Juan Carlos Girauta-El Debate
 

Los datos datos son, no admiten discusión. En este medio hay datos sobre las violaciones en España y sobre su aumento, haciendo imposible el silencio que las administraciones públicas han tratado siempre de imponer. Y cuando digo siempre, digo siempre. Los medios de comunicación convencionales han doblado la apuesta por la ignorancia del pueblo. Creen que ciertos datos no deben conocerse. A los ocultadores los tenemos bastante calados, conocemos sus razones. No es exactamente que nieguen nuestro derecho a saber; es que tienen que hacer sacrificios con nuestro derecho a la información, muy a su pesar, porque podríamos enfadarnos. O sea, estamos mejor sedados. Internados y sedados sería lo ideal, como cuando la pandemia, pero, como mínimo, adormecidos.

En ese paternalismo inexplicable, en ese despotismo, los ilustrados son Sara Mitad Mitad y el hijo tonto de Pilar Miró, en tanto que nosotros somos el pueblo a tratar por su bien, el pueblo párvulo. Un pueblo que, si supiera algunas cosas indiscutibles, datos fríos, podría dejar de votar a los que les colocaron años luz por encima de sus merecimientos. No votar a sus benefactores se conoce como «votar a la extrema derecha». Como tantas otras expresiones o voces, a «extrema derecha» le ha pasado como a «nimio», que ha invertido su significado original. Ahora ser de extrema derecha significa estar a favor de garantizar el catálogo de libertades y derechos propios de la democracia liberal, de preservar la división de poderes, el sistema de controles y contrapesos, el imperio de la ley, la independencia judicial, el sometimiento de los poderes públicos a las leyes y resoluciones judiciales, la proscripción de la arbitrariedad, el principio de igualdad. Si exiges respeto a todo lo anterior –breve resumen del contenido del Estado liberal– y no aceptas excepciones, eres hoy de extrema derecha. Al revés que antes. Píllalo.

Lógicamente, los que somos de extrema derecha en el sentido actual queremos corregir el errático rumbo de la democracia española, que se está yendo al carajo. Entre los problemas más urgentes a solucionar está la incapacidad del Estado para proteger nuestras vidas y haciendas y para mantener la seguridad y el orden público. Como no somos tontos del todo, hemos visto las políticas de los departamentos ministeriales responsables de estos asuntos cruciales. No cumplen los mínimos que cabe exigir al Estado. Recuerda: el Estado policía es el único que queremos los liberales (ahora dentro de la «extrema derecha»), mientras que el Estado policial es el objetivo común de los totalitarios (donde ahora te encuentras a los «liberales»). Los jóvenes tienen menos problemas para interiorizar las inversiones de sentido porque no han atravesado el pasado. Ante el dato desnudo, en la extrema derecha somos implacables porque no despreciamos a los ciudadanos, ni pensamos tolerar que sigan violando a las mujeres. Si sucede, hemos ideado castigos durísimos. Bien, el dato es que la mitad de las violaciones las cometen extranjeros, en tanto que los extranjeros representan el 14 % de la población. Tú verás. Sapere aude.