Teodoro León Gross-ABC
- El presidente con más carga de corrupción en democracia se presenta como una víctima de la cacería de la fachosfera togada a la que jalea la fachosfera mediática
La Mareta es, a su modo, El Ventorro de Sánchez. Sin ser lo mismo, ejerce de refugio lejos de la realidad dramática que ha sembrado un lugar de España de cadáveres. «Son cosas que ocurren», es el mensaje oficial. El presidente ha colgado el cartel de ‘Do not disturb’ y veta a sus socios que pidan una sesión extraordinaria en el Congreso para dar explicaciones sobre Ceuta. Y sus socios, una vez más, obedecerán, simulando dignidad con la petición de sacar a Marruecos del Mundial de 2030. Total, 140 muertos pueden esperar. Sánchez ya disfruta en Lanzarote de la desahogada naturalidad con que él mueve los hilos del escenario, quizá con un mojito y su ‘playlist’ (¡qué evidente es que las canciones que recomienda sí las oye, pero los libros no los ha leído!) frente a un mar, ése sí, bien vigilado. Sus ministros sólo acudirán al Congreso a final de agosto, cuando él ya haga las maletas para regresar a Madrid. Si la realidad no te da tregua, tú le impones la tregua a la realidad.
En Moncloa sí trabaja el equipo de guardia para revertir el relato. Esto ya no va de 140 muertos, de una violación del territorio nacional provocando una doble crisis de seguridad e inmigración ilegal, de la connivencia de un vecino desleal con otras reglas… sino de los fachas del PP y el reparto de menas. Una vez más hay que descubrirse ante el talento de esos cabezas de huevo que dirigen la conversación pública. Como sucede con la corrupción, que en los discursos de Sánchez parece una pequeña excrecencia obviando la acumulación episodios oscuros que afectan a sus hombres de máxima confianza, a las instituciones del Estado y a su propia familia. El presidente con más carga de corrupción en democracia se presenta como una víctima de la cacería de la fachosfera togada a la que jalea la fachosfera mediática. Pues eso, la corrupción va de ‘lawfare’ y lo de Ceuta va de las comunidades fachas del PP.
Sánchez quería que colgar el cartel de ‘cerrado por vacaciones’ y dejar que las olas narcoticen el país por unas semanas. Obligar al Rey Felipe a permanecer en Mallorca, sin ir a Ceuta, es un modo de cubrirse él. Y los panolis salen en su apoyo: ¡tiene derecho a vacaciones! Pues claro, vaya perogrullada… tiene derecho, salvo que la realidad exija al presidente en el puesto de mando. Pero ha inventado, como con la corrupción, un código propio de la responsabilidad política: «Son cosas que pasan… no hay que buscar responsables». Ah, ¿no? 140 muertos, una invasión de 70.000 personas con gendarmes marroquíes indicando la ruta, avisos fallidos de los servicios de inteligencia y seguridad, mentiras notorias, llamadas de auxilio del presidente de Ceuta al que no le cogían el teléfono, miles de asaltantes en Ceuta, tal vez 2.000 menores por reubicar… pero no hay que buscar responsables. Se ve que Sánchez también ha acogido los códigos de la ‘democracia’ de Marruecos.