Almudena Martínez-Fornés-El Debate
- La mejor forma de reivindicar la españolidad de las dos Ciudades autónomas frente a la amenaza marroquí es con una visita de Don Felipe y Doña Letizia, pero esa decisión depende del Gobierno
Después de doce años de reinado, todavía hay algunos españoles que no conocen al Rey y que creen equivocadamente que Don Felipe ha preferido quedarse en Palma regateando, en lugar de visitar Ceuta y Melilla tras la clara amenaza enviada por Marruecos. Nada más lejos de la realidad.
El Rey siempre ha estado dispuesto a cualquier renuncia personal para estar cerca de los ciudadanos que han vivido momentos difíciles, como les ocurre ahora a ceutíes y melillenses; pero en este caso no se trata solo de trasladar afecto a quienes lo están pasando mal, sino de reivindicar la españolidad de Ceuta y Melilla frente a la amenaza marroquí, y la mejor forma de hacerlo es con una visita de los Reyes, como reclaman muchos españoles.
El propio Don Felipe lleva tiempo queriendo visitar estas dos Ciudades Autónomas, que son las únicas que no ha podido visitar en los doce años de reinado. Pero no lo pudo hacer con el Gobierno de Mariano Rajoy ni tampoco ahora con el de Pedro Sánchez. Como en toda Monarquía Parlamentaria, el Rey necesita el refrendo del Ejecutivo. En el anterior reinado, Don Juan Carlos y Doña Sofía solo pudieron ir una vez, en 2007, a cada una de estas Ciudades Autónomas, que son tan españolas como La Coruña o Málaga, y aquellas visitas se convirtieron en una fiesta de españolidad.
La hoja de servicios del Rey
Para conocer la disposición del Rey basta con ver su hoja de servicios, no solo de los doce años de reinado, sino también de su etapa como Príncipe de Asturias. No ha habido catástrofe, atentado o accidente masivo en España en el que Don Felipe no estuviera dispuesto a acompañar a las víctimas y a reconfortar a sus familias y seres queridos.
El año pasado interrumpió sus vacaciones, a los pocos días de empezarlas, y regresó desde Grecia a Madrid para seguir de cerca la evolución de los incendios que asolaban varias Comunidades autónomas, aunque luego no pudo visitar las zonas quemadas hasta la última semana de agosto, después de que lo hiciera Pedro Sánchez.
El Rey nunca ha eludido las grandes tragedias. Ahí estaba en el entierro de Miguel Ángel Blanco, tras su asesinato por ETA; en los hospitales con los heridos tras el atentado del 11-M, en los funerales del Yak-42, en el terremoto de Lorca, en la pandemia de covid, en los ataques terroristas de Barcelona y Cambrils, con las víctimas del volcán de La Palma, en los municipios afectados por las inundaciones y en las poblaciones que se ven devastadas cada verano por los incendios forestales.
Quienes han estado trabajando cerca del Rey lo cuentan: en cuanto ocurre alguna desgracia en España, él es el primero que se pregunta qué puedo hacer, el primero que se ofrece.
Exponerse al enfado y a encerronas
En algunas ocasiones, acudir al lugar de una tragedia supone exponerse al enfado de los afectados, como les ocurrió en Paiporta, cuyos vecinos se sentían abandonados por el Estado y la Comunidad Valenciana. Los Reyes sabían con antelación el ambiente que se vivía en ese municipio valenciano, en el que les recibieron lanzándoles barro y algunas piedras, que hirieron a algunos de sus escoltas. Pero, aún así, quisieron ir y aguantar el chaparrón, y salieron fortalecidos.
En Barcelona, el 26 de agosto de 2017 los separatistas hicieron una encerrona a Don Felipe, cuando asistió a la manifestación contra los atentados terroristas perpetrados unos días antes en Cataluña. Los separatistas aprovecharon su presencia para convertir el acto en una protesta contra la Corona. Pero aún así, el Rey regresó una y otra vez a Barcelona.
Practicar deporte
En estos días, algunos ciudadanos no entienden que el Rey esté practicando deporte en Palma -regateando en la Copa del Rey Mapfre- tras la amenaza de Marruecos a Ceuta y Melilla. Pero el hecho de que salga a navegar no quiere decir que no esté preocupado y dispuesto a actuar en cualquier momento para defender la integridad territorial de España, sino que estas decisiones dependen del Gobierno.
Cuando empezó la invasión, el Rey estuvo cuatro días encerrado en el Palacio de Marivent siguiendo los acontecimientos desde su despacho y hablando con las autoridades y con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Y el sábado por la tarde La Zarzuela informó a los medios de comunicación de que «el Rey cree necesario adoptar todas aquellas medidas que transmitan de forma unida, clara y determinante a las poblaciones de Ceuta y Melilla el apoyo y cariño del resto de España. El Estado debe velar por su seguridad y por evitar que estos hechos– que además, se han traducido en una triste y trágica pérdida de decenas de vidas– vuelvan a repetirse».