- El resultado de ocho años de Pedro Sánchez es la España más derechizada de la historia.
PP y Vox suman hoy, de acuerdo con el último sondeo de Sociométrica para EL ESPAÑOL, 207 escaños, al borde de los 210 necesarios para poner en marcha una reforma de la Constitución por el procedimiento ordinario.
Ni siquiera la aplastante mayoría absoluta de Felipe González en 1982 (202 escaños) llegó a esos 207 diputados que podrían hoy tener PP y Vox.
Dicho de otra manera: la España de hoy es mucho más de derechas que la España más izquierdista de la historia de la democracia.
«Es proverbial la habilidad del PP para ganar las elecciones cuando no están convocadas», ha dicho John Müller en X, y hay algo de verdad en su ironía. Pero es una verdad que se basa en un único resultado extraño: el de las elecciones generales de 2023, las más anómalas de la historia de España.
Es obvio que los sondeos no garantizan la victoria en las urnas. Pero Sociométrica se ha confirmado una y otra vez en todos los rankings como la encuestadora más fiable de los últimos años en España. Nadie identifica mejor las tendencias sociológicas que ellos. Merece todo el crédito.
El bloque de izquierdas (PSOE + Sumar + Podemos) cae en el sondeo de EL ESPAÑOL hasta su mínimo histórico: 112 escaños y el 34,6% del voto.
Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en el Congreso de los Diputados.
Es el peor resultado de la izquierda española en cuarenta y ocho años de democracia.
El segundo peor resultado de la izquierda en democracia fue el de 2011, cuando el PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba se quedó en 110 escaños y la IU de Cayo Lara en once para un total de 121.
Es decir, Pedro Sánchez, que ya atesora el peor y el segundo peor resultado histórico del PSOE (85 escaños en 2016 y 90 en 2015), conseguiría un nuevo hito histórico: hundir a la izquierda en su conjunto a su resultado más lamentable en casi cincuenta años de democracia.
Y no precisamente por poco. Sánchez, Sumar y Podemos obtendrían nueve escaños menos que en 2011, haciendo bueno por comparación el resultado de Alfredo Pérez Rubalcaba y Cayo Lara.
Que el peor candidato electoral de la historia del PSOE haya gobernado durante ocho años de forma casi autocrática no debe interpretarse por tanto como una virtud de Sánchez, sino como un defecto de la arquitectura institucional de nuestro país.
Es hora de demoler mitos perezosos. Sánchez no es una especie mejor adaptada al entorno destinada a prevalecer sobre sus rivales en la cadena alimentaria, sino una infección demoscópica oportunista que ha aprovechado una debilidad intrínseca del sistema.
Y por eso España es hoy una democracia en cuarentena y Sánchez, un gobernante «paria», según el diario británico The Telegraph.
The Spanish prime minister recently made headlines around the world after about 72,000 migrants swam or burst into Spain’s north African enclave Ceuta. By Aug 4, Spain estimated 70,000 of 72,000 who had crossed had returned to Morocco.
But the sight of tens of thousands of… pic.twitter.com/wOQ1eyROce
— The Telegraph (@Telegraph) August 9, 2026
¿Por qué se sostiene entonces el PSOE por encima de los cien escaños?
En primer lugar, porque absorbe el voto residual de Sumar y Podemos, dos partidos en acelerado proceso de putrefacción.
En segundo lugar, porque Sánchez se ha convertido en el último refugio de la izquierda en España. Dado que los partidos a su izquierda son irrelevantes, al votante de izquierdas no le queda otra opción electoral que atrincherarse en el voto al PSOE.
Y Sánchez ha correspondido a ese atrincheramiento dándole a ese votante lo que este deseaba: una resistencia numantina a la alternancia democrática.
Pero aquí viene la paradoja. Una y otra vez los sondeos de opinión de EL ESPAÑOL demuestran que una buena parte de los votantes del PSOE pide lo mismo que los del PP y Vox.
1. Elecciones generales inmediatas
2. El fin de los privilegios para PNV, EH Bildu, ERC y Junts
3. La expulsión de todos los menas de España
4. La paralización de la regularización de ilegales y la derogación de la ley de nietos
5. La dimisión del propio Pedro Sánchez
Son sólo cinco ejemplos entre otros. Hay muchos más: la okupación, la fiscalidad extractiva, la amnistía para los golpistas del procés, los indultos de los corruptos del PSOE y de Junts, la relación con Marruecos, la corrupción del PSOE y de la familia de Pedro Sánchez.
Entonces, ¿cuáles son las bolsas de votos que le permiten a Sánchez mantenerse en el entorno de los 100-110 escaños si una amplia parte de los votantes del PSOE son ya sociológicamente indistinguibles de los del PP?
La primera es el voto cautivo procedente de las clases sociales dependientes del Estado (funcionarios, jubilados, sindicalistas y perceptores de ayudas y subsidios). Este es el voto cautivo del PSOE, que Sánchez quiere engrosar a corto y medio plazo mediante la ley de nietos y la regularización de ilegales.
La segunda bolsa de votantes del PSOE es la del voto destructivo. Es el voto de aquellos que no votan tanto para que Pedro Sánchez sea presidente, sino para que Alberto Núñez Feijóo no lo sea.
Esos votantes prefieren un país paralizado con un presidente del PSOE que uno funcional gobernado por el PP.
Este es el voto trol.
El voto trol es la lógica de la polarización llevada al extremo de la metástasis social, y es el punto en el que el voto nacionalista fluctúa en las circunstancias adecuadas hacia el PSOE, como ocurrió en 2023. Porque a quien tiene entre sus objetivos la ruptura territorial de su país le importa un rábano quien lo presida. Y, de hecho, cuanto más destructivo sea ese líder, como es el caso de Sánchez, mejor. Podríamos llamarlo un aceleracionismo a la española.
La tercera bolsa es la psicológica. Aunque sociológicamente muchos votantes del PSOE son hoy indistinguibles de un votante de derechas (en un test a ciegas darían su aprobación al 90% del programa del PP, especialmente en lo relativo a la vivienda y la inmigración), su autopercepción les impide votar a Alberto Núñez Feijóo porque siguen asociando a la izquierda en general, y al PSOE en particular, a un estatus moral privilegiado.
Esos votantes sufren dismorfia ideológica. Les gusta más la Pepsi, pero siguen bebiendo Coca-Cola porque la publicidad les ha convencido de que esa es la opción moralmente correcta. En el franquismo, esos votantes habrían sido franquistas porque eso era lo moralmente correcto entonces. En la Cataluña de los años 80, convergentes. En la España de Sánchez son socialistas porque eso es lo que, según La 1, debe ser un ciudadano decente.
Para esos votantes, su autopercepción es más importante que la realidad. Y cuando ambas entran en conflicto, la autopercepción prevalece por encima de la evidencia de que Pedro Sánchez es el gobernante más corrupto y autoritario de la historia de la democracia española.
El resultado de ocho años de Pedro Sánchez es la España más derechizada de la historia.
Una España que ya no pide un «socialismo bien gestionado», si es que alguna vez lo ha pedido, sino una derecha que aplique políticas de derechas, a caballo del liberalismo y del conservadurismo, en temas como la inmigración, la vivienda, la educación o la fiscalidad.
No habrá otra oportunidad para la derecha española. En cinco años, el censo electoral español será otro completamente diferente.