Marisol Oviaño-Vozpópuli

  • Los que se están forrando son las oenegés. Cobran al Estado por cada manta, por cada botellita de agua, por cada traslado…

Antes aprovechábamos las vacaciones para descansar, ahora todos hablan de desconectar. Y con el año de corrupción made in PSOE que llevamos, pensé que en agosto podría escribir sobre temas livianos y refrescantes. Pero algunas cosas no suceden cuando nos viene bien, sino cuando menos nos apetece; también en julio y también en África empezó nuestra guerra civil hace 90 años. 

A veces, algún lector busca mi correo para opinar sobre una columna —no se compliquen tanto: dejen sus comentarios aquí, los leo todos—. Pero el otro día, uno de esos ceutíes que viven bajo el asedio de los miles de invasores que ni regresaron a sus casas al día siguiente ni tienen ninguna intención de volver por donde han venido, me escribió para contarme la situación. “Le hago saber que en el Polígono del Tarajal hay unos 200 menores durmiendo en el puro suelo, o en cartones o en palés, con higiene escasa, comida deficiente y tapados con lo que buenamente encuentran”.  También me informó de que a las niñas las habían alojado en varios colegios de su barrio para ponerlas a salvo de los violadores.

Al parecer, sus compatriotas las secuestran y las llevan al monte para violarlas en manada, imagínate lo que harán con las infieles cuando se sientan seguros. Supongo que, después de saciarse, las dejarán con las piernas ensangrentadas y bajarán a la playa para confundirse con los demás. Y allí, tal y como les han aleccionado los de las oenegés, gritarán viva España y viva Pedro Sánchez mientras agitan esos cartones en los que les han escrito “Asilo”. Como si en Marruecos hubiera alguna guerra.

Traficantes de personas

A pesar de que muchos llevamos años contando lo que hay tras la inmigración ilegal —mención especial merecen Rubén Pulido, que se juega la vida, y Canario Today, que arriesga lo suyo también—, todavía hay quien compra lotería de la Cruz Roja y camisetas de Open Arms pensando que así ayuda a los pobres cuando, en realidad, está enriqueciendo a los traficantes de personas.

En su visita relámpago a Ceuta, Sánchez y Marlaska culparon de la invasión a las mafias, cuya existencia negaban hasta que han necesitado un chivo expiatorio. Pero las mafias no mueven inmigrantes gratis: los que se están forrando son las oenegés. Cobran al Estado por cada manta, por cada botellita de agua, por cada catre, por cada traslado… Y lo peor es que, como ya he contado otras veces, están extendiendo el business a todos los sectores: fabricantes de mochilas, de ropa y de zapatillas, caterings, peluquerías, abogados, traductores, hoteles, aerolíneas, líneas de autobús, etcétera, etcétera. Es un negocio perverso, porque fomenta con nuestro dinero la invasión que acabará con nuestra civilización. Por eso es tan importante remachar una y otra vez que tras la presunta compasión, sólo hay ánimo de lucro.

¿Y qué hace Sánchez? Mandar a Ceuta a un ministro tras otro para que nieguen la realidad y culpen de todo a esa oposición veraneante. Ni siquiera se oye a Abascal, que ha defraudado las expectativas de quienes ya lo veían a lomos de un pura sangre liderando la reconquista. La sensación de indefensión de ceutíes y resto de españoles es absoluta.

Menudos fachas

Mónica García se ha quejado de que las violadas no hayan acudido a no sé qué sitio feminista. Y como ministra de Sanidad más odiada por su gremio y ser más repelente de nuestra partitocracia, ha llegado a afirmar que no hay ninguna relación entre la invasión —alias emergencia migratoria— y el riesgo de epidemias. Y que quien lo relacione es un xenófobo. La sífilis, la gonorrea, la tuberculosis y las fiebres tifoideas que están tratando los médicos de Ceuta deben de ser, como el abandono que denuncian los ceutíes, “sensaciones subjetivas muy respetables”. Con lo fácil que sería tragar el relato gubernamental, los caballas se emperran en vivir en la realidad y fastidiar las vacaciones a todo el Consejo de ministros; menudos fachas.

Mientras escribo estas líneas, ya son 19 las violadas. Haciendo gala de una inhumanidad sonrojante, el equipo de opinión sincronizada y los quintacolumnistas de Sumar y Podemos —omnipresentes en nuestras pantallas aunque no los vote nadie— siguen la consigna de minimizar estas violaciones porque sólo suceden de migrantos migrantas. Como si la integridad de una adolescente marroquí valiera menos que la de una española. Además, dicen que ya hay una víctima ceutí, aunque las feministas tampoco le echarán cuenta.

Elma como Yoli

Sánchez no parece tener ninguna intención de devolver a los invasores a Marruecos. Cuando Elma Saiz informó de que van a montar algunas carpas para que los invasores estén más cómodos, un periodista de La Vanguardia le preguntó si el gobierno piensa acoger o expulsar. Y ella se soltó a hablar al más puro estilo Yoli sobre nosequé de la legalidad vigente y blablablá: es decir, que aunque hasta Bruselas les esté diciendo que pueden y deben devolverlos a todos, menores incluidos, el gobierno no va a dejar escapar el negocio.

Por eso los pobres ceutíessintiéndose abandonados, escriben a humildes columnistas como yo para que difundamos la verdad y les ayudemos a no caer en el olvido.