Juan Soto Ivars-ABC
- Así que hay que plantearse por qué en la ciudad autónoma ha desaparecido la autoridad y la protección del Estado
El dilema «crisis humanitaria» o «invasión» en Ceuta es falso y absurdo. Marruecos dispara personas en vez de balas de cañón. Con esta vil estratagema, te ataca y a la vez provoca una crisis humanitaria en tu territorio. Pero según Mónica García, «invasión» es una palabra demasiado «bélica». Muy de derechas. Ella prefiere decir «crisis humanitaria» porque Ceuta está llena de gente muy pobre. Tirados por la calle todo el día, con una bolsa en la mano y durmiendo en chamizos en las playas. Personas que no tienen qué comer, y lo buscan. En algún sitio tendrán que hacer sus necesidades, ¿verdad? Hay ceutíes o gente sobrevenida que queman sus tenderetes e impiden el paso de la comida de la Cruz Roja, así que el Gobierno habla de ultras.
Desde luego hay una crisis humanitaria en Ceuta. Se ha agravado terriblemente esa crisis humanitaria por la inacción del Gobierno. Pero además el diagnóstico del Gobierno es incompleto: cuando hablan de crisis humanitaria se refieren sólo a los inmigrantes y no a los ceutíes. Los caballas son una población encerrada entre el mar y un país enemigo que está liberado de las trabas de los derechos humanos. ¿No es una invasión? ¿Y qué es? Si mis amigos y yo fuéramos a comer invitados a casa de Mónica García pero a la hora de la siesta nos quedásemos, y por la noche instaláramos nuestros tipis en el salón, sin duda Mónica García se sentirá «invadida».
Y si Mónica García descubriera que nos ha enviado a su casa Díaz Ayuso, ciertas palabras bélicas empezarían a germinar en su cabeza. Lo creáis o no, sigue entrando gente a nado y en lanchas sorteando el espigón, según informa el Faro de Ceuta. Sigue entrando gente en la ciudad.
Así que no pienso dedicar un minuto más a combatir la neolengua y el doblepensar del Gobierno, que pretende hacernos creer que soluciona algo pero no hay problema, y que tiene la situación bajo control pero tampoco hay mucho que controlar, porque ya se encarga Marruecos de ayudarnos. En Ceuta hay gente sin casa por todas partes y los ceutíes están encerrados en las suyas. Se han producido violaciones sin que el Ministerio de Igualdad haya dicho esta boca es mía, y los choques entre manifestantes e inmigrantes son cada día un poco más violentos.
La violencia no la engendra la xenofobia, porque Ceuta es una población mixta donde convive el cristianismo con el Islam. Lo que pasa es que muchos niños han pasado el verano sin poder ir a la playa, que los vecinos no pueden usar instalaciones deportivas, que muchas tiendas se ven vacías o cerradas, que hay barrios intransitables y que los padres no saben si el curso escolar arrancará en septiembre. Constatan en el BOE las nuevas noticias sobre su expolio, que se ejecuta sin pedirles opinión. Y, sobre todo, no saben cuándo va a terminar esto.
La incertidumbre sobre el fin de una situación anómala e irrespirable es lo que ha engendrado la violencia en Ceuta. Tampoco saben si Marruecos volverá a disparar personas en masa por la frontera, o si la próxima vez vendrán armados para quedarse la ciudad. Oyen decir a los ministros marroquíes que Ceuta y Melilla serán «recuperadas» y luego al ministrillo de Exteriores, Albares, responder que Marruecos es un amigo fiel. ¿Cómo evitar entonces que la violencia se cebe? Una multitud sólo necesita una cosa para constituirse en turba y tomar la justicia por su mano: que desaparezca la autoridad y protección del Estado.
Así que hay que plantearse por qué en Ceuta ha desaparecido la autoridad y la protección del Estado. Desde luego que no son los ceutíes quienes han hecho retroceder en su ciudad al Estado de derecho y el imperio de la ley. Ha sido el Gobierno. Se habla constantemente del momento en que haya el primer muerto, inmigrante o ceutí, en el caos que se desatará entonces. En este desastre, hay quien piensa que el Gobierno está cavando su sepultura. Ceuta será la tumba del Sanchismo, dicen. Pero a mí se me hace difícil pensar que todo esto no responda a un plan.
Hay quien se imagina al presidente 25 días parado en la Mareta. Impotente y vago, con un mojito en la mano mientras Ceuta se hunde en los abismos. Sería un Sánchez estúpido y superado por los acontecimientos. Un Sánchez que eludió la responsabilidad más inmediata del poder porque no sabía qué hacer para impedir que una ciudad fronteriza y solitaria se desplome en el caos. Sánchez sería entonces como el pecio de un barco pesquero roído por las anémonas y las algas.
Pero yo no lo veo así. Percibo la quietud de los ojos de una cobra. Percibo un cálculo oscuro y nauseabundo. Recuerdo que, cuando a Sánchez lo sacaron a escobazos de Paiporta, muchos creyeron que Valencia sería la tumba del Sanchismo. Pero lo que Sánchez sabe hacer mejor es cultivar frutos en la desgracia de la población española. Para mí no está impotente, sino que se parece al científico loco de una novela, el doctor Sanchestein, en su laboratorio.
El caos creciente en Ceuta, el choque entre la población autóctona y los inmigrantes, dispone para el Gobierno un escenario primoroso donde hablar tontamente de antifascismo y tal vez plantear el último asalto a la democracia española. Si la situación en Ceuta se cronifica y empeora, siempre podrán sacarse de la manga un Estado de alarma que prolongue esta legislatura sin presupuestos. Recordad siempre que, donde cualquier persona razonable ve una desgracia, nuestro Gobierno ve una oportunidad. Algo están tramando haciéndonos creer que no dan pie con bola.
Pienso que Sánchez quiere cultivar una situación de emergencia nacional no sólo en Ceuta, sino en toda España. Que va a emplear las reacciones de la derecha a la crisis ceutí para alimentar el sentimiento de amenaza fascista en el electorado nacionalista y de izquierdas, tan lucrativo, y cimentar con esto su idea plebiscitaria. Dentro de unos días se reactiva la máquina judicial y el presidente va a dar su batalla final contra el sistema que nos protege de los abusos de poder.
Puede que el final sea el mismo, sin embargo. Es posible que la situación se le vaya definitivamente de las manos. O que lo que despierte en Ceuta sea definitivamente peor, con el doctor Sanchestein devorado por el monstruo que ha creado, pero el resto también.