Editorial-El Correo

  • La prudencia táctica de Sánchez al exculpar a Marruecos de la crisis en Ceuta logra una insólita unidad: sus socios y la oposición se alinean para denunciar a Rabat

A remolque de los acontecimientos en Ceuta y con una evidente soledad en el relato de lo ocurrido en la frontera con Marruecos. Así podría resumirse la comparecencia de Pedro Sánchez ayer en el Congreso para dar cuenta de la gestión de su Gobierno en la crisis, más de un mes después de producirse la entrada masiva de 80.000 migrantes. La resistencia de Pedro Sánchez a señalar al régimen de Mohamed VI en la vulneración de la integridad de España, al menos «de momento», tuvo ayer la insólita virtud de unir a todos sus socios de investidura y a los partidos de la oposición en un diagnóstico común que el propio Ejecutivo sigue sin construir. De izquierda a derecha, nacionalistas y no nacionalistas, los grupos parlamentarios se alinearon para denunciar directamente la responsabilidad de Rabat.

Cada uno con sus acentos, PP y Vox pusieron el foco en el «chantaje» presuntamente urdido contra la defensa de la seguridad nacional y la soberanía, mientras que los aliados del llamado bloque progresista -Sumar, ERC, EH Bildu y PNV- acusaron a las autoridades marroquíes de utilizar a miles de personas vulnerables para presionar al Ejecutivo español. Puede resultar comprensible que Sánchez tire de contención diplomática, sobre todo si busca la colaboración del país vecino para agilizar las devoluciones en una crisis que también es humanitaria. Un trámite regulado por la ley que consumirá mucho más tiempo de lo que esperan las posiciones populistas que creen, falsamente, que se puede «coger a un ser humano del brazo y arrojarlo al otro lado como si fuera un saco», en palabras del presidente.

A pesar de haber amagado con una recomposición de la cooperación con Marruecos, tras las últimas revelaciones policiales sobre la implicación de gendarmes marroquíes en el «guiado» de los inmigrantes rumbo a Ceuta, el jefe del Gobierno sale del trance parlamentario pagando un elevado precio político. Ha logrado lo que era todo un imposible en un clima tan crispado entre socios de investidura y oposición: que todo el arco parlamentario, salvo el PSOE lógicamente, se una e interprete la prudencia que defiende Pedro Sánchez en acusada debilidad. Podía haberse ahorrado una parte de las causas del desgaste acumulado durante este último mes, si hubiera comparecido semanas antes casi con el mismo guion de ayer. Buena parte de él fue la reconstrucción de unos hechos que, no por conocidos, precisaban por su gravedad de la necesaria valoración del presidente del Gobierno y del contraste con el resto de partidos.