Fernando Navarro-El Español
  • La segunda ola woke tiene dos ingredientes: el islam y el comunismo.

Francesca Hong, que aspiraba a ser gobernadora de Wisconsin, quería acabar con el Día de Acción de Gracias.

Tampoco le gustan las Navidades, y cree que el Día de San Valentín «saca lo peor de la humanidad».

Además, se manifestó partidaria de abolir la policía, que considera un instrumento de represión de las minorías.

Preguntada sobre todo esto, Alexandria Ocasio-Cortez quitó importancia al asunto. «Tengo un concejal que suele decir que la primera ola woke fue una locura», dijo. Y al decir esto se rio como una loca y mostró unos dientes blanquísimos que le permitirán grabar excelentes TikToks.

«Creo que lo importante es evaluar lo que dice el candidato ahora», añadió.

Pelillos a la mar. ¿Quién no ha cometido alguna locura?

El caso es que Ocasio-Cortez surfeó espectacularmente la primera ola woke. A ella también le parecía bien retirar fondos a la policía. Y abolir el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas porque los centros de detención de inmigrantes eran, sencillamente, «campos de concentración».

Por supuesto, se apuntó al catastrofismo climático y expuso la necesidad de acabar por completo con las emisiones de CO2 en diez años porque, de lo contrario, «el mundo va a terminar en doce años».

Ah, también creía que la sociedad norteamericana es irremediablemente racista y machista, desconfiaba profundamente de los hombres blancos heterosexuales, y decía que lo que más le relajaba era ponerse un espectáculo trans.

Ja, ja, «qué locura todo», dirá ahora.

Pero ¿cuál era la locura de la que ahora se parte de risa Alexandria Ocasio-Cortez?

¿Ya no cree en las invisibles relaciones de poder que, según los creyentes, segrega el capitalismo y dividen el mundo entre opresores y oprimidos?

¿Va a combatir a partir de ahora la tendencia, que ella promovió, de subsumir a las personas en identidades y colectivos?

¿Ha entendido finalmente que, precisamente por haber abierto la puerta la tribalización dentro de la sociedad, lo woke ha sido absolutamente destructivo?

¿Ha comprendido que ha sido una enmienda a la totalidad a la civilización occidental?

Obviamente, Alexandria Ocasio-Cortez no ha hecho propósito sincero de enmienda porque no ha entendido cabalmente el disparate en el que ha participado.

Por eso a algunos nos resulta repulsivo ver cómo ríe ahora de una histeria que ella promovió activamente, pero no somos su público objetivo.

Si Alexandria Ocasio-Cortez quiere ahora desvincularse de la ola es porque sus expertos en demoscopia le avisan de que puede sufrir lo que los surferos llaman un wipe out, un revolcón.

Sus electores, al parecer, están un poco avergonzados. No mucho, pero sí un poco, y están deseando pasar página (aquí no ha pasado nada) y subirse al siguiente podio moral que les permita mirar el mundo desde la superioridad.

Quien habla de la primera ola, está ya anticipando la segunda. No os preocupéis, chicos, que no vais a quedar desamparados.

¿Cómo será esta segunda ola?

De momento, parece tener dos nuevos ingredientes. La sumisión ante el Islam (muy apropiado) y el comunismo.

[Abro paréntesis. Es difícil criticar el comunismo porque, a diferencia del nazismo, el nombre no se ha impregnado del horror que ha provocado. En realidad cuando uno critica a alguien y lo describe como «comunista» comienza a parecerse a su abuela, que le hablaba de los rojos. Es tremendo. Cierro paréntesis].

En todo caso, fíjense en Zohran Mamdani, actual alcalde de Nueva York. Pertenece a los Socialistas Democráticos de América (con quien también está conectada Alexandria Ocasio-Cortez), y se ha rodeado de gente que dice continuamente cosas comunistas.

Su segunda, Cea Weaver, directora de la Oficina de Protección de Inquilinos, dice que si no crees en el sagrado derecho de expropiar que tiene el Gobierno, no hay nada que hacer, y afirma que entre sus objetivos tiene que estar «empobrecer a la clase media blanca».

Darializa Ávila Chevalier (quédense con este nombre), candidata al Congreso por Nueva York, recomienda expropiar todas las propiedades y los medios de producción.

Sí, confirma Mamdani, entre el objetivo final de algunos socialistas está apropiarse de los medios de producción, y él de momento va a crear unos economatos.

En fin todo esto suena un poquito como comunismo, no como socialdemocracia.

En cuanto a la inclinación musulmana, poco hay que añadir después de haber asistido a la frialdad con la que la izquierda reaccionó a la masacre del 7-O (Darializa Ávila se manifestó ese mismo día… a favor de los palestinos).

En este sentido, estaría bien no tener que esperar unos años para escuchar a un político (quizás Darializa) partirse de risa: ja, ja, qué locura el antisemitismo de la segunda ola. De momento, acaba de surgir un video del propio Mamdani en el que defiende que lo de la ideología está bien para los blancos, pero que para las minorías como la suya lo importante es la identidad.

La, en principio sorprendente, asociación entre la izquierda actual y el islam deriva de que ambas partes consideran Occidente una distopía, no un lugar con problemas que se puedan arreglar.

Por eso el congresista Jamaal Bowman puede afirmar, tan ancho, que nuestro sistema capitalista es como esclavismo con otro nombre.

Esta visión es muy atractiva para algunos políticos, porque sustituye la rendición de cuentas por la exhibición de la virtud y la canalización del resentimiento, que es mucho más sencillo.

A estas alturas ya tenemos claro que lo que les preocupa no es la mejora de su país sino la de sus ingresos. Y no siempre son compatibles.