- La duda va creciendo: ¿está este hombre psicológicamente apto para el cargo que desempeña?
Afinales de los 70, cuando la bella y curiosa isla volcánica de Lanzarote no era todavía un imán turístico, el rey Husein de Jordania encargó la construcción de un palacete de descanso en su costa. Se llamó La Mareta, en recuerdo del aljibe que allí había. El artista local César Manrique hermoseó el recinto con su mano única para unir los edificios blancos de vuelo bajo con la fuerza telúrica de la tierra negra y los apuntes verdes de la flora autóctona. Un edén en el Atlántico.
En 1989, Husein regaló la mansión a Juan Carlos I y pasó a Patrimonio Nacional, como lugar de descanso de reyes y estadistas. Nadie ha disfrutado tanto de ese relax a costa del erario público como el presidente Sánchez, su mayor inquilino. El año pasado, su estancia junto a su familia le costó a las arcas del Estado 11.322 euros en concepto de alojamiento y 22.711 euros por manutención. Este año, Presidencia aprobó una partida de 16.000 euros para la puesta a punto de La Mareta, a fin de que el mandatario encontrase todo a su gusto durante su largo asueto agosteño. Allí contará con un séquito de once asistentes, además de su enorme blindaje de seguridad.
La Mareta ocupa una parcela equivalente a cuatro canchas de fútbol, con helipuerto, estanque, una hermosa y amplia piscina, jardín ornamental, canchas de tenis y baloncesto y varios balcones que dominan un crepúsculo oceánico de ensueño. Además, la finca ofrece salida directa al mar y absoluta privacidad. No se está nada mal en La Mareta.
Sánchez se levanta y desayuna con Begoña, que a la vuelta se enfrentará al jurado popular. Hablan de sus cosas e intentan relajarse mientras contemplan el mar a través de los enormes ventanales. No se está nada mal en La Mareta… Mientras tanto, en Ceuta, agentes de la Guardia Civil, extenuados tras horas y horas de servicio en situación límite, siguen sacando cadáveres de la playa e intentando impedir que lleguen a nado más jóvenes. Van ya 72 muertos, según el Gobierno. Fuentes locales temen que serán unos cien. Una tragedia espantosa, provocada por Marruecos, que dejó hacer. En La Mareta, Pedro y Begoña comentan lo sabrosa que está la fruta fresca del desayuno.
Tras almorzar, Pedro, gran deportista, sale a trotar por el jardín. En sus auriculares suena su playlist de verano, la que recomendó con mucha risa en la mañana en la que España y Europa se estremecían con lo ocurrido en Ceuta. A la misma hora, por la plaza española circulan todavía centenares de inmigrantes sin rumbo. Los altercados se suceden. Los ceutíes, asustados, lamentan la inseguridad en barrios como La Colina, donde denuncian «batallas campales». Pedro trota y piensa en lo muy en forma que está para sus 54 tacos.
Tras la carrera, lanza un par de canastas en la cancha de baloncesto. Se le van fuera. Siempre ha sido bastante torpe, como sabían en Estudiantes. El Rey ha ordenado a sus portavoces que hagan saber que está «indignado» por lo ocurrido y que exige al Gobierno que tome medidas. Sánchez se sonríe. Hace ya mucho tiempo que le resbala el Rey.
Tras la ducha, un baño en la espléndida piscina y a coger un poco de tono en la hamaca. Feijóo y Abascal, panolis ellos, se encuentran a esas horas en Ceuta, acompañando y escuchando a los vecinos.
Almuerzo suculento y siesta relajante, mientras los informativos y los periódicos de todo el mundo se escandalizan ante el descontrol en una frontera española y europea. Incluso El País, su BOE, reconoce que el aluvión ha sido provocado por Marruecos (aunque se cuida de no criticar los inexplicables elogios de Sánchez al culpable de lo que él mismo ha llamado «una violación de la integridad territorial de España»). Sánchez, en el duermevela de la siesta, piensa: «Tranquilidad, al final siempre he sobrevivido a todo…».
Acaba el día. Begoña y Pedro contemplan la puesta de sol desde el balcón con unos mojitos en la mano: «¡Qué preciosidad, ¿verdad, cariño?», comenta él meloso. En Ceuta comienza otra noche incierta. El CETI está desbordado, con 700 inmigrantes dentro y una marea rodeándolo. Soldados y policías insomnes trabajan para salvaguardar la seguridad. Los ceutíes sienten que su ciudad se ha convertido en un polvorín. Madres y padres marroquíes buscan a sus hijos desaparecidos, o lloran a sus muertos, entre los que hay una docena de menores y al menos dos mujeres.
Mohamed VI saborea en algún palacio de hiperlujo su victoria a costa de su pueblo, al que de manera repulsiva ha utilizado como munición humana para su guerra híbrida. Sánchez le da un sorbo al mojito y pide al mayordomo que le pinche su playlist de música relajante. España es hoy el paria de Occidente. No se está nada mal en La Mareta…
Dos dudas van creciendo: ¿Está este hombre psicológicamente apto para su cargo? ¿Qué encontraron los servicios secretos marroquíes en aquel teléfono?