- Este es el panorama que soportamos los vascos cada día y de manera especial en las fiestas de verano, y todavía habrá quien diga que desde que ETA «despareció», vivir en el País Vasco es una maravilla, un remanso de paz y libertad. Pues de eso nada, libertad para los de siempre, para los que mataron y apoyaron a los criminales
Como cada 4 de agosto comenzaron las fiestas de Vitoria en honor de la Virgen Blanca. El inicio, al que acudieron cerca de cuarenta mil personas, consiste en el descenso desde la torre de la iglesia de San Miguel, a través de una tirolina, de un muñeco que representa a un aldeano y se convierte en el icono festivo. Al llegar Celedón a la plaza de la Virgen Blanca, que así es nombrado el aldeano, es sustituido por la persona que lo encarna, el Celedón de carne y hueso atraviesa con dificultad la atestada plaza y desde la balconada de la iglesia lanza el chupinazo festivo que desata la algarabía.
El panorama que se contempla desde la balconada de San Miguel se repite, año tras año, con escasas novedades. Sobre el gentío, además de las ikurriñas, se despliegan las mismas pancartas reivindicativas, los lemas de las de este año han sido los siguientes: Una de Ernai, las juventudes de Sortu llamando a la manifestación del 13 de septiembre en San Sebastián en contra, curiosa paradoja, del fascismo con el lema «no pasarán»; otra de un tal «Euskal Herriko Kontseilu Sozialista» reivindicando un Estado socialista vasco, otra de Sare y Etxerat exigiendo la vuelta a Euskal Herria de todos los presos –no deben haberse enterado de que hace tres años y medio ya están todos aquí– y por último otra de Jarki, unos nuevos batasunos, reclamando la libertad para Euskal Herria.
Por supuesto todas estas pancartas no parecieron incomodar a ni uno solo de los cuarenta mil concentrados que no paraban de celebrar las llamadas a la fiesta de Celedón. Y me pregunto: ¿Se habría tolerado el despliegue de una pancarta a favor de la pederastia? ¿Y una sobre la discriminación racial? Pero sigamos con Celedón, entre sus mensajes y cánticos tuvo un recuerdo para los 5 trabajadores muertos a manos de la Policía en las protestas laborales del 3 de marzo de 1976 y también para sus familiares. «Nos dieron una lección de dignidad» afirmó, finalizando con un grito de «¡Gora Martxoaren 3a!». Un emotivo recuerdo que jamás ninguno de los Celedones, desde su creación en 1957, ha tenido para ninguno de los 45 alaveses, 28 de ellos vitorianos, asesinados por la banda terrorista ETA.
Por si lo anterior fuera poco en la vergonzosa manipulación festiva siempre en la misma dirección, Celedón no tuvo inconveniente alguno en sacarse una fotografía en la balconada abrazado a dos representantes de Sare con camisetas en las que se leía «Helmuga: denak etxera» –meta: todos a casa–. Tiempo le faltó a Sare –la organización a favor de los presos de ETA que en 2014 sustituyó a las ilegalizadas Gestoras Proamnistía y Askatasuna– para colgar la foto en su web donde todavía puede localizarse.
Cuando me disponía a escribir estas líneas me he planteado la pregunta de todos los años ¿Merece la pena denunciar estos hechos? ¿Alguna vez terminará la complicidad, la pasividad, la indiferencia o la cobardía con que se repiten? ¿Por qué no nos cansamos de reclamar unas fiestas plurales, multiculturales, pacíficas y libres de agresiones sexuales, pero toleramos indiferentes la defensa de unos terroristas que sembraron España de 856 cadáveres y miles de heridos? Se tolera porque administramos su herencia, es el poso de 45 años de terror.
Pero hay más, otra capital vasca, Bilbao, ha designado como pregonera de sus fiestas, que han comenzado el 22 de agosto, a Onintza Enbeita. Esta mujer, con un protagonismo festivo similar a Celedón en Vitoria, tiene la siguiente trayectoria: apoderada del ilegalizado PCTV en las elecciones autonómicas de 2005, candidata en las listas de la ilegalizada ANV en las elecciones municipales de 2007 y concejal en el municipio de Múgica, candidata en las elecciones al Parlamento vasco de 2009 por una plataforma declarada ilegal por ser sucesora de las ilegalizadas Batasuna, Herri Batasuna y Euskal Herritarrok y por último candidata por Amaiur –la candidatura de EH-Bildu– en las elecciones al Congreso de los Diputados en 2011 ocupando un escaño en la Cámara. Como se puede comprobar todo un dechado de neutralidad política y una clara apuesta por la paz y los derechos humanos.
Este es el panorama que soportamos los vascos cada día y de manera especial en las fiestas de verano, y todavía habrá quien diga que desde que ETA «desapareció», vivir en el País Vasco es una maravilla, un remanso de paz y libertad. Pues de eso nada, libertad para los de siempre, para los que mataron y apoyaron a los criminales y para quienes defienden el separatismo. Desgraciadamente muchos están de acuerdo con ellos, otros, por comodidad o cobardía, permanecen indiferentes –es más rentable– y los que no estén de acuerdo, a callarse o a marcharse y si se atreven a discrepar que se atengan a las consecuencias.
- Carlos de Urquijo fue delegado del Gobierno en el País Vasco