Emilio Contreras-El Ddebate
  • Nadie se puede creer que sean las mafias ni que el Gobierno español no supiera con antelación suficiente lo que se estaba tramando al otro lado de la frontera entre Ceuta y Marruecos. ¿Por qué el gobierno no hizo nada?

Es imposible encontrar a lo largo de nuestra historia una muestra de mayor incompetencia, negligencia y abandono de sus responsabilidades que la que ha dado el Gobierno de Pedro Sánchez ante la invasión de Ceuta por miles de marroquíes.

Porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre. No ha sido una avalancha migratoria difícil de controlar, como se dijo el jueves. El presidente tuvo que rectificar y decir que había sido una violación, un ataque a la integridad territorial de España. Ha sido una invasión que recuerda la Marcha Verde enviada por Hasán II en 1975, cuando Francisco Franco agonizaba y el régimen vivía su mayor momento de debilidad desde el bloqueo al que fue sometido por las potencias occidentales al terminar la II Guerra Mundial. Ahora el panorama, aunque distinto, es muy parecido porque el Gobierno de Pedro Sánchez es el más débil que ha tenido España desde que se restauró la democracia: tres años sin Presupuestos, sin mayoría en el Congreso y zarandeado por los partidos separatistas que lo mantienen con respiración asistida y lo ningunean al mismo tiempo. Está, además, alejado de Estados Unidos y marginado de donde se toman las decisiones clave en la UE. Y eso lo sabe Marruecos, que este año celebra el 70 aniversario de su independencia convertido en una máquina de exportar hombres pobres a Europa.

Una vez más, el gobierno trató de escurrir el bulto en el primer momento de la invasión cuando argumentó que no tenía competencias legales para intervenir en este tipo de inmigraciones incontroladas. También la semana pasada adujo que no podía asumir el control total de la lucha contra los incendios de Madrid si el gobierno de la comunidad no daba más razones y detalles. Entonces y ahora ha tenido que envainársela, dar marcha atrás y hacer frente a dos desastres. Está claro, tenemos un gobierno que evita dar la cara cuando le vienen mal dadas.

Lo que ha ocurrido en Ceuta va mucho más allá de un serio problema migratorio y de orden público; es una invasión del territorio español diseñada por el Gobierno marroquí. No nos engañemos, nadie se puede creer que en Marruecos se organice una concentración espontánea de más de 50.000 personas sin el apoyo de su gobierno, porque esa gente tiene que comer, beber y otras cosas que no se consiguen fácilmente. Si a eso añadimos la pasividad de los gendarmes marroquíes, la evidencia está servida: estamos ante una prueba de fuerza, ante una advertencia del Gobierno de Marruecos para decirnos que pueden invadirnos en pocas horas y sin el menor problema. El hecho de que el viernes decenas de miles de invasores regresaran mansamente a Marruecos lo confirma. Obedecieron al mismo silbato que el día anterior les había ordenado invadir Ceuta.

¿Por qué lo han hecho con tanta impunidad? Sencillamente, porque el Gobierno español ha renunciado a utilizar los medios de que dispone para impedir la invasión. España tiene 154.000 guardias civiles y policías y más de 116.000 miembros de las Fuerzas Armadas; en total, unos 270.000 hombres armados. Y el gobierno ha enviado un refuerzo de no más de 300 agentes, incapaces de proteger a los ceutíes y a sus comercios, algunos de ellos saqueados. Dispone también de recursos económicos sobrados con los que construir barreras en el mar y diques en tierra para impedir que Ceuta sea un coladero. Y no lo hizo.

El gobierno ha endosado a las mafias la culpa de lo que está ocurriendo. Pero esta excusa se vuelve contra él y le deja aún más en ridículo. Porque si es criticable que el Gobierno marroquí doblegue al Estado español, sería más humillante que quien lo hiciera fuera una organización de delincuentes que le ha ganado por la mano.

Nadie se puede creer que sean las mafias ni que el Gobierno español no supiera con antelación suficiente lo que se estaba tramando al otro lado de la frontera entre Ceuta y Marruecos. Es evidente que el CNI tenía esa información y la pasó al Gobierno. Y es también evidente que, aun conociéndola, el gobierno no hizo nada.

¿Por qué? Solo hay dos posibles respuestas. O por incompetencia de quien no es capaz de mover un dedo para defender el territorio nacional de una invasión. O porque, teniendo conocimiento de lo que se tramaba, alguien en las alturas del poder está maniatado por una información que tendría el Gobierno marroquí con fuerza suficiente para amenazar con hacerla pública. Que Pedro Sánchez diera en Ceuta las gracias a Marruecos «por su colaboración» y Marlaska lo considere «un socio fiable» son un indicio más que preocupante.

Lo que ha ocurrido en estos días se resume en un mensaje diáfano de Marruecos: mirad lo que somos capaces de hacer.

  • Emilio Contreras es periodista