Pablo Sebastián-Voapópuli

  • Abierto el melón de la sucesión en el PSOE y retorna a Ceuta el expresidente del PP

La invasión de Ceuta, por ahora sin solución, nos está llevando a una crisis política nacional de gran envergadura si el Gobierno se empeña en reconducirla como un mero hecho migratorio y no como un ‘ataque político y violación de la integridad territorial de España’, como la calificó el propio presidente Pedro Sánchez. Afirmación de la mayor gravedad que no ha sabido valorar como debiera Alberto Núñez Feijóo, y en la que probablemente insistirá ahora José María Aznar, señalando a Marruecos como inductor y cómplice de la crisis. La que entre otras cosas ha servido para abrir en el PSOE el melón de la sucesión de Pedro Sánchez a la que se postula sin recato el ministro Óscar Puente como si fuera ‘el sucesor designado’.

Título de una exitosa serie televisiva sobre intrigas de la política norteamericana, y un cargo público oficial y secreto que nombra el presidente de los Estados Unidos, entre miembros de su gobierno, para que asuma el poder en el caso de catástrofe nacional en la que resultaran muertos el presidente y el vicepresidente. Por ello, cada vez que el presidente y el vicepresidente de EE.UU. acuden juntos a un acto público o político el Servicio Secreto USA se lleva y esconde al ‘sucesor designado’ hasta que pase el peligro, para asegurarse así de que siempre habrá un dirigente al frente de la nación.

¿Una estrategia pactada?

Ni en España ni en Europa existe un cargo semejante, porque en estas latitudes son decenas, o cientos, los dirigentes que están disponibles a asumir el poder en toda circunstancia. No obstante la figura de ‘el sucesor’ ahora se ha actualizado en España en últimos días porque el ministro Óscar Puente se declaró dispuesto a sustituir a Sánchez en el PSOE, una vez que en el Gobierno parece que el sucesor lo será Feijóo tras las próximas elecciones generales.

Lo que no sabemos es si esta autoproclamación de Puente como el ‘hereu’ de Sánchez ha sido pactada con el presidente, o si solo es un globo sonda del propio Sánchez para ver su impacto en la opinión pública y en el PSOE y para distraer al personal. Algo que suele hacer Puente exhibiendo su izquierdismo radical y su capacidad de insultar a todo el mundo. Empezando por el Rey Felipe VI al que acusó de perpetrar una ‘absoluta ignominia’ por haber dado la mano a un ultra al que el Rey no conocía. El mismo Puente que llamó imbécil a Feijóo y que con Ayuso no cesa de intercambiar improperios (‘mamarracha’ y ‘mamarracho)’. Todo ello sin perder de vista sus descalificaciones a jueces y periodistas que investigan la corrupción.

Un Puente que en Renfe ha demostrado su incapacidad de gestión pública, pero que provoca con facilidad polémicas que le satisfacen a Sánchez y le permiten ganar tiempo en este momento convulso en el que el presidente, preso de la crisis de Ceuta y a la espera de la reactivación judicial/procesal de la corrupción (Zapatero continúa sin explicar el origen de sus joyas), ha decido por fin acudir al Congreso, el 3 de septiembre, para hablar de Ceuta y Marruecos.

Consulta sobre la monarquía

Y todo ello mientras crece el debate sobre el fin del Régimen de la Transición del que culpa a Sánchez el columnista catalán Juan José López Burniol en un artículo titulado ‘La revancha’ – censurado en el diario La Vanguardia -en el que acusaba al presidente de lanzar mensajes ‘guerracivilistas’. En línea con lo que en años anteriores hizo Zapatero, como la nueva ‘revancha’ de la izquierda contra la derecha española que ganó ‘la Guerra Civil’ (ahora hace 90 años) para dividir más y enfrentar a la sociedad española en pos de un nuevo régimen político confederal y republicano que acabe con la monarquía y con el régimen de la Transición.

Algo de todo eso sí que hay, más o menos directamente, en los discursos de Sánchez al que algunos medios monárquicos acusan de querer convocar una ‘consulta nacional’ sobre la monarquía o la república. Aunque la verdadera razón de las diatribas de Sánchez está, más que en la Guerra Civil, en buscar apoyos de la extrema izquierda y los nacionalistas para continuar en el poder y para tapar la corrupción.

De momento estamos inmersos en la crisis de Ceuta donde los ministros de Defensa, Margarita Robles (de la que Sánchez dijo que ‘duerme con el uniforme’) y Fernando Marlaska, se han enfrentado a propósito del CNI. Del que la ministra dijo que había alertado de la invasión ceutí, mientras que el de Interior aseguraba que no hubo un ‘informe’ del CNI. Un Marlaska al que se acumulan los problemas: Ceuta, los narcos del Sur, los incendios, la corrupción de las cloacas del PSOE y que tiene imputados a tres directores generales de la Guardia Civil.

En la crisis de Ceuta el gran misterio, que esperemos que Sánchez desvele en el Congreso, es el del nivel y el estado de la relación del presidente español con el Rey de Marruecos, Mohamed VI y con su gobierno, desde que España renunció inesperadamente a defender en la ONU el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Y además falta saber si todo esto tiene algo que ver con las pésimas relaciones del Gobierno de España con EE.UU. y con Israel, dos aliados destacados del gobierno de Marruecos. Pero no podemos esperar que Sánchez aclare esta situación ni que explique las causas por las que Marruecos alentó y consintió la invasión ceutí.

Ponerle las pilas a Feijóo

Pero mientras tanto y como siempre en el sanchismo nunca pasa nada y nadie asume responsabilidades políticas con dimisiones ni sabemos qué pasa con los invasores de Ceuta (se habla de mas de 8.000), ni se anuncia el adelanto de las elecciones generales, que siguen planteadas para julio de 2027. Y sin que en el horizonte inmediato se perfile la que sería una más que sorprendente dimisión de Sánchez en favor de este personaje tan pintoresco, faltón y auto proclamado ‘sucesor’, Óscar Puente.

El que tampoco está teniendo en esta crisis el protagonismo que debiera es el líder del PP y la Oposición Alberto Núñez Feijóo, al que le va a poner las pilas José María Aznar con su visita a Ceuta y en el recuerdo de su ‘conquista’ del islote de Perejil, exhibiendo firmeza ante Mohamed VI.

Ojo, pues, con Aznar porque cuando se retiró de la política declaró en una entrevista en Antena 3  que solamente regresaría a un primer plano del debate nacional ‘si viera en peligro a España -por ejemplo, con el ataque a la monarquía o a la Transición del que habla López Burniol- o a mi partido’, si Vox continúa creciendo aupado con la emigración, como ya ocurre con la extrema derecha en Alemania y Francia. De manera que cuidado Feijóo con el posible regreso de Aznar a la política activa no vaya a ser que, en un tiempo no demasiado lejano, se empiece a hablar no solo de la sucesión de Sánchez sino también de la de Feijóo.

Lo que no puede ser es que el Gobierno de España y de Sánchez esté abordando la invasión de Ceuta como un problema migratorio y no como una invasión y un ‘ataque y violación de la integridad territorial de España’, como lo definió Sánchez sin señalar la responsabilidad en todo esto del Rey de Marruecos y del Gobierno de Rabat.