Editorial-ABC
- Ni un mínimo de dignidad profesional ha llevado a Tezanos a preguntar a los ciudadanos por la responsabilidad del Gobierno en la crisis de Ceuta
El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, ha vuelto a superarse en su último estudio demoscópico, hecho público ayer. La encuesta se refiere a la invasión de Ceuta y las preguntas formuladas han sido un prodigio de magia, porque han escondido al presidente del Gobierno y a cualquiera de los ministros involucrados en la crisis. Ni un mínimo de dignidad profesional ha llevado a Tezanos a preguntar a los ciudadanos que pagan su nómina y los costes de sus encuestas por la responsabilidad del Gobierno de la nación en relación con lo que Pedro Sánchez, en un efímero rapto de lucidez y verdad, calificó como una «agresión a la integridad territorial del Estado». No hace falta ser un brillante sociológo para dar por hecho que cualquier encuesta ciudadana sobre una crisis de Estado debe incluir preguntas sobre la gestión que, de esa crisis, ha hecho el Gobierno de ese Estado. Lo contrario es un fraude, como sucede con esta encuesta del CIS, cometido no por un brillante sociólogo, sino por un activista del PSOE con sueldo público.
La intención de Tezanos no era más que blindar el escondite en el que mete a Pedro Sánchez con preguntas de una elementalidad insultante: si hay que reforzar las fronteras, si la Unión Europea tiene que implicarse en la defensa fronteriza de España, si ha habido actores internacionales en esta crisis. Y, claro, además de Marruecos, han aparecido los iconos de la propaganda de la Moncloa: Donald Trump, Benjamín Netanyahu y hasta Giorgia Meloni. Con estos ejercicios de sectarismo pagados con dinero público, el problema empieza a trascender el mero ámbito del CIS, cuya gestión económica merece claramente un enjuiciamiento legal en toda regla. Ha trascendido hasta convertir a Tezanos en una imagen del desmoronamiento de Sánchez, al que el director del CIS intenta prestar sus últimos servicios, como esos tertulianos y presentadores que empiezan a despedirse de sus programas de RTVE porque se ven arrastrados por la caída del PSOE.
Tezanos es la expresión de una política agónica, sucia, que toca a su fin. Las artimañas de este sociólogo de Ferraz son tan burdas que no merecen crédito ciudadano, pero sí una depuración de responsabilidades. Tezanos no sirve para detener el hundimiento del sanchismo, un desplome que salta a la vista del ciudadano en los últimos gestos del Gobierno para sortear la crisis de Ceuta, que consisten en desviar la atención hacia la Corona, poner el foco en los jueces, a base de unos insultos que merecen una actuación de la fiscal general del Estado, y de adulterar la opinión pública con unas encuestas delirantes. Al final, a Sánchez le queda Tezanos y poco más en un fin de mandato dramático para los intereses nacionales, escenario en el que el CIS certifica su servidumbre política, pero de manera tan burda que roza el patetismo. Con unas bases municipales socialistas que huelen a funeral electoral y con el Gobierno dividido por el fracaso en Ceuta, bajo el escrutinio de la Audiencia Nacional, el sanchismo ha desatado una guerra sin cuartel contra la verdad. Por eso necesita una encuesta que refleje una opinión pública adulterada, con respuestas irrelevantes a preguntas mendaces.