• El estrés térmico que sufren muchos colegios de Euskadi exige medidas más ambiciosas para paliar un problema que agobia a menores y profesores, y plazos que aún no se han concretado

Editorial-El Correo

La situación de estrés térmico que sufren muchos colegios en Euskadi, especialmente achicharrados durante el pasado curso por la sucesión de olas de calor extremo, ha llevado al Gobierno vasco a plantearse un plan de reacción, aunque el verano haya iniciado la recta final. La búsqueda del «confort» en las aulas, anunciada ayer por el Departamento de Educación, se basa en la posibilidad de introducir cambios en las escuelas públicas, examinadas una a una. Las mejoras barajadas revelan las graves carencias de los centros escolares, varios de ellos centenarios: ventilación, zonas de sombra, «renaturalización» de patios y «refugios climáticos». Solo «cuando las condiciones técnicas así lo aconsejen», la consejería que dirige Begoña Pedrosa se abre a instalar sistemas de «climatización», el recurso que de verdad puede refrescar una clase por encima de los treinta grados. La realidad exige medidas más ambiciosas para paliar un problema que agobia a menores y profesores, y plazos que aún no se han concretado, sabiendo que el calor no espera y supera las peores previsiones. De momento, anunciar la colocación de parasoles en «cuatro» colegios, también sin fecha, se antoja una respuesta testimonial frente a tanto bochorno.