Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Si el nuevo presidente no es consensuado, la posibilidad de que sobreviva un solo día a un hipotético cambio de gobierno es inverosímil. E irá en perjuicio del prestigio internacional de esa casa

Me sorprendió el miércoles en la sesión de control al gobierno que el presidente del mismo citara como fuente de autoridad al Real Instituto Elcano. Entiéndaseme bien: Yo reconozco la máxima autoridad académica a un brillante equipo de investigadores encabezados por el profesor Charles Powell que lleva un cuarto de siglo en esa casa. Pero quien, por sus actos, no parece reconocérsela es Napoleonchu, el sanchista que dirige Exteriores.

Ya hemos hablado unas cuantas veces del acoso de este gobierno a las instituciones: la Corona, el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas, desprecio del Senado… El Elcano ha demostrado ser un instituto ejemplar que desde su fundación en 2001 ha ido escalando posiciones en el mundo entero como centro de estudio de las relaciones internacionales. Y eso se debe a su concepción en ese año como un centro independiente. No una institución gubernamental. El centro fue ideado por Eduardo Serra, su primer presidente, y Emilio Lamo de Espinosa, su primer director y más tarde también presidente. Esa independencia se basaba en la financiación privada, que sigue suponiendo un 80 por ciento del presupuesto –aproximadamente– combinada con la presencia de varios ministerios en su patronato cuyo presidente de honor es el Rey.

En este momento el Elcano carece de presidente. El último ha sido José Juan Ruiz, un prestigioso economista del entorno de Carlos Solchaga que hizo después carrera en el sector privado. Él fue nombrado presidente del Instituto siendo ministra de Exteriores Arancha González Laya. Y desde la llegada de Napoleonchu a Santa Cruz ha contado con su abierta hostilidad. Esencialmente porque no aceptan que el Elcano sea independiente. Ansía que sea la voz del gobierno.

Esa hostilidad se ha traducido también en no resolver la situación de la sede del Elcano, el palacete de Príncipe de Vergara 51, casi al lado de la principal sede de Exteriores a quien pertenece el edificio. La situación ha llegado a ser tan desconcertante que durante el último patronato celebrado el pasado 18 de junio –deben ser dos al año– y al que no asistió ninguno de los ministros que forman parte del mismo –Exteriores, Defensa, Cultura y Economía– uno de los patronos dijo al subsecretario de Exteriores, Xavier Martí, que había que terminar la reunión rápido no fuera a ser que llegase la Policía a detenerles por estar allí de okupas. Martí se limitó a decir que lo de la sede se arreglaría cuando hubiese un nuevo presidente. No hay forma más clara de demostrar una hostilidad personal.

Lo cierto es que en junio enseñaron la puerta a José Juan Ruiz y dijeron que en septiembre se celebraría un patronato extraordinario para nombrar nuevo presidente. Por fin se ha convocado para el 2 de octubre. Veremos qué propuesta lleva el gobierno. Porque a estas alturas de la legislatura parece imposible que ninguna personalidad de un mínimo prestigio quiera aceptar un cargo que normalmente surge del consenso entre el partido del gobierno y el principal de la oposición. Que puedan pactar algo así hoy, parece imposible.

Si el nuevo presidente no es consensuado, la posibilidad de que sobreviva un solo día a un hipotético cambio de gobierno es inverosímil. E irá en perjuicio del prestigio internacional de esa casa. Y como Napoleonchu parece empeñado en nombrar a una mujer al frente del Elcano el número de potenciales candidatos se reduce un 50 por ciento. Es decir, están dispuestos a arrasar con todo. No paramos de mejorar.