Luis Ventoso-El Debate
  • Resulta divertido observar ciertos esfuerzos por desmarcarse del mandatario achicharrado intentando que no se note demasiado

A riesgo de repetirme como el ajo, voy a recordar cómo funciona la prensa cuando cumple su función con excelencia. Es sencillo: un editor lanza un medio para defender unas ideas y el público que las comparte se convierte en su audiencia.

Pero ese planteamiento ideal se rompe cuando entran en juego actores que no tienen más interés en el mercado mediático que el crematístico. Tal suele ser la tónica de los editores extranjeros que desembarcan en España, quienes se colocan en un espacio u otro del arco ideológico atendiendo a una pregunta prioritaria: ¿cómo puedo ganar más pasta?

El principal grupo informativo de apoyo a Sánchez, fortísimamente endeudado, es hoy propiedad en buena medida de inversores foráneos. Esos capitalistas no se recetarían jamás así mismos el catecismo socialista, por supuesto. Pero su apoyo al Gobierno que hoy manda en España les otorga un nicho de mercado y además puede abrirles las puertas en empresas públicas y contratas dominadas por el Ejecutivo.

El primer accionista del mayor grupo de apoyo al PSOE se llama Amber Capital, un fondo creado en Nueva York y radicado en Londres. Su propietario, el actual presidente de Prisa, es lo que suele denominarse «un ciudadano del mundo». Se trata de un habilidoso ejecutivo de 54 años nacido en Francia, de raíces armenias y libanesas, que ahora vive en Londres y que cuenta también con nacionalidad colombiana.

Este empresario, como hacen todos legítimamente, tiene que velar por su dinero y desea ganar más. Así que cuando Sánchez llamó a su puerta para pedirle que le montase Telepedro, el nuevo canal a la mayor gloria del presidente, el hombre procedió a hacer sus números. Vio que aquello resultaba ruinoso, que iba a debilitar todavía más sus ya anémicas cuentas. Así que se atrevió a decirle nones al súper ego. Llegaron entonces las inevitables tiranteces y tras ellas el empresario procedió a resituarse un poco políticamente. Propinó a Sánchez algún pellizquito en sus medios, redujo el volumen adulatorio, incluso despidió a una célebre radiofonista pasada de rosca en sus panegíricos sanchistas. Pero al final del día ha mantenido a su grupo en una posición leal al PSOE, pues es ahí donde tiene su cuota de mercado.

Ayer sábado sonaba la radio de fondo por la mañana mientras uno le daba a la Gillette. La cadena que habitualmente escucho estaba muy aburrida, así que fui probando otras, e incluso hice una incursión en la Ser para ver cómo orientaban la crisis de Ceuta. Allí me encontré con que un cómico entrevistaba al presentador del programa, el clásico Javier del Pino, y le iba preguntando en tono graciosete si habían relevado a tal o cual colaborador izquierdista, lo cual iba siendo negado de plano por el conductor del espacio. El mensaje que querían transmitir con la broma era muy claro: aunque hayamos largado a Barceló seguimos siendo de izquierdas, ¡eh! Y es que la fiel apologista de Sánchez había lanzado en su despedida un duro dardo: «Yo ya soy la página de la izquierda y ahora toca completar la página de la derecha», lo cual puede haber sembrado dudas sobre la lealtad «progresista» del grupo mediático, con el consiguiente riesgo de mermas de público.

Resulta divertido observar estos alambicados equilibrios del ocaso del sanchismo: tenemos que ir girando a la derecha, porque el achicharrado está de salida y ya no es negocio, pero que no se note todavía demasiado, que no cante.

No voy a recurrir a la manida metáfora de los roedores y el barco, pero quizá sería la adecuada. La nave de la «coalición progresista» hace agua y se percibe en el ambiente que Sánchez está al final de su larga y turbia escapada. Broncano, el bufón oficial, reconoce que se ve en el paro. Algunos alcaldes socialistas se han dejado ver en las multitudinarias manifestaciones contra el lacerante fracaso del Gobierno en Ceuta. Puente, sin mirarse en el espejo ni escucharse, levanta el dedo como sucesor. Margarita se va recolocando para quedar bien en el tramo final, tras haber aceptado durante ocho años todas las tropelías de su jefe. Los tertulianos van perdiendo calorías sanchistas…

Estamos en los cansinos minutos basura de la legislatura. Una auténtica pérdida de tiempo. Una pena no abrir las urnas de una vez solo porque un gobernante sin apoyos tiene miedo de acabar en el banquillo si pierde el escudo del poder.