Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • Educación se adelanta al informe de la OCDE con su propia evaluación

Ayer, a cinco días de conocer los resultados del informe PISA, Educación presentó de pronto su propia evaluación diagnóstica. Es un estudio que realizan cada dos años y la tradición era que tardasen otros dos en publicar los resultados. Esta vez se ha resuelto todo en cuatro meses. El primer éxito para el sistema educativo vasco parece claro: el de la OCDE puede ser el método de evaluación más internacional, citado y prestigioso, pero el nuestro, el de cercanía, es más veloz cuando hace falta. Y llega tocando el timbre -¡PISA exprés!- cuando todo el mundo está mirando a Ceuta y a un debate de los gordos en el Congreso. Quizá recuerden que los últimos resultados PISA fueron para la educación vasca los peores de la historia. Le fue muy bien a Singapur. Este año, puede que para no apabullar, Educación presentó al estudio internacional la menor muestra posible de alumnos y centros. Para la evaluación diagnóstica de proximidad, en cambio, no se ha escatimado con la muestra. Una de sus ventajas es que se limita obviamente al País Vasco, y eso aumenta las opciones de que sea a los vascos a los que nos vaya bien. «Evolución positiva», celebró ayer la consejera Pedrosa, que subrayó una mejora general del alumnado y también los avances en «equidad» entre los centros con mejores y peores índices socioeconómicos.

La verdad es que los datos, como en casa, en ningún sitio. Y eso que, pese a la mejoría general, tres de cada cuatro estudiantes vascos terminan la ESO sin el nivel de euskera exigido por el propio Gobierno vasco. Imagino que eso explica la conveniencia de aumentar el nivel de exigencia de euskera en la próxima PAU. Los análisis en torno a nuestro sistema educativo hacen pensar en un montón de expertos dando vueltas alrededor de una enorme esfera mientras analizan pequeñas muestras que parecen indicar siempre la misma curvatura. ¿Qué misterio es este? Bueno, quizá sea esa esfera enorme de ahí: la gran mayoría de los alumnos del país no estudia en su lengua materna. La propia evaluación diagnóstica de Educación refleja lo que eso implica de un modo palmario: cuando los alumnos castellanohablantes que estudian en euskera realizan la prueba en español, propulsan sus resultados. Los resultados de los alumnos euskaldunes están, por tanto, propulsados de suyo en las notas de verdad, en las que cuentan. Tras cada evaluación, el diagnóstico del Gobierno vasco permanece inamovible: el único problema que parece presentar el proceso de euskaldunización es que la mayoría de los alumnos no sea euskaldun.

Congreso

Mandar en la FIFA

El debate parlamentario sobre la crisis de Ceuta llegó como otro ‘matchpoint’ para Pedro Sánchez y confirmó lo evidente: el pobre Congreso ya no está para juegos decisivos. Al Gobierno le faltó el apoyo de sus socios, con la excepción del más fervoroso e incondicional: Bildu. Pero dio igual y el debate rodó con facilidad por la pendiente que va del problema internacional a la M-30, ático de Ayuso incluido. Que no se me olvide que llegó a compararse a los inmigrantes marroquíes con los refugiados republicanos en las playas de Francia. Alguien debió de decidir trabajar el concepto ‘playa’. Menos mal que no se acordó de los Beach Boys. Y, bueno, Feijóo exigió la dimisión de Sánchez como si no llevase al menos tres años haciéndolo y Sánchez volvió a examinar las capacidades de Feijóo con pésimos resultados. Esta vez también le examinó como presidente de la FIFA, lo que se explica porque a Sánchez le escriben a veces líneas de comedia compatibles con el ‘bullying’. A Feijóo, en cambio, las líneas se las escriben cada vez más feroces, de modo que ya no duda en soltar la clase de bravatas que ascienden con facilidad de la barra del bar a la tribuna de oradores. La verdad es que le funciona, solo que por el lado desastroso. Ahora el líder de la oposición exagera en cuanto puede la firmeza para proyectarse como el presidente que va a arreglarlo todo. Yo creo que le arrojaría a Sánchez mi candidatura en términos más pragmáticos: «A mí me parece poco probable que pueda llegar a hacerlo peor que usted, pero, la verdad, nunca se sabe».