Jesús Cuadrado-Vozpópuli
- El comodín “parar a la derecha” suena ya a disco rayado.
La disidencia no tiene cabida en el Partido Socialista de Sánchez, como demuestran los ejemplos de Josep Borrell y Margarita Robles en su actitud ante la invasión del 30-J. De todas las comparecencias parlamentarias, se ha destacado la de la ministra de Defensa como una excepción por una supuesta autocrítica que la diferenciaría del resto. Que nadie se confunda con quien antes y en el momento del ataque hibrido de Marruecos le falló, como sus colegas, a la Seguridad Nacional. Ninguna sorpresa. Destacadísimo fue su papel en la destitución de la directora del CNI, Paz Esteban, a petición los golpistas secesionistas del 1-O, que, sí, serían espiados cuando pretendían una “violación de la integridad territorial”. Lo cierto es que, bajo su dirección, los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas han sufrido una humillación insoportable y ella es hoy la menos indicada para seguir en el cargo.
Absurdo e histérico
Sobre Ceuta, los cuentos no están funcionando. Ocurre con Borrell, otro personaje al que los medios atribuyen una auctoritas excepcional. Estos días se ha pronunciado sobre Ceuta para establecer, al servicio de Sánchez, una tesis alucinante acerca de la responsabilidad en la invasión, de la que culpa, no a Marruecos, sino a Europa, acusada por él de comportamiento “absurdo e histérico”. Mayor fanatismo sanchista es difícil. A lo que apunta el exministro de Exteriores -hasta que fue cesado por exigencia del independentismo catalán, y compensado con una vicepresidencia en la Comisión Europea- es a una confrontación con, entre otros, la primera ministra danesa, socialdemócrata, que ha dado una lección al Psoe sobre el significado de la izquierda liberal y democrática.
Borrell refleja la degradación del Partido Socialista, inutilizado ya para una política de centralidad y condenado a ir de la mano de ese bloque que se identifica con lo que ellos denominan República Plurinacional. Javier Pérez Royo, ideólogo de cabecera de ese conglomerado y seguido con devoción por el activismo sanchista de plató, habitual apoyo de todas las tropelías de Sánchez, desde la amnistía a los ataques a la Justicia, ha firmado un artículo sobre Ceuta, en un medio sanchista, que no tiene desperdicio. Niega la españolidad de Ceuta y Melilla y sostiene que la población es española, pero las ciudades, no. Propone que ceutíes y melillenses sean desplazados a la península porque, dice, “Ceuta podrá ser españolísima, pero no es española”. Con estas compañías navega el Partido Socialista. Únase a estas tesis de compañero de viaje la intervención del ministro de Exteriores Albares, que en el Congreso ensalzó la “colaboración” de Marruecos. Y así, paso a paso, se le entrega la llave al reino alauita para la próxima invasión, la siguiente “violación de la integridad territorial”, en palabras de Sánchez.
Para el próximo miércoles, día 2, los representantes de los ayuntamientos han convocado manifestaciones de apoyo a Ceuta y será muy interesante comprobar si alcaldes y concejales socialistas participan o, siguiendo instrucciones del partido, no acuden a esos actos. No tendrán fácil justificar ante sus vecinos la ausencia. Más, cuando todos los intentos reiterados para desviar la atención del origen y evolución del desastre se vienen abajo cada vez que los ceutíes, todos, les dicen a los españoles qué están viviendo y quiénes son los responsables. No podrán con ellos, no tendrán relatos que puedan enmascarar los hechos de una invasión programada y un Gobierno fallido que no respondió al ataque. Todas las máscaras del Psoe cayeron de golpe y no tienen repuestos frente a la contundencia de hechos inapelables que Ceuta transmite a toda España.
Salidas desesperadas
De momento, la inteligencia demostrada por la sociedad ceutí está resistiendo al intento de extrema izquierda y extrema derecha de utilizar para sus aspiraciones políticas la tensión buscada desde Marruecos. Sánchez, como es su costumbre, buscará salidas desesperadas, pero, atrapado por una invasión utilizada como artefacto de guerra híbrida contra España, solo le quedan dos opciones. O sale por la puerta ahora, sin perder un día, o saldrá por la ventana -metafóricamente, se entiende-, si sigue atrincherado. El comodín “parar a la derecha” suena ya a disco rayado. Empeora las cosas el Partido Socialista con el empeño por asociar a los ceutíes con actos de radicalismo. Demuestran que siguen sometidos sin remedio a los enemigos de España, los de dentro y los de fuera.