Editorial-El Correo

  • Las amenazas económicas de la Casa Blanca en busca de la asfixia de Irán revelan su incapacidad para doblegar al régimen por la vía militar o diplomática

Donald Trump corre el riesgo de conducir la política exterior de Estados Unidos a un callejón sin salida. Atascado en los principales frentes abiertos en su segundo mandato, especialmente en Oriente Medio, el magnate ha recuperado la ‘guerra económica’ como estrategia de presión. De momento, con dudosos resultados, viendo cómo el estridente órdago lanzado a Irán, a quien amenaza con el aislamiento financiero con una batería de sanciones a sus aliados, se desinfla como un suflé ante la falta de medidas concretas.

El envite de Trump revela su incapacidad para doblegar a la autocracia persa por la vía militar o diplomática, después de haber puesto fin a la brava a las negociaciones y de amagar con una nueva andanada de «duros» bombardeos sobre Irán. A la vez, está condenado a estamparse contra el muro de realidad geopolítica que él mismo ha levantado por su querencia a desguazar las delicadas relaciones internacionales. El choque podría ser considerado como un efecto más de su disparatada gestión, si no fuera porque sus consecuencias afectan de lleno al resto del mundo al agravar la inestabilidad y la incertidumbre. Flancos débiles de una economía demasiado magullada ya.

Sin haber desatascado aún el estrecho de Ormuz, Trump se dispone a buscar la asfixia financiera de Teherán, sabiendo que si China se ve atacada, socio comercial clave para Teherán, el ‘Día D Económico’ se desmorona. Y lo hará antes de iniciar «el asalto» anunciado por el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent. Salvar de la quema al país que lidera Xi Jinping, con quien Trump tiene previsto reunirse en Washington dentro de un mes, es casi una obligación para EE UU. La Casa Blanca no puede permitirse entablar una batalla contra el gigante asiático por un temor más que fundado a desestabilizar la economía estadounidense, cada vez más tocada. Frenado con China, despliega sus imposiciones arancelarias contra Canadá.

En cualquier caso, no hay que llevarse a engaño por la retórica. El líder de EE UU puede seguir golpeando con dureza, como ha demostrado con la captura de Maduro o la aniquilación sistemática de los líderes iraníes con el apoyo de Israel. El único que parece beneficiarse de un pulso tan ruinoso para el resto del mundo es precisamente Trump, que se jacta de haber multiplicado los ingresos de sus múltiples negocios en plena campaña bélica y comercial -por encima de los mil millones desde que regresó a la Casa Blanca, propulsados por el mercado de las criptomonedas-.