Iñaki Ezkerra-El Correo
- La fingida desmemoria de Sánchez sobre el reinado de Felipe VI trataba de ocultar la obsesión enfermiza que tiene con la Corona
Fue el lapsus de Sánchez en la entrevista que le hicieron en la SER: «El Rey lleva reinando más de veinte años». Y, por sorprendente, por evidente, sonó a intencionado, a fingido, a falso lapsus. Para la mayoría de los humanos, el tiempo pasa demasiado rápido y, si tendemos a errar en el cálculo cronológico del reinado de Felipe VI, es más bien para acortar éste que para alargarlo. Tendemos, en fin, a ver los hechos recientes más recientes de lo que en realidad son, ya se trate de hechos históricos, políticos, personales o privados: «Parece que fue ayer cuando subió al trono». ¿No es Sánchez humano? Dando por hecho que sabe contar, ¿funciona su cabeza al revés que el resto de la especie? ¿O se le ha hecho quizá demasiado largo ese reinado debido a que padece una suerte de jacobinismo fisiológico?
Si todo el mundo reparó en ese lapsus sanchista según lo escuchaba, resulta todavía más difícil creer que no reparara en éste el propio Sánchez por más limitaciones intelectuales que pudiéramos suponerle. Y resulta más difícil de creer en su caso porque, casualmente, la biografía del actual presidente del Gobierno corre paralela a la del Rey en lo que se refiere a ciertos momentos cruciales de la proyección pública de cada uno de ellos. Felipe VI subió al trono el 19 de junio de 2014 y Pedro Sánchez fue proclamado candidato a la secretaría general del PSOE nueve días después, exactamente el 28 de junio de ese mismo año. Nadie que vive unas fechas tan señaladas en su trayectoria vital olvida las circunstancias en que éstas se produjeron, menos aún si esas circunstancias fueron especialmente delicadas por no decir traumáticas.
Sí. La abdicación de Juan Carlos I se había producido siete días después de la dimisión de Pérez Rubalcaba y en vísperas de que el PSOE entrara en la deriva populista que ha constituido el sanchismo, o sea, en el último momento en que aún era factible que ese partido votara la postergada ley orgánica que hacía legalmente posible la sucesión y en que el consiguiente aforamiento del Rey saliente pudiera contar con el suficiente respaldo parlamentario. Como se ve, no eran esas unas circunstancias que pudiera olvidar quien, como Sánchez, las estaba viviendo en un privilegiado primer plano.
Decía Freud que «en el lapsus está la verdad». Y tenía razón hasta el punto de que «está la verdad incluso en el falso lapsus», en ése que el interesado finge para hacer como que no le interesa algo. El falso lapsus, el impostado despiste, la fingida desmemoria de Sánchez trataba de ocultar la obsesión enfermiza que tiene con la Corona; su indisimulable empeño de competir con ésta durante los cuarenta años que lleva gobernando. ¡Ay, no, perdón, que me he equivocado! ¡Que el de los cuarenta años era otro!