Luis Ventoso-El Debate
  • Washington defiende la «inequívoca» españolidad de Ceuta y Melilla al tiempo que acusa al Gobierno de inhibirse de manera «vergonzosa» en la defensa de sus fronteras

Durante buena parte del siglo XX la izquierda europea sentía simpatía por la Unión Soviética y alergia hacia Estados Unidos. Ejemplo de ese agudo error de juicio fueron algunos exquisitos filósofos parisinos de sofisticado alterne y mucho aplauso, a los que les costó horrores aceptar que el padrecito Stalin fue un salvaje genocida.

Todavía hoy los crímenes del comunismo, la ideología más asesina de la historia por volumen de muertos, no computan para nuestra izquierda, que además sigue siendo antiestadounidense por instinto. Según su visión reduccionista y distorsionada, la primera potencia del mundo, una democracia de enorme solera, no es más que una nación grotesca y rota, zarandeada además ahora por un clown populista, Trump.

La tozuda realidad refleja que Estados Unidos sigue siendo la vanguardia del ingenio humano (ahí está la revolución de la IA). Políticamente, conservan unos contrapesos y unas bases legales muy sólidas, que quedan salvaguardadas pese a las acometidas que pueda intentar el mandatario de turno.

Por todo ello a algunos nos olían a chamusquina las informaciones de días pasados que destacaban, como si fuese letra de ley, un informe que circuló por el Congreso de EE. UU. donde se decía que Ceuta y Melilla están en territorio marroquí y que es tiempo de negociar su estatus. En una entrevista con Politico, el portavoz de la Secretaría de Estado, la cartera de Marco Rubio, ha dejado las cosas más que claras: «Los Estados Unidos apoyan de manera inequívoca la soberanía española de Ceuta y Melilla».

El portavoz, Tommy Pigott, califica de «nefastos» a los autores del informe promarroquí del Congreso estadounidense y señala que su objetivo era «distraer sobre la vergonzosa negativa del Gobierno de España a defender a su gente ante una invasión de inmigrantes en Ceuta».

El Gobierno de EE.UU. lo tiene tan claro que lo enfatiza: lo ocurrido en Ceuta «es consecuencia directa de la renuncia del Gobierno de España a defender su soberanía, la seguridad de sus fronteras y la protección de su gente». También cree que la invasión «muestra la vulnerabilidad de las dos ciudades del norte de África» y califica lo sucedido de «ataque híbrido». Por último, señala que la debilidad de Ceuta y Melilla supone «una amenaza a la seguridad europea».

¡Oh sorpresa! Con la visión nítida que aporta la distancia, el Gobierno de la nación más poderosa del mundo concluye lo que nos dictaba desde el minuto uno el puro sentido común. Es decir, que una ciudad española ha sufrido una invasión con tácticas de guerra híbrida y que el Gobierno de Sánchez no ha sabido protegerla, incumpliendo con su deber de una manera lamentable, «vergonzosa». Y no solo eso, añadimos nosotros, en lugar de estar al pie del cañón, el presidente, un frívolo desalmado, se ha largado de vacaciones. Incluso en la hora más crítica se dedicaba a subir entre risitas sus canciones del verano mientras iban sacando del agua a más de cien muertos. Nerón tocando la lira con Roma ardiendo a sus espaldas.

El cañón de la propaganda televisiva del sanchismo hace que parte de la población se niegue a ver lo evidente: tenemos un gobierno que incumple un principio básico sobre el que se asienta todo Estado, el de la protección de sus fronteras y la defensa de su soberanía. ¿Cuál ha sido la reacción de nuestro simulacro de gobernante? Hacerle la rosca a Marruecos, el atacante, y elogiar su colaboración; abrir una peleíta de distracción con Italia y montar ayer en La Mareta una seudo reunión de «monitorización de la crisis», para componer unas caritas de sumo interés con el flamante bronceado antes de retornar a la hamaca a pasar de todo.

Se agradece la certera bofetada dialéctica que le ha aplicado el Gobierno de Estados Unidos, que no hace más que exponer la verdad. Un incompetente y un frívolo, rehén en casa de los separatistas y ahí fuera de un sátrapa al que rinde una inexplicable pleitesía.