Editorial-El Correo
- Las elecciones de octubre examinan la deriva autoritaria de Netanyahu, pero sobre todo abren la posibilidad de un cambio que ataje el incendio en la región
Las elecciones convocadas en Israel el 27 de octubre miden el profundo desgaste de Benjamín Netanyahu, que ha llevado al país al límite plegado, además, a sus aliados ultras de gobierno. La deriva autoritaria de Netanyahu, de 76 años, ha dejado un reguero de dolor dentro y fuera de sus fronteras. Una guerra sin final tras la fallida tregua en Gaza es el cruel reflejo de su incendiaria coalición parlamentaria, mientras que un rosario de abusos de poder ha debilitado su figura. Los comicios abren la posibilidad de que el electorado utilice la democracia, la única que realmente está consolidada en la región, para devolver la sensatez al Ejecutivo y atajar el fuego desatado en Oriente Medio. Un golpe de timón que le permita recuperar el respeto en la comunidad internacional y la dignidad humanitaria, especialmente hacia una población civil palestina masacrada desde hace años.
El Estado israelí tiene todo el derecho a exigir respeto y seguridad frente a las amenazas reales de sus hostiles vecinos. Pero con las armas de la razón, sustituyendo el despliegue de crudeza –nunca el país había sido tan poderoso militarmente– por la máxima firmeza diplomática. Para ello necesita el arrope del mayor número posible de países, tanto occidentales como árabes, ahora distanciados de su Gobierno por los horrores cometidos en la Franja y la gasolina derramada en Ormuz. Es clave aprovechar la cita con las urnas para que reclamen a Israel el fin a una escalada bélica que ha empujado al mundo al abismo de la devastación, con la complicidad de Donald Trump. Por mucho que haya enfriado sus relaciones con el primer ministro, el presidente de Estados Unidos le ha dejado hacer en sus ataques a Líbano, Irán y, sobre todo, a Gaza, donde Netanyahu ha firmado a sangre y fuego una de las páginas más desgarradoras de la historia reciente. El genocidio del pueblo palestino, denunciando por un número creciente de países y por una parte apreciable de la sociedad judía, debería ser el punto obligado de inflexión dentro de dos meses.
Es la hora de Israel, cuyo próximo Gobierno tiene que ganarse el respeto internacional y un apoyo renovado a su derecho a vivir en paz frente a las amenazas. Otra cosa es que los candidatos en liza, con el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot a la cabeza de las encuestas, sean capaces de llevar a cabo ese giro hacia la moderación. Urge poner en marcha un nuevo modelo de sociedad, centrado en el consenso y la transparencia, tras el trauma causado por los salvajes atentados terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023.