Carlos Martínez Gorriarán-Vozpópuli
- Es temerario, es autocrático y es absurdo, pero eso es lo que se debe esperar de Sánchez, no lo contrario
Creo que la mayor equivocación con Sánchez es considerar errores decisiones suyas perfectamente pensadas porque forman parte de una estrategia simple, la única que sigue: eternizarse en el gobierno y usarlo para impedir que nadie pueda arrebatarle o restarle poder, del que tiene una concepción completamente maquiavélica, narcisista y psicopática.
Veamos una de las decisiones consideradas errores por analistas dignos de la mayor estima, pero en esto equivocados: Sánchez decide seguir sus ostentosas vacaciones en La Mareta a pesar de la invasión de Ceuta, y aunque denuncia la «violación y el ataque a la integridad territorial de España”, no hace nada por restaurarla. Una fugaz y casi furtiva visita a la ciudad, eso es todo; permite que los asaltantes que no quieran marchar pululen por la ciudad, y delega lo demás -prácticamente nada- a los ministros. ¿Sólo para no irritar al chantajista de Rabat? No sólo. Sigamos.
Ni convoca al Consejo de Seguridad Nacional, ni propone algún estado de alarma como los prodigados durante la pandemia. Rechaza la oferta europea de desplegar el Frontex, y los refuerzos policiales para Ceuta son simplemente ridículos y en condiciones lamentables para los agentes. Limita el contacto con las autoridades ceutís a lo protocolario y, lo más significativo, todo indica que ha prohibido al Rey visitar la ciudad. El agradecimiento a la colaboración de Marruecos es una muestra de servilismo inaudita, antítesis de los ataques a Italia y gobiernos europeos empeñados en que los asaltantes sean devueltos y se les impida pasar al continente.
Bien, ¿es esta una lista de errores, o de algo con sentido muy diferente? Feijóo ha visitado la ciudad más veces y hecho declaraciones de mayor enjundia. Se ha sugerido al presidente que reúna el Consejo de Ministros en Ceuta y supervise personalmente la vuelta de la ciudad a la normalidad. Santa ingenuidad: es lo que haría un presidente demócrata, pero él es Pedro Sánchez.
Mintió y se alió con lo peor
Llegó al poder con el pretexto de luchar contra la corrupción y ha multiplicado por mil la precedente implicando a su propia familia; el objetivo era regenerar la democracia, pero mintió y se alió con todos los enemigos de España y la Constitución: comunistas, separatistas, golpistas y terroristas (algunos, las cuatro cosas). Ataca a Estados Unidos e Israel, apoya a Irán y se alía con China mintiendo a la Unión Europea.
Debió quedar claro que Pedro Sánchez sólo tenía un objetivo existencial y nada más que uno: conquistar la cúpula del poder político, y maniobrar para eternizarse colonizando las instituciones con esbirros, comprando voluntades y apoyos al precio que fuera, destruyendo su propio partido, difamando a jueces y periodistas, entrando en grandes empresas… lo que fuera posible y necesario, legal e ilegal. Es decir, corrupción sistémica. Ninguna de estas decisiones fue un error personal, sino un cálculo político.
Las vacaciones son un mensaje
El Pedro Sánchez a la bartola en La Mareta, con un aparato de seguridad que ni usaba Franco en sus visitas veraniegas a sus palacios, el que se niega a pasar 24 horas en Ceuta y no se lo permite al Rey, porque la visita real pondría en solfa su poder personal, que quiere ilimitado y sin competencia, es el mismo de la moción de censura. Las vacaciones son un mensaje de desprecio y prepotencia: nada ni nadie puede obligarle a suspenderlas, porque nadie está por encima suyo.
Cancelar al Rey, no desplegar las fuerzas armadas, no reunirse con la oposición ni (esto, ni en sueños) convocar una absolutamente necesaria sesión extraordinaria del Congreso para discutir la emergencia nacional, no buscar el apoyo de Europa contra un ataque que también lo es a la frontera común de la Unión… todo esto no son errores, fallos, patinazos. Son pasos de una estrategia. Temeraria, autocrática y seguramente suicida, pero estrategia deliberada.
¿Y en qué consiste la maldita, se dirán ustedes? Creo que en sólo dos cosas: primera, hacer siempre lo más inesperado para controlar el foco del escenario (o el relato, como se dice a menudo); segundo, alimentar las crisis en vez de resolverlas para aumentar el caos político, profundizar la polarización social y sacar partido oportunista de las posibilidades abiertas.
El diálogo imposible
En el caso presente, la estrategia está en ignorar Ceuta en vez de volcarse en el problema y fingir completa normalidad y colaboración del Marruecos invasor (sí, forzado por el chantaje, pero animado por la conveniencia). Es una especie de gag groucho-marxiano: “¿Ceuta, de qué Ceuta me habla usted?” Es lo mismo que hizo con la dana de Paiporta, el apagón eléctrico, el accidente de Adamuz… A menudo se obvia que el diálogo y el debate normal son imposibles con quien destruye el marco mismo de la comunicación y sus reglas, pero a Sánchez nunca se le olvida: no se puede debatir lo que se niega que exista; la comunicación exige un mínimo de dos agentes, y se acaba si uno no quiere.
El método es agravar las crisis, y la de Ceuta puede agravarse: la situación es anormal e insostenible y la indignación de los ceutíes puede acabar estallando violentamente; también se enfrenta al eventual rechazo del trato a los asaltantes como “migrantes” o refugiados por las Comunidades Autónomas y la Unión Europea.
Y, al fondo, el interés inconfesable en negociar con Marruecos la cosoberanía como “solución” al problema, es decir, el abandono según la población española se vaya marchando, sustituida por más falsos refugiados. Situación diabólica para un presidente de gobierno demócrata que aspirara a la reelección normal, pero quizás de oro para uno que, poniendo su poder personal sobre todas las cosas, sabe que las urnas le son más adversas cada día, y con un vía crucis judicial a la vista por las causas de corrupción.
El verdadero error imperdonable
¿Y si la situación degenera tanto que justifica aplazar sine die las elecciones, suspender la instrucción judicial, y alguna cosa más? (casi todo es posible en un estado de sitio, con la ley en la mano). Es temerario, es autocrático y es absurdo, pero eso es lo que se debe esperar de Sánchez, no lo contrario. El error, la locura, es alentar la esperanza de que quizás rectifique y se deje aconsejar para “pasar a la historia como un presidente digno”. Quizás todo este desastre se lo lleve por delante con daños terribles al país, pero hará cualquier cosa antes que renunciar al poder o ceder. Eso es, para él, el verdadero error imperdonable.