Iñaki Ezkerra-El Correo

  • Hay distintas maneras de envejecer y una de las que menos me gustan es la de los que dan lecciones existenciales

Leo una reciente entrevista titulada ‘La lección de Javier Bardem’ en la que éste afirma que «cuando nos hacemos mayores creemos que ya lo sabemos todo, pero no sabemos nada». Lo primero que pienso es que hay distintas maneras de envejecer y que una de las que menos me gustan es la de los que dan lecciones existenciales. Bardem construye la suya, esa afirmación doble y contradictoria (creemos que sabemos, pero yo sé que no sabemos) con una generalización injusta, no sé si basada en su propia experiencia personal (cumplir años no obliga a convertirse en un sabiondo) y con otra exagerada que parafraseaba la manida sentencia de Sócrates: «Solo sé que no sé nada». La verdad es que entre el todo y la nada hay un cabal punto medio, como sostenía Aristóteles y repitieron los romanos: «Virtus in medium est».

De acuerdo, admito que uno a Sócrates le perdona ese alarde de humildad hiperbólica y de coquetería senil ante sus entregados discípulos que no le perdona a un actor de nuestros días; menos aún a quien se ha distinguido hasta hoy por pretender guiarnos espiritualmente con una luz que no posee y de hacerlo, además, con una agresividad bronca que no era la del sabio exactamente. Dicho de otra forma, lo que en Sócrates era falsa modestia, en Bardem es un hecho obvio.

En su entrevista, el hijo de Pilar Bardem (otra que llegó a creerse María Zambrano porque la interpretó en una película poco memorable) atribuía esa supuesta arrogancia de la edad al abandono de los años de aprendizaje propios de la juventud. Sin embargo, uno ha conocido a gente que creía que lo sabía todo ya desde los ocho años: el clásico niño repelente. Quiero decir que hallarse todavía en un período de formación de la vida no excluye el engreimiento ni la soberbia necesariamente.

Es probable incluso que algunos de los males que padece hoy nuestra sociedad vengan de lecturas mal asimiladas y de algo que es todavía peor que no ‘saber nada’: ‘saber poco’ y creer que ese poco es ya suficiente, cosa que –la verdad sea dicha– le puede suceder tanto a la gente mayor como a la gente joven. Yo creo que no hay edad para meter la pata y dar el cante. Para pontificar nunca es tarde y nunca es pronto tampoco. Ése es un vicio socializado, democrático y al alcance de todas las edades. Se puede resultar perfectamente insoportable siendo un parvulario.

Como se puede lograr ser un anciano adorable que reflexiona, que escucha, que aporta lo que sabe. «El aprendizaje no tiene edad –nos dice Javier Bardem al final de su entrevista–, así que abre la mente, coge un libro, entra en Wikipedia…». Parecía que la cosa iba bien; que la entrevista se había enderezado; que Bardem estaba logrando darnos el pego aunque hiciera teatro. Y de pronto pronuncia la palabra fatídica: Wikipedia. Ahora se entiende su socratismo.