Miquel Giménez-Vozpópuli
- Según dicen algunos, la pena era “desproporcionada y abusiva”. Ah, carajo, pero el procés no,
Pedrísimo puede irse tranquilo de vacaciones. Aunque España arda por los cuatro costados ante la estulta mirada de Puente, el sumo sacerdote del sanchismo ya tiene arreglado lo suyo. Ha indultado a la juntaire Laura Borrás, ex presidenta del Parlamento regional catalán de la señorita Pepis, amansando a Cocomocho y Nogueras.
El indulto es parcial pero les cuento: a la señora Borrás se la condenó por corrupción debió a unos trapis que llevó a cabo cuando dirigía el Institut de les Lletres Catalanes. La buena patriota fraccionaba contratos designados a dedito a un amigo suyo. ¿Ella se llevó un duro? No. ¿Ese proceder es feo e ilegal? Sí. ¿Tal cosa le impidió ser luego consejera de la vulgaridad de Cataluña o presidenta del citado parlamento? No. ¿Tuvo el santo zafarique de solicitar acogerse a la amnistía? Of course. Y, con más orgullo que Don Rodrigo en la horca, ni pidió perdón ni musitó un sencillo “lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a suceder”. No lo habrá hecho porque pedir perdón, con lo que de grandeza conlleva, es de Borbones y ella, claro, es republicana, separatista y vive su tiempo. La cosa es que con este indulto a medias evita pasar por la cangrí, vulgo cárcel.
Barcelona en llamas
Los cuatro años, seis meses y un día de la sentencia se convierten en dos gracias la munificencia de mandarín oriental del Sanchísimo. El resto de la pena, la multa y la inhabilitación de trece años y un día se mantiene. Según dicen algunos la pena era “desproporcionada y abusiva”. Ah, carajo, pero el procés no, el procés ha sido proporcionado, generoso, razonable y sonriente. No existió tensión social, violencia callejera, aquella Barcelona en llamas con los contenedores ardiendo, aquellos diputados de Ciudadanos a los que escupían los compadres de la Borrás, el intento de golpe de estado, la intimidación por lucir la rojigualda, la tremenda parcialidad de Borrás como presidenta, la intoxicación de masas mayor desde el fin de la II Guerra Mundial, la ruina económica que le ha costado a Cataluña la fuga de miles de empresas que no han de volver jamás, la Gestapo escolar en los patios a ver quien habla catalán, el no poder trabajar de cocinero o clarinetista sin el nivel B2 para puestos auxiliares, el de suficiencia C1 para administrativos y técnicos y el superior C2 para docentes.
No existieron esos fondos que todavía no sabemos de dónde salían que se empleaban en organizar manifestaciones que comportaban un gasto en logística considerable. No sabemos cuánto cuesta la red de embajadas catalanas ni lo que cobran los que allí trabajan. Todo eso y el resto del despropósito lazi ha sido indultado o amnistiado. ¿Por qué? Porque Sánchez precisa los votos de Junts.
Es así de sencillo, como sencillo sería explicar el procés mediante figuras geométricas en plan Barrio Sésamo: el tema es digno de dos rombos, se buscó la cuadratura del círculo, el Pentágono no les hizo caso y el triángulo… ese sería capítulo para otro artículo o para un libro. Porque en esta fantasmada, los triángulos tienen mucho que ver. Ahí lo dejo.