Iñaki Ezkerra-El Correo
- La cultura y la mesura no son valores en los que crea nadie, ni los ricos ni los pobres
Con motivo de su última película, ‘El ser querido’, Rodrigo Sorogoyen hace unas declaraciones que me llaman la atención por optimistas en un tiempo en el que sobran los discursos agoreros y apocalípticos: «Las personas con poder cada vez se miden y se educan más». Pienso en Trump y en Putin, dos personajes que encarnan el poder más desorbitado en nuestros días, y no me parece que responden a ese cultivado y contenido perfil del que habla Sorogoyen. Pienso en los nuevos ricos del poder político en nuestra vida nacional y no acabo de ver que se midan y se eduquen más que sus predecesores sino todo lo al contrario. Lo que me parece es que no conocen el límite del pudor siquiera y que no se cortan un pelo para mostrarse como tristemente son. Más bien diría que estamos ante la peña menos ilustrada de toda la etapa democrática.
Eso en cuanto al poder político. En cuanto al económico, los primeros nombres que me vienen a la cabeza son los de Elon Musk y Mark Zuckerberg. El primero es el actual propietario de la plataforma Twitter, que él mismo rebautizó como X al adquirirla. El segundo es el creador de Facebook e Instagram. ¿De verdad las redes sociales pueden considerarse un emporio de la educación y de la medida? ¿No son la más gráfica expresión de la barbarie populista que nos aqueja?
Los siguientes nombres que me vienen a la mente son los de Bill Gates y George Soros, dos enredadores globales de primera que, si se han distinguido por algo, es por el mal gusto de andar chupando cámara para exhibir su capacidad de influencia y por su desmedido afán de modificar, sin permiso, las vidas ajenas con sus fortunas. ¿Dónde está la educación y la medida en quien, aparte de sus inquietantes contactos con Jeffrey Epstein, planea la estrafalaria instalación de un techo de aerosoles reflectantes en la estratosfera para bloquear al Astro Rey o en quien, aparte de las coloristas teorías conspiratorias que ha inspirado, juega al ‘Gog’ de Giovanni Papini donando dinero para provocar cambios políticos que aumenten sus ingresos o para llevar en su día a la propia quiebra técnica al Banco de Inglaterra? ¿Son éstos los poderosos educados y comedidos de los que habla Sorogoyen en su esperanzadora entrevista?
A uno le gustaría de veras creer en ese panorama amable de politicastros y ricachos ilustrados y mesurados que nos dibuja Sorogoyen en un presente en el que la machacona invocación de los derechos sociales no puede ocultar la progresiva merma de los llamados estados del bienestar y se combina con un escaparate referencial de valores colectivos a manos de yuppies, influencers y demagogos. Un presente en el que la cultura y la mesura no son valores en los que crea nadie, ni los ricos ni los pobres. Y al que tampoco es ajeno el mundillo del cine al que pertenece Sorogoyen.