Mikel Buesa-La Razón

  • Transcurrido un año del controvertido contrato Huawei para la gestión policial, el estamento de inteligencia español ha cuestionado, por existir riesgo de espionaje, la instalación del constructor de automóviles SAIC Motor en El Ferrol, junto a la base de la Armada

Resuelta la guerra del opio en favor del contendiente británico, el Tratado de Pekín, suscrito por éste con el emperador Qing en 1860, obligó a China a autorizar la emigración de sus súbditos. En unas pocas décadas, las comunidades de obreros chinos se extendieron por el mundo anglosajón, de manera que, hacia 1900, sumaban varias decenas de miles de individuos. Fue entonces cuando se difundió la idea del «peligro amarillo», pues aquellos trabajadores competían con los autóctonos. La idea se magnificó cuando, al filo del cambio de siglo, el levantamiento de los bóxers puso en jaque a las legaciones occidentales durante 55 días en Pekín. Diez años más tarde, Sax Rohmer, un escritor popular que apenas sabía nada de China, simbolizó aquella amenaza creando el personaje del Doctor Fu-Manchú, un individuo «de rostro repulsivo» que, según su autor, encarnaba «una emanación diabólica, un arcángel del mal». La historiadora Julia Lovell señala en su obra sobre aquella guerra que «Fu-Manchú ha generado un persistente alarmismo occidental contra China»; y considera que el «peligro amarillo» es un estereotipo irreal.

Sin embargo, la poderosa expansión industrial de China, basada en gran medida en la transferencia de la tecnología y la producción occidental a ese país, buscando unos bajos costes de mano de obra, ha cambiado ya las tornas y ha convertido a China no sólo en un rival arrollador, sino en una potencia militar que, bajo el liderazgo comunista, desde hace poco más de una década, busca extender su dominio por el mundo a través de la «Nueva Ruta de la Seda». La rápida progresión de la presencia portuaria china por varios países —entre ellos, España—, el refuerzo de las conexiones ferroviarias con Europa —con estación término también en nuestro país— y el control tecnológico de las telecomunicaciones, han hecho saltar las alarmas en Alemania, Estados Unidos o la Comisión Europea. Ahora, transcurrido un año del controvertido contrato Huawei para la gestión policial, el estamento de inteligencia español ha cuestionado, por existir riesgo de espionaje, la instalación del constructor de automóviles SAIC Motor en El Ferrol, junto a la base de la Armada. El «peligro amarillo» no es ya un tópico y ha retornado camuflado de promesa de desarrollo económico.