Editorial-El Correo

  • El conflicto iniciado por Trump y Netanyahu contra Irán sigue en Ormuz y salta a Irak y Egipto, con Arabia Saudí protagonizando ataques junto a EE UU

La guerra desencadenada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu contra Irán el 28 de febrero avanza en su sexto mes e incendia cada vez más países de Oriente Medio. Los Estados árabes aliados de la Casa Blanca sufren desde el comienzo del conflicto la represalia de Teherán. Pero las últimas horas revelan la implicación de un cada vez mayor número de naciones, como beligerantes o como afectadas. El hecho más notable es el ataque conjunto llevado a cabo por Estados Unidos y Arabia Saudí contra milicias proiraníes en Irak. Un movimiento público de Mohamed bin Salmán que se produce solo días después del acuerdo con Washington para desarrollar un programa nuclear civil.

El paso conjunto de estadounidenses y saudíes busca debilitar uno de los apoyos externos de los iraníes pero activa un verdadero polvorín. Por un lado, desestabiliza al siempre frágil Gobierno de Bagdad. Por otro, el suní Bin Salmán ataca a paramilitares chiíes en vísperas de la mayor peregrinación mundial de esta rama del islam en recuerdo del martirio del imam Husein. El centro de la conmemoración es la ciudad santa de Kerbala, que se habría visto alcanzada por los bombardeos. Para desafiar, ya a cara descubierta, a su gran adversario regional, Riad se asegura el respaldo activo de Washington, que, en la práctica, alinea los intereses saudíes con los de Israel de cara a una eventual adscripción del reino a los Acuerdos de Abraham. El último escenario en incorporarse a la dinámica bélica es Egipto, después del incendio de dos cargueros por un ataque con drones -que pudieron ser lanzados por Hezbolá desde Líbano-en el puerto mediterráneo de Damietta.

Trump tratará de vender como un éxito un conflicto cada vez más extendido que buscaría el aislamiento de Irán para forzar la renuncia a su programa atómico y a la influencia sobre el estrecho de Ormuz. Aunque en esta guerra más larga de lo que él mismo había comprometido solo ha conseguido multiplicar el sufrimiento de la población iraní y generar una crisis en el suministro energético en todo el mundo. Con las elecciones legislativas de noviembre cada vez más cerca, el republicano cosecha un creciente malestar interno. Un 73% de los estadounidenses declaran en una encuesta que su presidente no presta la suficiente atención a los problemas más acuciantes del país.