Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • En ese afán por intentar construir un relato que ya no creen ni sus más furibundos sostenes, el Gobierno aún decían ayer que lo han hecho perfecto. Mejor que nadie nunca. Hace falta tenerlos como el caballo del general Espartero. El que no se dé cuenta de que nos toman por tontos es porque lo es él mismo

El diario El Faro de Ceuta daba la noticia a primera hora de la mañana de ayer. Invasores marroquíes, entre 30 y 40, habían tendido una trampa a un coche del Ejército español. Lo habían acorralado a las 5,30 horas de la madrugada, lo apedrearon y pusieron en fuga a los cuatro ocupantes del vehículo. En su carrera hacia Calamocarro los soldados españoles fueron heridos por las pedradas de los invasores. Los soldados llamaron al 112 como cualquier accidentado y dispositivos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil acudieron en su auxilio.

Hasta aquí hemos llegado. Resulta que, frente a una invasión del territorio nacional, el Ejército tiene que auxiliarse con la Policía Nacional. Supongo que sólo hay una razón para ello: que nuestras tropas en patrulla en la frontera con el invasor están desarmadas porque tienen prohibido responder a las agresiones más que con un porrazo. No sé si es la mejor manera de defenderse de las pedradas de un grupo de atacantes que casi multiplica por diez a la patrulla española que se dirigía a su puesto de vigilancia. Y tampoco imagino cómo debían contener la agresión si hubiera habido otro intento de invasión. Como me decía ayer un buen amigo extremadamente preocupado por los acontecimientos de Ceuta, «¿esto es lo que queda de nuestro glorioso Ejército? ¿Huyen porque les apedrean unos robaperas? Naturalmente, deben tener terminantemente prohibido repeler agresiones o usar sus armas. ¿Para qué están entonces en esa tierra regada por la sangre de tantos héroes de nuestros ejércitos? Qué vergüenza y qué ridículo nacional y mundial.» Y no sé si mi amigo se queda corto.

Hubo un tiempo en que cuando un mando de nuestros ejércitos se veía sometido a una humillación así, era destituido de inmediato. Esta vez me atrevo a decir que el error no ha sido de los mandos en Ceuta, sino del Gobierno que dio órdenes a nuestras tropas que las llevaron a una huida infame. La humillación difícilmente podría ser superior. Ni aunque hubieran muerto los cuatro soldados. Porque en la muerte en un enfrentamiento hay honor y dignidad. En la huida a la carrera no. Pero tampoco sé si se puede hacer mucho más si careces de medios para enfrentar el enemigo.

Eso sí, en ese afán por intentar construir un relato que ya no creen ni sus más furibundos sostenes, el Gobierno y su entorno seguían diciendo ayer que lo han hecho perfecto. Mejor que nadie nunca. Hace falta tenerlos como el caballo del general Espartero. El que no se dé cuenta de que nos toman por tontos es porque lo es él mismo.

Creo que fue muy pertinente la visita de ayer de José María Aznar a Ceuta. Cuando Marruecos invadió el islote de Perejil, en el entorno de Ceuta, el 11 de julio de 2002, no lo hacía por quedarse con nada de lo que allí había. Entre otras cosas porque apenas había cuatro cabras. Lo que hizo Marruecos en ese páramo yermo fue poner a prueba la resiliencia de España frente a una agresión.

Como gusta recordar Bieito Rubido, en Perejil no se disputaba el huevo sino el fuero. El 17 de julio de 2002 a las 4:17 de la madrugada, dos horas después de expirar el ultimátum dado por España a Marruecos –es difícil más fair play– comienza la operación denominada Romeo-Sierra. «Al alba, con fuerte viento de Levante…» en palabras del ministro Federico Trillo-Figueroa, España expulsó al destacamento de Infantería de Marina de la Base de Alhucemas que ocupaba la isla. Aznar demostró que con España no se juega. Con Sánchez es exactamente al revés. Nos han invadido, no sabemos ni cuántos invasores hay sobre ese territorio español un mes después, y nuestras tropas circulan desarmadas por el territorio ocupado. ¿Cómo no van a tener que huir del invasor? Sánchez nos ha rendido y aquí no dimite nadie.

España, año de (des)gracia de 2026