran mansamente a la Moncloa para apañarle el chollo. “Antes que mi hermano y mi esposa son David Sánchez y Begoña Gómez. Lo único que han hecho en su vida es trabajar», sentenció. ¿A qué, entonces, buscar tantos enchufes, tantos padrinos, tantos chollos? “Quieren deshumanizarlos para atacarme, son víctimas de una causa injusta». Lo que viene siendo lawfare. El victimismo como antídoto para cuando lleguen las sentencias. Para allanar el camino hacia el indulto. Para prevenir las condenas de los tribunales a la familia Sánchez-Gómez. Para justificar incluso un plante en el Congreso ante el inevitable suplicatorio contra el presidente. En suma, para tomarse a chacota los usos naturales en el Estado de derecho.
Todos son inocentes. Zapatero también. Lo de Plus Ultra fue un préstamo con todas las garantías, que fue examinado “por activa, por pasiva y perifrástica”. El respaldo al expresidente parece haber perdido intensidad. De las joyas, nada dijo en esta ocasión. En su día aseveró que se trataba de un regalo de allá por 2007, cuando el supervisor de nubes estaba aún en La Moncloa, y remató que todos los presidentes reciben este tipo de obsequios. Ya no pone tan fervientemente la mano en el fuego. La firme camaradería pierde vigor. Ni siquiera un adjetivo elogioso, una palmadita metafórica en la espalda a su fiel mentor, que apesta ya a huésped de Soto, donde Ábalos.
Negacionistas y falsarios
El balance del curso derivó en un fárrago pedantesco de logros inverosímiles, cifras manoseadas, éxitos que nadie ha visto y triunfitos de todo a cien. El recitado de un monologuista sin escrúpulos y en avanzada fase de decadencia. Sánchez se presentó en su indigerible monólogo con un terno gris más clarito de lo habitual y con ese rostro petulante de recepcionista de hotel parisino con ganas de llamar connard a los periodistas allí presentes. Arrancó con los fuegos, para que la terrible humareda camuflara el hedor de sus corrupciones. Hay incendios porque padecemos una emergencia climática imparable y no porque los bosques no se desbrozan, no se cuidan, no se atienden. ¡Herejía, bulo, nadie impide limpiar los bosques!, aseveró con la rotundidad del mentiroso recalcitrante. “Díselo tu, Sarah”, miraba a su vice-ecolo Aaagesen, la hierática musa de Bergman, como para reforzar su sórdida maldad. Todo aquel que descrea de la emergencia climática será enviado al averno de los negacionistas, a la caverna donde se encierra a cuantos niegan la verdad de la ciencia (oh, la pandemia) y las trolas que emite el Rubio del Ala Oeste. Ya saben, el negacionismo mata, es el combustible que alimenta los fuegos. Y el socialismo es el territorio donde se crían estos monstruos.