- Marruecos contará ahora con un caballo de Troya permanente en Ceuta.
La solución a la crisis de Ceuta no es la más estética posible.
Digo esto para esos funcionarios de la bondad en lomo ajeno que frente a la invasión del territorio nacional por una potencia enemiga como Marruecos creen que la prioridad debe ser la lírica aplicación de los procedimientos humanitarios correctos por parte de un Gobierno que ha descuartizado, majado y regurgitado el Estado de derecho siempre que le ha convenido a Pedro Sánchez.
Pero también dicen las leyes, y más concretamente la Constitución, que el Gobierno y su presidente dirigen la política interior y exterior, la administración civil y militar, y la defensa del Estado.
Y cuando Sánchez se ha ido de vacaciones en plena «violación» del territorio nacional (las palabras son suyas), esa defensa del Estado ha pasado a ser, por lo visto, algo discutido y discutible. ¡Que se apañen los ceutíes con ese lío de la Nación!
Con los invasores, en cambio, ni una coma del procedimiento debe ser obviada. ¡Que no quede un solo expediente sin cumplimentar ni un solo volante sin sellar!
Esa solución fea a la crisis de Ceuta pasa por expulsar de forma inmediata a todos los invasores, incluidos los niños. Sobre todo, a los niños: los españoles no deberíamos convertirnos en secuestradores de menores. Ni son nuestros niños ni son nuestro problema. Lo son de su país y de sus padres.
Y ya apechugaremos luego con las consecuencias jurídicas, si es que llegara a haberlas (la UE ya ha insinuado por activa y por pasiva que hará la vista gorda si España opta por una expulsión masiva).
Y si el funcionario responsable acaba condenado por los tribunales españoles, pues se le indulta, como se ha hecho ya con los más ilustres corruptos y golpistas de este país. Se ha hecho antes cuando el indulto sólo beneficiaba a Pedro Sánchez y no comprendo por qué no podría hacerse ahora que ese indulto beneficiaría a todos los españoles.
Si alguna vez debería ser invocada la razón de Estado es en este caso.
También hay dos no-soluciones.
La primera de esas no-soluciones pasa por repartir a todos los invasores, incluidos los violadores, los okupas, los delincuentes, los yihadistas y los agentes del servicio secreto marroquí, entre todas las comunidades autonómicas del PP.
Esto no arregla nada, sino que le da una patada adelante al problema y genera el caldo de cultivo para que haya más y peores invasiones a medio y largo plazo en Ceuta, Melilla o donde se le antoje luego a Marruecos.
Pero tiene la ventaja de que descarga a los ceutíes de su actual tortura.
La segunda de esas no-soluciones es la peor de todas las opciones porque no sólo es fea, sino que no alivia a nadie.
Consiste en convertir Ceuta en un campo de refugiados. En una Franja de Gaza en el corazón de España.
No me cabe la menor duda de que Pedro Sánchez ha salivado cuando ha comprendido que esa es hoy una posibilidad muy real. Y por eso la ha escogido.
Que esa sea la solución con la que soñaría el peor enemigo de España y de los españoles (la de contar con un caballo de Troya permanente, alimentado por sucesivas oleadas de invasores, que la monarquía marroquí pueda activar a placer cuando le convenga) es sólo una coincidencia.
Por eso la primera medida del Gobierno tras decretar el mando único de la emergencia ha sido reclamar todos los polideportivos públicos de Ceuta.
Varios de esos polideportivos están ubicados al lado de colegios e institutos. Colegios e institutos que ya han sido okupados en muchos casos por los ilegales, que los han destrozado y utilizado como letrina. A ver quién envía ahora a sus hijos al colegio dentro de dos semanas, cuando empiece el curso escolar.
Es decir, que el Gobierno ha condenado a los ceutíes, que ya han tenido que anular sus fiestas municipales y sus vacaciones de verano, a dejar de practicar deporte en las instalaciones municipales. Ni playas, ni terrazas, ni calles, ni jardines, ni escuelas, ni polideportivos.
Nada para ellos, todo para los invasores.
La lógica de la okupación, la de esos okupas que tienen más derecho a nuestras casas que sus propios propietarios, llevada al terreno de la geopolítica: tú pagas y el invasor vive a tu costa, de forma permanente, protegido por la administración que debería protegerte a ti.
En la práctica, lo que ha hecho el Gobierno es convertir Ceuta entera en un CETI, es decir, en un enorme centro de acogida de ilegales.
Y así, los ceutíes que no se atreven a salir de su casa verán como el Gobierno invierte sus recursos y los espacios públicos que podrían aliviar ese problema en alojar a miles de inmigrantes ilegales que continuarán vagando por la ciudad sin más perspectiva que convertir Ceuta entera en un suburbio chabolista similar al de las favelas de Rio de Janeiro o el slum de Dharavi en Bombai.
Eso sí: serán chabolas patrocinadas por el Estado y ocupadas por miles de ilegales en edad militar a la espera de nadie sabe bien qué.
Esto no va a acabar bien.