Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • Que la alternativa a Sánchez sea el sumatorio obligatorio de PP y Vox tiene sus contraindicaciones

Si hace un tiempo se llegaron a plantear otras alternativas al post-sanchismo (una mayoría absoluta del PP en caso de que Vox se desinflara y el PP recuperara sus votantes extraviados por las contradicciones o las dudas propias y la claridad y contundencia de Vox, o una Gran Coalición de PSOE y PP para parar a los extremos y dar estabilidad al país), ahora sólo hay una, nos guste o no: o un Gobierno del PP con apoyo externo de Vox o un Gobierno del PP y Vox. Y esto porque, por un lado, el PP no tiene capacidad de lograr por sí solo una mayoría absoluta tanto por insuficiencia propia como por la pujanza de Vox, y porque, por otro lado, desaparecido Podemos y podemizado el PSOE, este partido se ha convertido por deméritos propios en uno de los extremos que habría que parar o evitar que gobernara, por lo que contar con el actual PSOE es un absurdo y pura melancolía que ya casi nadie defiende.

Otra cosa es si existiera un PSOE distinto al actual, pero es que hoy en día no existe otra cosa que el colonizado por Sánchez, con el permiso y, desde luego, la complicidad, de sus militantes, especialmente de los más jóvenes, lo cual no augura nada bueno ni para el propio partido ni, desde luego, para España. Pero así han sido las cosas y así las hemos sufrido: no es sólo que probablemente no alcance ni siquiera los cien diputados en las próximas elecciones generales sino que su batacazo electoral es lo mejor que nos puede pasar… especialmente a los que somos progresistas. Cuando se regenere, si es que se regenera, ya se verá, pero no es este un escenario que parezca vaya a producirse en el corto plazo.

Obviamente, que la alternativa a Sánchez sea el sumatorio obligatorio de PP y Vox tiene sus contraindicaciones: por un lado, Vox tirará del PP hacia las posiciones extremas por las cuales se le vota (y, por lo tanto, a las cuales no puede renunciar si no quiere desinflarse); por otro lado, y consecuencia de lo anterior, la estabilidad será sólo relativa y temporal, dada la pulsión y la tensión que habrá en ese gobierno desde el primer día que se conforme. Porque además son esas ideas extremas a las que Vox no puede renunciar las que forman parte de su identidad y lo hacen fuerte, la mayoría de las cuales están relacionadas con sus posiciones en relación a la inmigración y lo que su exceso y abuso provocan (aunque todo sea subjetivo y hasta imaginario según quienes prefieren seguir engañándose a sí mismos), así como el empobrecimiento de las clases medias, el problema habitacional y las infinitas cesiones a los nacionalistas que quieren romper España por obra y gracia de Sánchez y sus deseos de mantenerse a toda costa en la Moncloa; o sea, todo lo que la izquierda no sólo no ha solucionado sino que incluso ha agravado en su octenio negro que ellos han protagonizado y los demás hemos padecido, hasta el punto de que cada vez más gente de izquierdas está dispuesta a votar a Vox. No hay más que observar el paisanaje o leer lo que nos dicen todas las encuestas.

Golpe de mano antidemocrático

En parte es lo que Sánchez lleva tiempo provocando obstinadamente y a conciencia como alternativa más probable a su inviable remontada: dado que el presidente y su cohorte de palmeros están políticamente abrasados y el PSOE es una caricatura de lo que un día fue, que al menos el PP no logre mayoría absoluta y dependa de Vox, a ver si con un poco de suerte pueden volver Sánchez y sus socios más lesivos a volver a gobernar y terminar de destrozar España. Aunque, escuchadas algunas de las afirmaciones del todavía líder socialista en las que muestra su respeto a la alternancia política salvo que esa alternancia política no sea de su agrado, no descartaría un golpe de mano para torcer la voluntad popular a través de instrumentos sutil o abiertamente antidemocráticos o de dudosa legitimidad, como ha dejado entrever durante sus ocho años de gobierno pero especialmente en los últimos tiempos. No es que un servidor sea un conspiranoico redomado o un enviado especial de la internacionalista ultraderechista para desinformar a los ciudadanos que ellos han pretendido engañar antes con mentiras masivas, sino que me limito a ver y leer lo que el Puto Amo dice, y no precisamente entre líneas. Si no le entendemos mal, aquello en lo que insiste es que todo es respetable menos que gobierne la derecha; o sea, que sólo es respetable que él siga en la Moncloa.

Así que, una vez derrotado el sanchismo que ha envenenado la convivencia y devaluado la democracia en España hasta límites inimaginables hace unos años, cuando finalmente se produzca su definitivo derrumbe, Feijóo tendrá tanta tarea que dudo que no acabe convirtiéndolo semejante empresa en una de dos: o en un líder de altura si es capaz de enfrentarla o en un guiñapo político abrasado por las circunstancias; porque así suelen ser las cosas de la política. Y es que su tarea y la del equipo que conforme tendrá ante sí retos enormes: por un lado, impulsar las reformas profundas que España necesita tras los estropicios provocados por Sánchez; por otro lado, mantener en cintura a Vox, tanto para garantizar la estabilidad del país como para no sufrir el sorpasso al que los de Santiago Abascal no han renunciado.

Mantener a Abascal en cincuenta diputados

La cuestión tiene otra derivada envenenada: Feijóo pervivirá y frenará a Vox si impulsa las reformas que España necesita, alguna de las cuales sólo podrá aprobarlas con Vox, lo cual provocaría el debilitamiento de este. Si las llevara a cabo con éxito, es probable que el PP se acercara nuevamente a la mayoría absoluta y desactivara a Vox como hipotética alternativa preferida de la derecha. Si no pudiera o no quisiera impulsar las reformas que España necesita ni lograra mantener a Vox en menos de cincuenta diputados, todo podría empeorar.

Y todo podría empeorar porque tal hecho supondría por sí mismo una muy mala noticia para España, como porque tan mala noticia vendría acompañada de otra igualmente nefasta o incluso peor: el retorno de Sánchez para acabar el trabajo que ha dejado pendiente y que supondría quizás la balcanización de España o su desmembramiento definitivo; salvo, obviamente, que acabe antes en la cárcel, cosa que, tras tanta corrupción y tras la invasión de Ceuta, no es en absoluto descartable.