Marisol Oviaño-Vozpópuli

  • Los españoles irán abandonando Ceuta del mismo modo que el Gobierno los ha abandonado a ellos

Imagina vivir en Ceuta. Levantarte una mañana y ver a miles de marroquíes corriendo alborozados como si hubieran alcanzado el paraíso sin necesidad de morir y estuvieran buscando a las huríes prometidas —tus hijas— al grito de “¡Viva Pidrio Chánches!”. Desde la península no nos hacemos una idea del terror que están pasando los caballas; leí el otro día que en la única armería de la zona se han agotado los espráis de pimienta. Las FCSE y el Ejército cumplen órdenes maniatados por un gobierno que parece el enemigo, y se limitan a contener el caos en lugar de cortarlo de raíz. 

Así, pasan los días y los miles de invasores que no se marcharon durante las primeras 48 horas van perdiendo el miedo: la policía española no es la marroquí. Por eso, y ante el temor a que les okupen la casa, muchos de nuestros compatriotas han anulado sus vacaciones. Pero ni siquiera les queda el consuelo de ir a la playa, pues ahora son insalubres poblados de chozas en los que los africanos comen, hacen sus necesidades y acumulan basura. Los servicios de limpieza tampoco dan abasto; todos los servicios públicos han colapsado. También los médicos, diga lo que diga la inútil de Mónica García, están desbordados: ya no pueden asistir a los ceutíes, pues les faltan manos para atender fracturas, heridas de arma blanca, sarna, impétigo, tuberculosis… Y vaticinan que pronto habrá epidemias de sarampión, cólera, fiebres tifoideas y tétanos.

Los inmigrantes como arma

Los gritos de auxilio de los ceutíes no alteran el veraneo en la dacha de la Mareta; quién sabe si nuestro Conducător no ha entregado ya Ceuta al moro y sólo está esperando tranquilamente el desenlace. El otro día le vimos salir a bucear en una de las tres lanchas zodiac de la GEAS de la Guardia Civil en Las Palmas. Sospecho que es consciente de que esa estampa nos recuerda a los guardias civiles embestidos por una narcolancha en Barbate; pero quizá no nos está mandando el mensaje a nosotros, sino a Mohamed VI. 

Por su parte, Marruecos es como el coronel que interpretaba Jack Nicholson en Algunos hombres buenosel hombre armado que vigila el muro. Lo malo es que el Comendador de los Creyentes no es el Coronel Nathan R. Jessep, sino el rey de los bárbaros al que España y la UE pagan para que haga el trabajo sucio y retenga la inmigración. De ese modo, los europeos podemos seguir creyéndonos mejores que los demás, campeones mundiales de los derechos humanos. Y, conocedor de nuestro talón de Aquiles, Mohamed VI lleva mucho tiempo utilizando a los inmigrantes como arma en la guerra híbrida que mantiene contra nosotros, que no nos atrevemos ni a pegar un tiro al aire. 

Al contrario de lo que nos quisieron hacer creer Sánchez y Marlaska en su visita relámpago a Ceuta, Marruecos no es nuestro socio, sino nuestro peor enemigo externo. Y ahora, encima, se hace el digno y dice que quiere recuperar in-me-dia-ta-men-te a los menas de Ceuta y a todos los que están repartidos por España. Albares —más conocido en las redes sociales como el botones Sacarino— estuvo el martes en territorio caballa y dijo que, gracias a la colaboración con la diplomacia marroquí, puede asegurar que «hasta la última persona que ha entrado irregularmente en España vuelva a Marruecos”.

Un país invivible

El chantajista siempre desprecia al chantajeado, y al principio pensé que, al dar a Sánchez por amortizado, el sátrapa marroquí planeaba acabar con él y hundir el elefantiásico e hipócrita negocio de la inmigración ilegal, del que participan mayoritariamente todos los partidos políticos de izquierdas, pero también la Iglesia y el PP. Sin embargo, esa preocupación por recuperar a los menores puede ser sólo taqiyya para mejorar la imagen de Marruecos y ganar tiempo. Su objetivo es organizar la final del mundial y, también, quedarse nuestras ciudades africanas; pero el episodio del asalto a Ceuta, lejos de proyectar una posición de fuerza, ha mostrado al mundo que Marruecos es un país invivible del que los niños y los jóvenes huyen: mal sitio para ser escaparate futbolístico. Por eso ahora reclama a los menores como si le preocuparan algo y no supiera que repatriarlos es un laberinto burocrático pensado para no soltar el business. Pregúntale a la IA cuáles son los pasos para devolver a un menor con sus padres y alucina. 

Las familias marroquíes mandan a sus hijos a Ceuta, y ya hay padres ceutíes enviando a sus hijos a la península. Las clases empiezan dentro de un mes y seguramente la situación no habrá mejorado para entonces; al contrario, quizá hasta haya habido más asaltos a la frontera y la inseguridad sea todavía mayor. Reclamando a los menores, Marruecos sólo está ganando tiempo: poco a poco, ante la imposibilidad de hacer una vida normal, los españoles irán abandonando la ciudad del mismo modo que el gobierno de España los ha abandonado a ellos. Y en el caso de que muchos ceutíes se resistieran a marcharse, Mohamed VI —o su hijo, que dicen que es peor— siempre podrá mandar una invasión armada para recuperar los menores que le hemos secuestrado. El que pueda rezar, que rece.