Manuel Marín-Vozpópuli

  • Ocho años después de que llegase a La Moncloa, sabemos que Sánchez es capaz de alterar las reglas de todo en cualquier momento

Resulta enternecedor leer o escuchar a quienes sostienen que Pedro Sánchez es solo un indocumentado, un pésimo gestor, un mal analista internacional y un incapaz, cuando se cumple un mes de que admitiese que lo que realmente se produjo en Ceuta no fue una crisis migratoria, sino una agresión a la integridad territorial de España. La resolución de la tragedia ceutí, si es que llega a haber resolución porque somos más los pesimistas que los optimistas, no es un problema de error de cálculo, ni de gestión, ni de eficacia, ni de trabajo eludido por un insolvente perezoso en pleno éxtasis vacacional. Tantas semanas después no puede ser solo un problema de incapacidad o ineptitud. Es un problema de amoralidad. Primero, porque Sánchez sabe que Marruecos lo tiene asido de salva sea la parte por motivos que desconocemos y que en una democracia decente deberían conocerse. Segundo, porque a Sánchez la integridad territorial de su “España plurinacional” le importa una higa. Tercero, porque es un especialista en ver una oportunidad, la de amplificar su sectarismo ideológico, allí donde hay una catástrofe, una pandemia, un volcán, un terremoto, un apagón, una dana… o una obsesión enfermiza por Díaz Ayuso. Y cuarto, porque en este extraño PSOE hasta proliferan quienes creen que Ceuta y Melilla son dos colonias sobre las que Marruecos sí tiene un derecho histórico.

Al tipo que no tuvo empacho en instruir a cada segundo escalón decisorio de la Administración, véanse sin ir más lejos el Fiscal General del Estado o el TC, para retorcer la legalidad si el resto del Estado no se sometía a sus órdenes, lo vemos ahora convirtiendo a Ceuta en un pudridero deliberado porque esa metástasis, la del desorden, el odio, la degradación y por fin… la ultraderecha, es exactamente la que le interesa expandir para retrasar lo más posible las elecciones generales. A más conflicto, a más explosividad social, más oportunidades para alegar que la falta de convivencia en paz lo abocan a una situación límite en la que puede no ser aconsejable convocar a las urnas cuando se debe. En una España rota en conflictos, votar en libertad es imposible. Ergo, Sánchez se presentaría como garante de una estabilidad que no existe y podría plantearse impedir votar porque no se dan las condiciones de pacificación social mínimamente necesarias. ¡Cómo permitir votar con el odio inoculado en las urnas! Imposible. ¿Resultado? Situación excepcional, anomalía democrática… y resolución del TC avalando la enésima excepcionalidad a favor de los intereses de Sánchez. O cualquier otra añagaza que se inventen.

Sin embargo, en realidad el problema no es especular con lo que pueda decidir Sánchez o no en el futuro. El problema es que ocho años después de que llegase a La Moncloa, sabemos a ciencia cierta que Sánchez es capaz de alterar las reglas de todo en cualquier momento del presente. De ahí su manera provocativa de gobernar. De ahí que Marruecos plantee, ampare, avale y consienta una invasión de 80.000 personas en lo que constituyó una agresión a la integridad territorial de España (un sic de Sánchez como una catedral), y que nuestro presidente se limite a replicar con la nueva memez de moda en las redes sociales: plantear una “batalla de auras” contra Mohammed VI para que siga partiéndose la caja a cuenta de Ceuta y a Melilla. Te invaden, te agreden, y desde La Mareta España plantea un “farmeo del aura” con aspavientos histéricos de brazos tratando de imponerse al aura del rey alauí. Marruecos organiza, amenaza, se chotea y degrada a Ceuta en busca de una cosoberanía, mientras España cultiva la gilipollez puesta de moda por quienes hace solo unos meses se creían perros o gatos. No vamos bien, y los ceutíes, menos. Pero todos tenemos una playlist con la música que nos recomienda el presidente. Ni tan mal. Y sin siquiera una migaja de chill out.

De todo este estado de cosas nace su enfermiza necesidad por llamar la atención, de sobreactuar simulando ser un cero a la izquierda y un inútil ante cualquier crisis. Así consigue irritar a la derecha hasta la enajenación indignada. Pero, hombre, cómo puede existir semejante irresponsable, se pregunta la derecha. La derecha política queda enajenada porque se limita a denunciar lo obvio, es decir, que Sánchez es un muñeco averiado rodeado de ministros marionetas y asesores absurdos de TikTok capaces de repetir como loros inanes cualquier consigna automatizada. Y la derecha sociológica… a esa la enajena porque sí. Porque la enerva y no necesita mucho para lograrlo. Porque el presidente no se inmuta cuando recuerdan a su madre cada dos segundos. Porque Ceuta es irrelevante. Porque le encanta que le odien al otro lado del muro. Porque el odio y el muro son su única esperanza. Habiendo odio, el presidente del TC ya podrá inventar todos los argumentos posibles, su famosa creatividad jurídica, para dilatar la convocatoria de elecciones. Sencillamente, Ceuta ha eclosionado como un cisne negro en el horizonte de un pato cojo.

Sin embargo hay una novedad con la que este total controller Pedro Sánchez no contaba. Que hasta su partido ya no es tan sumiso y empieza a verlo en serio como esa pieza de caza débil y moribunda a la que ya no podrá consolar ni Tezanos, siempre tan solícito en su falsa humildad, siempre tan aborregado en la justificación de su soldada. Ministros a bofetadas, Juan Lobato en Ceuta… y hasta Óscar Puente ya reconoce en público que aspira a suceder a Sánchez. Y solo caben dos opciones: o Sánchez ha abierto la ventanilla voluntariamente dando rienda suelta a la vocación de los aspirantes que lo ven cadavérico, cosa difícilmente creíble, o Sánchez está más débil de lo que nos hace creer entre recomendaciones literarias y viajes secretos a su paraíso andorrano del mountain bike. La clave definitiva es que nadie sabe qué empieza a ocurrir en el PSOE en estos momentos de pérdidas de control, ministros mentirosos y desbarajuste gubernamental. Y eso es tanto como gestionar el caos con menos mando en plaza.

Lo del Gobierno, ante la magnitud del pudrimiento de Ceuta, no es solo esa mezcla de indolencia, pasividad, vagancia o debilidad. Un mes después no es posible que nadie piense de este modo tan simplista. Sería tanto como si Sánchez nos quisiese hacer creer que Albares es más listo que cualquier funcionario mediocre de Rabat, o que la Policía puede resolver la conflictividad con los marroquíes con más batallas de aura, como si todo en la soberanía nacional fuese un estúpido juego de redes sociales. Por ese motivo, porque no hay un solo ceutí que atisbe una solución racional, hasta surgen teorías conspiratorias de encargo y sin pruebas, como que la extrema derecha internacional ha provocado esto. Y Estados Unidos. E Israel. Y quien sea. Y que los ceutíes son unos racistas carentes de humanidad. ¿En serio el argumentario oficialista se va a reducir a esto?

Lo peligroso es que Sánchez parece abiertamente influido por gurús de Moncloa que creen de verdad, en su delirio carente de conocimientos históricos, que Ceuta y Melilla son marroquíes de pleno derecho y que conviene ser comprensivos con hipotéticos y falsos derechos de Rabat sobre las dos plazas. Por eso no es un desiderátum la tesis de que Sánchez esté deliberadamente degradando la situación para cultivar la fractura, la tensión social y la agresividad para seguir rompiendo emocionalmente a los ceutíes y a los españoles… Lograr ser un objetivo ideológico de movimientos ultras de toda Europa y victimizarse. Convertir a Ceuta en un Torre Pacheco multiplicado por veinte. Encontrar la coartada necesaria para que deje de hablarse de la escombrera de corrupción en la que convirtió su Gobierno desde el primer día… y hallar el modo de mantenerse en su mundo anacrónico unos meses más mientras España se va al garete entre fachas y bulos. Y le preguntaba a Maxim Huerta cómo lo vería la historia tras el desguace final…