Ricardo Arana-El Debate
- El retroceso del alumnado euskaldun que estudia y se examina en su lengua muestra que la política educativa en absoluto sirve para el progreso del euskara
La última evaluación, publicada precipitadamente por el Gobierno vasco para intentar contrarrestar los datos del Informe PISA, daba cuenta de los rendimientos del alumnado por lengua familiar distinguiendo entre quien tiene como tal la lengua vasca u «otra». Desconocedora de que en Euskadi existen dos lenguas oficiales, a la consejería de Educación parecía importarle poco que esa «otra» fuera castellano, dariya o urdu. Es posible que también por ignorancia haya señalado a la OCDE que la enseñanza vasca es toda ella monolingüe, con una sola lengua en la escuela, el euskara. Y que no sepa que existe aún una cuarta parte del alumnado de quince años que estudia en castellano o de manera bilingüe, aunque, efectivamente, si seguimos así, a esas enseñanzas en su lengua materna les queda muy poco recorrido.
Y ello a pesar de sus buenos resultados, salvo en el aprendizaje de la lengua vasca, hay que admitirlo. Pero ha mostrado mayor resistencia en otras competencias, incluso en la comparación con alumnado que estudia únicamente en euskara y cuenta con un nivel socioeconómico similar o incluso superior. Y es que si se hace caso de PISA, resulta que el alumnado que tiene «la otra» como primera lengua estudia en ella y se examina en ella es el que menos retrocede. Poco que ver con lo que muestra aquel que, siendo castellanohablante pero estudiando en euskara, si se examina en esta última acredita un logro tan escaso que, en competencia lectora por ejemplo, queda por debajo del nivel de sus compañeros ceutíes. Es decir, los penúltimos de toda España, lo que no se compadece en absoluto del nivel de recursos de los que disponemos.
El pasado año se persuadió a muchos estudiantes ‘otrohablantes’ para que se examinasen en euskara en la prueba PISA. Y la autoridad académica lo permitió, pese a saber (no hay uno, sino dos informes propios, por no contar los internacionales, que alertan de lo que pasa cuando eso se produce) que el resultado sería catastrófico. Pero el radicalismo ciego dirige desde hace tiempo la educación vasca con terribles resultados. Y como subproducto de este Gobierno aparece igualmente el retroceso, decepcionante y alarmante, que muestra el alumnado vascohablante que estudia en su lengua y se examina en su lengua. Y es que algunos, que criticamos duramente la política lingüística que tanto y tan negativamente condiciona nuestra política educativa, ya avisábamos: no sirve más que para crear castas, pero en absoluto para el progreso de la lengua vasca.
A quienes realizamos esta crítica dura a la política educativa condicionada por la clave identitaria se nos acusa a menudo de no ser propositivos y no proporcionar alternativas. Para probar la injusticia de tal calificación aporto tres medidas a tomar para superar esta situación. La primera, dejar de considerar a «la otra» como ajena, o incluso enemiga. Sabemos por múltiples investigaciones internacionales que la utilización en el ámbito educativo de la lengua más próxima al entorno del estudiante no solo no tiene por qué suponer un obstáculo para el aprendizaje y utilización de otra lengua ni para la adquisición del resto de objetivos curriculares, sino que incluso puede constituir un oportunidad para alcanzarlos con mayor facilidad.
En segundo lugar, planteo abrir las bases de datos de las evaluaciones que realiza el Departamento de Educación para permitir la investigación independiente, como lo hace la OCDE. Ni más ni menos. Ello ayudaría a obtener detalles hoy negados que dificultan el examen más profundo, por ejemplo, los rendimientos por zona sociolingüística. Y por último, reclamo propiciar un debate abierto que aborde la educación bilingüe en este nuevo ecosistema en el que las pantallas roban la atención de nuestros alumnos, que no sea cómplice de los errores del pasado y abra una nueva etapa.
La educación no lo tiene fácil hoy en Euskadi, con un medio ambiente metodológico caótico, si pasa del trampolín de la lengua materna para arrojarse a un pozo vacío. Librarse del abrazo del oso de los ‘hooligans’ del euskara que, como los del deporte, han dejado muchas veces clara cuál es su auténtica pasión, resulta ineludible para poder progresar. Y es que la enseñanza, toda ella, no solo un aspecto de la misma, necesita de manera imprescindible, lo repito con más fuerza si cabe, de más análisis y menos fervor. Justo lo contrario de lo que practica nuestro opaco y ofuscado Ejecutivo.